Opinión

EDITORIAL

Preocupante retorno al Estado obeso

Guido Alejandro Arana Hace 7/29/2018 12:03:00 AM

Por Estado se entiende la organización de la sociedad en un territorio propio y bajo el imperio de sus leyes. Quienes gobiernan quedan temporariamente a cargo del manejo estatal. Según expresiones de Álvaro García Linera, en Bolivia se pasó del “Estado neoliberal” al “Estado plurinacional autonómico y productivo”. Con tal motivo se ha tenido abundante injerencia estatal en actividades otrora ejercidas por el sector privado. Hemos retornado al Estado obeso, a un Estado con preocupante sobrepeso. Quienes defienden la obesidad estatal han olvidado que el Estado no debe estar metido en todo si hay democracia y que el comunismo fracasó rotundamente.

A fines del siglo pasado el llamado Consenso de Washington generó privatizaciones en América Latina. Se produjo un giro al otro extremo; del Estado obeso se pasó al Estado anémico, a un Estado incapaz de cumplir sus funciones esenciales. Desde principios del tercer milenio y según encuestas confiables de la época, el pueblo clamaba en Bolivia por un Estado fortalecido que sirva a la sociedad. Ahora, en 2018, vemos que desde 2006 el péndulo nuevamente giró 180 grados: se volvió al Estado obeso. Hoy el Estado quiere acaparar, con los consiguientes desastres y corruptelas sucedidos que sería largo detallar.

Ni anemia ni obesidad. En términos metafóricos, el Estado debe ser equilibrado, ni muy gordo ni muy flaco; tiene que tener la medida ideal para el tipo de país y su forma de Estado. En Bolivia se ha producido en estos últimos 12 años un alarmante sobredimensionamiento estatal y -para colmo- en tareas de discutible utilidad mientras se abandonó (o se hizo muy poco) en áreas de vital relevancia, como salud, seguridad, educación y justicia. Poco o nada de esto hay en nuestro país, pero he aquí que tenemos fábricas de papel, refugios para ganado sin que nadie los use, innumerables canchas de fútbol, aerolíneas, imprentas, editoriales, periódico estatal, comercializadoras, bancos, seguros, etcétera. En fin, una verdadera parafernalia, producto de un Estado que gasta ingentes recursos en cosas que -con debida regulación y control- bien podría ejercer el sector privado para que así el Estado se dedique a proteger a su pueblo y servirlo de verdad, no con frases altisonantes y demagogia. La seguridad es casi inexistente, los servicios de salud ídem, hay desnutrición infantil, la educación deja mucho que desear y la justicia está desquiciada. Para colmo, el Estado boliviano ni siquiera controla la totalidad del territorio nacional ante bandas delincuenciales y narcotraficantes, eso lo convierte en un estado semi fallido. Retornó el Estado obeso y, por ahora, no hay quién lo ponga a dieta…