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Zoilo Salces, Juan Kudelka, Ignacio Villa Vargas, Denis Rodas y Fernando Ribera, tienen tres cosas en común: acaban de dejar la cárcel, decidieron inculparse en los casos en los que eran procesados (supuesto terrorismo y presunta extorsión) y están tratando de recomponer sus vidas, ahora en libertad.

EL DEBER conversó con los tres primeros, para saber cómo están encarando su vida afuera de los penales y alejados del asedio de la prensa, que mediatizó sus vidas por varios años. Los otros dos, exfuncionarios del Ministerio de Gobierno, explicaron, a través de terceros, la situación que ahora enfrentan.

En todos los casos, las historias convergen en un mismo punto. Ellos, los condenados, agradecen a la gente que los saluda por las calles y les demuestra su apoyo y su solidaridad.

En el seno de su hogar
Kudelka, el administrador de empresas que aceptó ser culpable del delito de complicidad en alzamiento armado, cumplirá 47 años este 7 de junio. Su esposa Catherine Rabczuk Bru, la mujer que asegura haber encontrado el amor junto al exhombre fuerte de IOL y por el que se animó a internarse en las entrañas de la cárcel, se convirtió en la hada madrina que batalló a su lado para volverlo a ver en las calles.

Kudelka ahora vive a un ritmo acelerado, como tratando de comerse el mundo y buscando dejar atrás los cuatro años y 10 meses de encierro. Su esposa lo acompaña en esta nueva travesía y afirma que es una de las cosas más hermosas que vive. “Somos felices”, asegura Rabczuk, mientras toma la mano de su esposo, ante la curiosa mirada de dos de sus tres gatas, las mascotas que también aprenden a vivir con Juan.
A más de 500 kilómetros de distancia, una historia distinta es la que vive el retirado teniente coronel de Ejército, Zoilo Salces, que dejó la cárcel luego de aceptar culpa por el delito de complicidad en alzamiento armado.

“Estoy aprendiendo a vivir nuevamente. Todavía me cuesta subirme a una mototaxi o salir a caminar por las calles de Trinidad”, asegura Salces, que del penal de Mocoví tuvo que viajar hasta Cochabamba para darle el último adiós a su hija, una joven de 20 años, que no pudo volver a ver a su padre libre.

Esta experiencia quebró la templaza que durante el juicio mostró el militar. Salces dijo que esa fue una situación muy dura, pero que ahora busca recuperar los días perdidos al lado de sus tres hijos y su esposa, la mujer que vendió empanadas en la calle para sustentar su hogar y que recibió malos tratos por ser la pareja de un acusado en el caso de presunto terrorismo.

Desde Cotoca
Villa Vargas, a diferencia de Salces y Kudelka que gozan de libertad condicional, está lejos de Palmasola pero con detención domiciliaria sin escolta policial en su casa. Un inmueble color mostaza, ubicado en Cotoca, donde hace al menos seis años se filmó una escena en la que se hablaba de matar al presidente Evo Morales.

Allí el hombre conocido como ‘El Viejo’, disfruta de sus tres hijos y sus cuatro nietos. “Me encanta que estos ‘pelau’ me ‘ñañaqueen’, soy feliz así”, comenta Villa Vargas, que cuando el caso por el que fue sentenciado comenzó a subir de tono, hizo que su mujer y su única hija mujer, se vayan a España, país del que aún no han retornado.

Si a Kudelka y a Salces la gente los abraza en la calle y hasta no les cobra algunos servicios como una carrera en taxi o un plato de comida, a ‘El Viejo’ un grupo de jóvenes unionistas lo visita por las noches y se organiza para hacer rondas por su casa.

Las ex autoridades
Los exfuncionarios gubernamentales Fernando Ribera y Denis Rodas, aceptaron ser culpables de los delitos de uso indebido de influencias, beneficios en razón del cargo, organización criminal y concusión, dentro del proceso que fue denunciado por el prófugo de la justicia, Jacob Ostreicher, investigado por legitimación de ganancias del narcotráfico.

Ambos han dejado la cárcel en abril y tratan de hacer uso de su derecho al ejercicio libre de su profesión de abogados. Evitan volver a la mediatización de sus imágenes, aunque agradecen a los medios el constante seguimiento de sus procesos.

Tienen que quedarse en Santa Cruz al menos hasta noviembre, para luego decidir en qué departamento comenzarán a vivir su libertad