Escucha esta nota aquí

La frase del título corresponde al ciudadano Hugo Siles, que encabeza el Viceministerio de Autonomías. En su artículo Toca el turno de implementar el pacto fiscal (El Deber 22/12/17) realiza otra afirmación igual de temeraria: “al atomizar al nivel local y estrangular al nivel intermedio, encapsuló al Estado al modelo neoliberal”.

De las críticas que me ha tocado leer sobre el proceso de Participación Popular, esta adquiere una provocación de respuesta imprescindible. Y lo haré con otra propuesta política del mismo tenor: sin la Participación Popular, el presidente Morales no habría podido desde el inicio de su gobierno llevar adelante su propuesta de poder. Si analizamos todos los programas sociales y de desarrollo en el territorio, desde el Evo cumple, a Mi agua y así sucesivamente, la organización política y territorial generada por la Participación Popular le dio el soporte. Y fueron los cheques repartidos al calor político quienes rompieron un sistema de planificación participativa articulada entre los 3 niveles y que ocasionaron, precisamente, lo que el viceministro critica. Cheques firmados por una embajada hermana iniciaron la ejecución de obras de impacto discutibles y abrieron las puertas al descontrol.

Pero la temeridad del análisis resulta más complicada cuando se la realiza para sustentar el deseo de un pacto fiscal enfrentado con los operadores. El modelo autonómico se traba a la hora de la ejecución no por las discutibles 25 alternativas de financiamiento identificadas, sino porque la voluntad del nivel central es nula para lograr una autonomía financiera real con recursos sólidos. Un gobierno central que considera a los gobernadores y alcaldes como sus antagónicos, desconociéndoles su calidad de parte integral del Estado, responsables del ejercicio de competencias y aliado en la provisión de servicios públicos en favor de la población, no expresa el mejor espíritu del mandato constitucional. Uno de los problemas de fondo lo estamos viviendo con las movilizaciones del sector de salud.

El otro tema de futuro, el de la migración y las ciudades, sería imposible enfrentarlo sin los actores territoriales que sufren la presión por la necesidad de servicios. Desde 1992, cuando se realizó el primer censo de la democracia bajo el liderazgo de José Luis Lupo, hemos avanzado rotundamente en la comprensión del territorio, el poder y su administración.

El modelo de poder autonómico boliviano tiene dos vertientes que lo identifican: el que nace de la autonomía de la sociedad expresada en pueblos y nacionalidades, y el que afirma la presencia estatal a través de los municipios y gobernaciones. Si la ciudadanía se consolida en el territorio convirtiéndose en la mejor escuela cívica del Estado, mal podría ser entendida como generadora de rupturas. En noviembre de 2015 compartimos con el entonces ministro Siles el estudio de la experiencia federal en Suiza; tendría hoy que considerar las lecciones aprendidas.
Como parte de un proceso de la democracia, la Participación Popular rinde examen todos los días desde hace 24 años. El modelo de las autonomías todavía está en construcción y no nos haríamos ningún favor en olvidar uno de sus orígenes.