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En esta vida Andy Herd no siempre fue un humano. En 1983 se transformó en un monstruo en Star wars: episodio VI. El retorno del Jedi y hasta cambió de nombre, se llamó Jabba. Más tarde, en Harry Potter. La piedra filosofal y en Harry Potter y la reliquias de la muerte volvió a cambiar y encarnó a un misterioso duende de Gringotts Bank. Ya en 2017 volvió a ser solo Andy. Y así es como siempre quiso llamarse. 

Un visitante de lujo
El actor británico llegó el viernes, a las 9:00. En su mano llevaba una manga larga y se lo veía muy contento. Saludó a todos en el aeropuerto y desapareció. Ayer se lanzó al centro cruceño. Caminó por la plaza, entró a la catedral y su paladar degustó un bufé de comidas típicas en El Aljibe. Después se fue a la Gamer Con. 

Herd es británico. Y gracias a sus distintos ‘yos’ ha podido recorrer el mundo. No le llamaba la atención Bolivia. “Pensé que era un lugar peligroso, que no se podía salir a la calle”, le cuenta en exclusiva a EL DEBER. Esa mentalidad cambió hasta que su joven hija le aseguró que el corazón de Sudamérica era seguro. 

Sus ojos pueden testificar aquello. Recorrió poco la ciudad, pero declaró que estaba enamorado de todo lo que vio. Y le gustaría volver para vacacionar y llegar también a La Paz.

Él y varias cosas 
Nació para ser actor. Siempre le gustaron todos los papeles que le dieron en las películas, pero si tendría que quedarse con alguno, elegiría al duende de Harry Potter. ¿Por qué? Porque pudo interactuar con Ron, Hermione y Harry.

Y ¿qué sucedería si la magia traspasara la pantalla y lo convertiría en un duende de verdad? Simple. “Pondría todo el oro en mi cuenta”, dice y ríe. Pero no quiere ni pensar qué haría si tuviera un poder sobrenatural. Cree que si de repente un ser humano lo obtendría, “habría un mundo más destruido, porque de seguro se abusaría del poder”.

En la vida real no desearía poseer ninguna clase de magia en sus manos, pero en la ficción sí le simpatiza. Siempre le gustó ser el villano de una historia porque “es divertido”. Y si tuviera que interpretar a los “buenos” de la película de Warner Bros. o de la saga de George Lucas, quizá el resultado sería algo raro: “No creo que a la gente le haya gustado un pequeño Harry o un pequeño Luke Skywalker. Sería la versión Lego de ambos”. Otra vez ríe.

En su vida se las batió solo. Cuando alguien lo observaba de pies a cabeza y le hacía bullying, él simplemente no le daba importancia y se iba de aquel lugar. Esa es la mejor manera de combatir ese acoso. En su momento también lo sufrió su hija, hasta que decidió cambiar de colegio.
En el ámbito laboral jamás se mofaron de él y fuera de las cámaras supo salir de eso. Fue inteligente. “Me rodeé de amigos que se encargaban de defenderme. Nunca me afectó”, asegura. 

No le gusta la política. Ni siquiera piensa en ella. Su pasión es la actuación. Y admira a Sean Connery y a George Clooney. Hoy espera a sus fans en la Gamer Con, que celebrará su último día hoy, de 12:00 a 21:00, en el edificio del Cecyd (tercer anillo externo, entre Beni y Cristo Redentor). 

Una convención a todo dar 

Es la segunda edición de la Gamer Con. La organiza Álvaro Salazar, de Adicción Libre. Dice que, quizá, no la haga nunca más por falta de auspiciadores, ya que no recibe mucho apoyo de instituciones privadas y ni la Alcaldía ni la Gobernación ni el Gobierno central se han pronunciado. 

La convención está diversificada. Hay desde las sillas especiales para jugar, muñecos, tazas, poleras, llaveros, billeteras hasta revistas de animé. Y los torneos están a la orden del día.

Como novedad, el Espacio Gamer 1UP, del fanático de los videojuegos Carlos Barrancos, ofrece una atractiva exhibición de consolas clásicas y modernas cerca del ingreso al lugar. Hay desde el Nintendo 64, Super Nintendo, Nintendo Nes, hasta el PlayStation 1, 2, 3 y 4. También se puede disfrutar de los últimos juegos, como Tekken 7, Call of Duty y PES 2018, a Bs 10 (20 minutos). Y hay obsequios para los participantes.
También está Sebastián Sewrjugin, de Horror Show. La cita es para toda la familia.