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Una kilométrica bandera azul, según el Gobierno del MAS, apoyaría la demanda boliviana ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Instituciones estatales y grupos del partido oficialista fueron obligados a entregar trozos de esa gigantesca bandera. El Ministerio de Comunicación armó una millonaria propaganda nacionalista y unitarista como sustento de dicha bandera. 

Los grupos sociales agrupados en el Conalcam anunciaron sus contribuciones a dicho empeño gubernamental. El objetivo que une estas acciones es la fijación de la necesidad de la continuidad de Evo Morales en la presidencia, es decir, la necesidad de otra repostulación, tan cuestionada estas semanas dentro y fuera del país.

A los pocos días de su anuncio, se oyeron diversos cuestionamientos. Unos acusaron al Gobierno de montar un show publicitario. Otros denunciaron un truco político partidario detrás de la bandera azul, el mismo color del MAS como organización partidaria. ¿Por qué fabricar una bandera azul y no una bandera tricolor, símbolo de todos los bolivianos y bolivianas? Algunos desvelaron una treta del MAS para revertir el bajón de confianza y popularidad de su Gobierno: del tradicional 60% de apoyo la debacle cayó a alrededor del 20%, según una encuesta privada. Solo dos de cada diez bolivianos confían y apoyan al Gobierno del MAS. Ocho de las diez ciudades más pobladas le dieron la espalda en los recientes eventos electorales. Esta reducción, según algunos expertos, empeoró después del masivo paro cívico nacional del 21 de febrero.

La construcción de la bandera azul solo tiene actores masistas, estatales, políticos o sindicales. Otros sectores expresaron sus recelos de aparecer arrimados a la campaña oficialista y partidista. El Gobierno, al parecer, siente celos y recelos de compartir con otros actores sociales y políticos la elaboración de la bandera.

El anuncio inaugural solo mostró al Gobierno y a Conalcam. ¿Acaso no habían dicho que el mar era política de Estado? ¿Celos, complejo, envidia, afán electoral o incomprensión de la naturaleza y alcance del tema marítimo? Al parecer, la mezquindad partidaria no permitió la presencia de expresidentes, excancilleres y dirigentes políticos opositores en la presentación de la iniciativa. Esa fotografía plural hubiese mostrado una verdadera unidad. Doce años después, prosiguen los celos del Gobierno con cualquier liderazgo emergente, peor si es opositor. El anuncio del viaje masivo y plural de una delegación a La Haya pretende dar una señal tardía de cierta unidad boliviana en torno a la demanda nacional. 

Los mensajes de unidad de la propaganda oficialista son desmentidos de forma inmediata por las declaraciones de los voceros. El vicepresidente atacó a las clases medias, según él, decadentes, aunque se desdijo a los pocos días. Según el ministro de Gobierno, no hubo ningún paro cívico nacional. Por su parte, el ministro de la Presidencia constató que el paro fue un fracaso. ¡Ceguera de la soberbia del poder!
Los voceros del Gobierno repiten de forma permanente el carácter de política de Estado de la demanda marítima; sin embargo, los mismos mandatarios aplican una política de gobierno, no de Estado, incluso lo reducen a una acción partidaria, como en el caso de la bandera kilométrica. No aprendemos de los gobiernos del Perú y de Chile, cuando sus juicios propiciaban reuniones periódicas entre oficialismo y oposición.

¡El MAR nos une, pero la repostulación nos divide!