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Si mejoras cada día algo que estás realizando… ¿esperas que finalmente quede perfecto? ¿Es muy importante obtener un resultado impecable? ¿Si puedes desarrollar algo a la perfección te sientes una persona más valiosa? ¿Crees que si algo no queda perfecto no vale la pena iniciarlo? Si terminas en segundo lugar ¿te recriminas constantemente por no haberlo hecho mejor? 

Si respondiste afirmativamente al menos a tres de estas preguntas entonces… ¡Bienvenido al club de los perfeccionistas! Probablemente formes parte de las filas de esas personas que desean que todo quede perfecto, exacto, inequívoco e impecable. 

El perfeccionismo es una conducta que muchos pueden ver como positiva, pero que en realidad puede provocar serios daños colaterales. En 1980, en un artículo publicado en la revista Psychology Today, David D. Burns, profesor de siquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania, definió a los perfeccionistas como aquellas personas cuyos estándares están fuera del alcance o de la razón, que se enfocan compulsiva e incansablemente hacia metas imposibles, y que miden su propio valor enteramente en términos de productividad y cumplimiento de objetivos. 

Según el especialista, el perfeccionismo es una actitud muy extendida en la sociedad, que responde a un fenómeno cultural que es reforzado por diversos factores, como los medios y las creencias religiosas.

¿Qué es el perfeccionismo?
Para la sicóloga clínica, Claudia Tórrez, el perfeccionismo no es cosa de un día. Usualmente se inicia en la infancia impulsado por cierto tipo de educación demasiado exigente que demanda mucho de nosotros mismos. Una vez echadas sus raíces, esta conducta nos acompaña por un buen tramo de camino en nuestras vidas.

Pero, ¿qué es exactamente el perfeccionismo? Un patrón mental que las personas utilizan para enfrentar las más disímiles tareas a lo largo de la vida, es una actitud que subyace al comportamiento y una forma de pensar que determina las decisiones. “Una amiga pedagoga cree que los sicólogos somos más propensos a buscar la perfección en todas las tareas que emprendemos”, manifiesta.

Sencillamente, agrega Tórrez, buscar la perfección disminuye la eficacia personal en tanto el individuo se centra obsesivamente en mejorar  cada vez más ciertos detalles de su obra o proyecto, demandando una cantidad de tiempo y esfuerzo que no son proporcionales al resultado. 

El perfeccionismo acarrea su cuota de obsesividad por lo que en muchas ocasiones los cambios que se realizan en aras de mejorar realmente no son sustanciales. Es un llover sobre mojado que no aporta nada cualitativamente superior. El perfeccionismo también posee su dosis de inseguridad y de miedo. En muchas ocasiones la persona se oculta detrás de la fachada de la perfección minuciosa para esconder que tiene temor a entregar el proyecto para que otros lo valoren y critiquen. La persona cree que mientras más tiempo esté en sus manos y bajo sus ojos, tendrá una mejor calidad.

Acota que es tiempo de pensar que cuatro ojos ven más que dos y dos mentes piensan más que una, por lo que la mejor opción si verdaderamente se quiere un proyecto perfecto  es ponerlo bajo la mirada de otros.

¿Positivo o negativo?
En criterio de la sicóloga Lourdes Heredia, ser perfeccionista tiene aspectos positivos y negativos. Es bueno porque significa ser una persona altamente motivada al éxito y que persevera ante el desaliento y los obstáculos. Siendo la motivación un motor de la actuación, el perfeccionista transforma el deseo en realidad. Es decir, realiza su deseo cueste lo que cueste. La exigencia obliga a sobre esforzarse para mantener una atención concentrada y persistente. 

“Los grandes logros están realizados por personas que muestran signos de perfeccionismo: artistas, deportistas de élite, grandes músicos, científicos, entre otros muchos. El perfeccionista sano encuentra satisfacción y placer al realizar sus actividades y concluye su actividad en el plazo establecido”, explica. 

Agrega que es malo cuando el perfeccionismo se convierte en insano. Esto se da cuando los perfeccionistas rechazan la realidad y la sustituyen por un mundo de fantasía: un mundo en el que no existe el fracaso ni las emociones negativas y en el que sus expectativas de éxito, por irreales que sean, siempre se pueden satisfacer.

