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"Se hará todo por que los organizadores y autores materiales de este artero y cínico asesinato reciban su merecido castigo", escribió Putin en su mensaje de condolencia a la madre del político, asesinado de cuatro balazos por la espalda a escasos metros de la Plaza Roja de Moscú.

El jefe del Kremlin destacó que Nemtsov "dejó su huella en la historia de Rusia, en la política y la vida social", un discurso muy diferente de las palabras de su portavoz, Dmitri Peskov, poco después de que se perpetrara el asesinato.

"Si comparamos con la popularidad de Putin, Borís Nemtsov era poco más que un ciudadano corriente", había dicho Peskov, tras recalcar que el opositor no representaba ninguna amenaza en el plano político para el jefe del Kremlin y que su asesinato tenía todos los visos de una provocación.

Entre ambos mensajes, la comunidad internacional condenó de manera unánime el asesinato de Nemtsov y exigió a Rusia una investigación rápida e independiente para llevar a los culpables ante la Justicia.

Nemtsov fue una de las principales voces en Rusia que denunció la intervención de soldados rusos en el este de Ucrania y, según el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, tenía previsto aportar pruebas convincentes de dicha injerencia, que Moscú niega a rajatabla.

De ahí que su asesinato fortalecerá, sin duda, las posturas de los países que demandan una política de sanciones más dura contra Rusia por su papel en la crisis ucraniana.

En el plano interno, la trágica desaparición de Nemtsov, "uno de los políticos más talentoso del período de las reformas democráticas", según el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, podría llevar a la cohesión de la fragmentada oposición liberal.

El Ayuntamiento de Moscú, que a primera hora de hoy se había negado a autorizar una marcha en memoria de Nemtsov para mañana domingo por el centro de la capital, concedió finalmente su permiso, pese a que la petición no estaba dentro de los plazos reglamentarios.

El asesinato de Nemtsov es el tercero de una destacada dirigencia liberal ruso en los últimos 16 años; en noviembre de 1998, un asesino a sueldo acabó con la vida de la diputada Galina Starovóitova, y en 2003, el diputado Serguéi Yushenkov corrió la misma suerte.