“Este rechazo al fracaso les genera agudos niveles de ansiedad, porque la posibilidad de que puedan fracasar siempre está ahí. No toleran que no sean capaces de conseguir la meta que se ha propuesto, por lo tanto rehacen varias veces la actividad que están realizando, buscando la perfección, demora en su actividad, le genera ansiedad porque pierde tiempo, no disfruta de lo que hace, y consume mucha energía buscando la perfección y no puede cumplir sus actividades en el plazo propuesto. Como no lo consigue se reprocha a sí mismo”, remarca. 

Heredia considera que en el ámbito laboral puede generar una adicción al trabajo, por lo que se llega a sacrificar a su familia y a las relaciones sociales. Una persona así es insegura y temerosa de cometer errores, le cuesta entender que el ser humano tiene limitaciones. Es muy exigente consigo misma y con su entorno, por lo tanto, difícilmente va a poder delegar trabajo a los otros. Demora en concluir su labor, porque sigue fijando la atención en detalles insignificantes.

Para la sicopedagoga Nadia Rocabado cuando el perfeccionismo es encausado de una forma positiva y ayuda alcanzar grandes metas, es bueno. Prueba de ello son los grandes artistas que se han dado a conocer en los diferentes tiempo de la humanidad. 
Por el contrario, es malo, e incluso dañino, cuando se lo utiliza para autodespreciar nuestros triunfos e incluso postergarnos, porque se pierde energía en detalles irrelevantes. 

“Es bueno en la medida en que nos sirve como motivación y nos ayuda alcanzar con éxito los objetivos trazados. Es malo cuando la persona se torna inflexible en su pensamiento y su accionar e incluso llega a sentir miedo al fracaso; las personas pueden tornarse ansiosas y tener una baja autoestima. Muchas veces el perfeccionismo se torna en desorden obsesivo–compulsivo y depresivo. 

En criterio de la sicóloga Cinthia Mariscal ser perfeccionista para muchas personas puede ser considerado como una ventaja al momento de mostrar una fortaleza; sin embargo, es un factor de alto riesgo llegando en algunos casos extremos al suicidio, al no soportar fallar como persona. “El asunto es que no nos podemos dar cuenta cuando estas situación se agravan y llegan a generar estados de ansiedad”, indica. 
Añade que la línea es muy delgada para saber hasta cuando podemos vivir día a día buscando la perfección de las acciones, muchas de las personas no se dan cuenta en qué momento el perfeccionismo controla y llega a formar parte de la personalidad.

¿Es genético o adquirido?
Según Rocabado, se especula que las causas puedan tener un origen genético. El perfeccionismo es parte de un rasgo de la personalidad, muchas veces esta conducta se da cuando en el hogar la figura dominante entre los padres tiende a ser perfeccionista, aspecto que es asumido por el hijo muchas veces. Ello se debe al modelo de padre que han observado en los primeros años de vida. 

Mariscal argumenta que algunos expertos afirman que el perfeccionismo es una predisposición genética; sin embargo, el ambiente ejerce influencia en este rasgo de la personalidad, aquellas como crecer en un ambiente de elogios, ya que pueden hacer que sea cada vez más exigente, ser humillado públicamente y actuar con perfeccionismo para ser aceptado, crianza muy autoritaria, algún trauma que exija a la persona buscar la perfección para llenar el vacío emocional y hasta poca tolerancia al fracaso.

Se han realizado muchos estudios sobre el perfeccionismo de las personas, los resultados indican que este puede ser el resultado de convencionalismo sociales que uno aprende en la infancia, las presiones familiares, personales y de los medios de comunicación. Los padres suelen recompensar el comportamiento perfeccionista de sus hijos, especialmente de los primogénitos, pero no solamente pueden ser los únicos afectados, hay otras razones porque los niños desarrollan estos rasgos, como ser hijos de padres perfeccionistas. En este caso el niño aprende por imitación de la conducta de sus progenitores.

Las características

Tórrez describe a quienes se sienten ofuscados por el perfeccionismo como personas que buscan tener el control de todo, exageran sus fracasos, nunca están satisfechos por los resultados obtenidos, siempre están ocupadas, valen por lo que hacen, les cuesta relajarse, son personas exigentes en su relaciones personales, son inflexibles y rígidas de pensamiento. 

Para Heredia, las personas perfeccionistas insanas  en todo momento están sufriendo por su inseguridad, por falta de confianza en sí misma y en los otros. Ese estado de ansiedad les puede llevar a complicaciones en la salud; falta de sueño, fatiga e incluso llegan a somatizar con síntomas físicos como problemas digestivos, intestinales, dolor de cabeza o problemas de piel, llegando a desembocar en un estado depresivo
“Las personas ofuscadas por la perfección suelen no sentir satisfacción completa por los resultados de sus acciones o tareas; les cuesta delegar, pierden la noción del tiempo y pueden exceder la inversión de este hasta conseguir sus objetivos; suelen castigarse al cometer un error, pueden perder relaciones de amistad y familiar y, lo más común, pierden el tiempo en aquellos detalles sin importancia”, expresa Cinthia Mariscal.

Lidiar con esta conducta
Nadia cree que para dejar de ser perfeccionista al extremo lo ideal, en primer lugar, es buscar ayuda en la terapia sicológica, pero también es bueno ser tolerante con nuestras propias imperfecciones y  con las críticas, tener clara sus metas, ser constantes, realizar cosas nuevas, así como también aceptar lo imperfecto y valorarlo.

Para controlar una conducta perfeccionista, Mariscal recomienda aprender a priorizar las necesidades, reconocer que las personas podemos cometer errores y buscar rápidamente nuevas acciones ante las adversidades, separar los resultados de las críticas, fijar tiempos a las actividades y sobre todo confiar en sí mismo, pensando que los fracasos son parte del desarrollo del ser humano.

Lourdes agrega que para dejar de ser perfeccionista la persona debe permitirse cometer errores porque estos ayudan a los individuos a crecer y a mejorar. Una mente perfeccionista solo consigue hacerle sentir inadecuado e incapaz de disfrutar de las cosas que le gustan hacer.
“Aprender a aceptar el fracaso también es importante. No es una casualidad que las personas con más éxito a lo largo de la historia hayan sido las que más han fracasado”, resalta. 

Michael Jordan, posiblemente el mejor deportista de todos los tiempos, recuerda a sus admiradores que también es humano, indica que ha fallado más de nueve mil tiros en su carrera, ha perdido casi trescientos partidos. Recuerda que en su vida ha fallado muchísimas veces pero que, gracias a ello, ha triunfado.

Cómo combatirla
Una vez que la persona está convencida de que la perfección no es necesariamente amiga del éxito solo le queda una cuestión, buscar la forma de combatirla.

En este sentido, Tórrez brinda siete recomendaciones: En primer lugar hay que darse permiso para ser humanos y actuar como tal; aceptar que cuando se inicia cualquier tarea o proyecto se cometen errores. Las equivocaciones no disminuyen nuestra valía ni son un impedimento para seguir adelante; son una fuente de aprendizaje.

Hay que aprender a dejar ir los errores. En muchas ocasiones nos torturamos con las equivocaciones que hemos cometido y estas transmiten miedo a errar otra vez y paralizan en el camino. Una vez que se aprende de los errores, lo único que debe quedar es el aprendizaje; las equivocaciones pasan a ser pasado remoto.

Tomar los ideales como metas que guían el camino no como resultados rígidos a obtenerse a toda costa. Cuando se inicia un proyecto, queda en mente un proyecto anterior  similar que sirve como guía pero no se deben esperar que los resultados sean idénticos o tengan el mismo impacto.

Las cosas no son perfectas porque cada persona o grupo social tiene una idea de la perfección diversa; así, lo que para unos puede ser una obra cumbre, para otros puede ser mediocre o incluso pasar desapercibida.

Ser gentiles con nosotros mismos y con la autocrítica. Las personas que buscan la perfección son sus más acérrimos críticos. Nunca están conformes con los resultados y se recriminan por los errores que podrían haber subsanado. Sin lugar a dudas, toda obra es perfectible pero en el aquí y ahora, con los conocimientos, capacidades y recursos se hizo lo mejor que se pudo. Eso debe bastar.

Aprendiendo a autoaceptarse tal cual es. Se es especialista en algo y desconocedor  de otras áreas. Hay ciertas destrezas mientras que en otras actividades se es  pésimo. No se puede ser medianamente perfectos en todo, a veces ni siquiera en las cosas que cuentan, pero si se pone todo el empeño, de seguro mejorarán en esas áreas oscuras. Aprender a aceptar las debilidades es el primer gran paso para crecer como
personas y valorar más los resultados.

Celebrar los logros, por muy pequeños que sean. Felicitarse por una etapa cumplida da energías para continuar el camino. No importa si queda mucho por andar, es importante recordarse cuanto se avanzó.

“Puede que no sea un camino directo para eliminar la perfección, incluso hay cientos de mejores consejos que pueden combatir el perfeccionismo, pero creo que esta es la actitud con la que debemos emprender algunas tareas en nuestra vida”, concluye Tórrez.