Escucha esta nota aquí

Fue lamentable ver las condiciones de la cancha del estadio Gilberto Parada de Montero, que en un 40%, parecía para fútbol de playa, llena de arena. La comisión técnica del a Liga dio el visto bueno, cuando la cancha está en mantenimiento y en pésimas condiciones para jugar fútbol profesional.

Es más, una de las personas que está trabajando en las mejoras de la cancha aseguró que es un perjuicio haber utilizado el campo en estas condiciones. Gente de la Liga se animó a decir que la arena que se veía era solo una capa que cubría el césped, “pero no es que esté mal”. Incomprensible.

Lo llamativo fue que el árbitro, la máxima autoridad en un partido, haya permitido que se juegue, ya que casi la mitad de las líneas del área grande del arco este no se distinguían bien, es más, con el correr de los partidos se fue borrando. Algo que pudo traerle muchos problemas al juez a la hora de señalar una falta.

Guabirá insistió en jugar en su cancha, a pesar de que sabía cómo estaba, sin tomar en cuenta a los futbolistas que corrieron el riesgo de lesionarse, pues el ritmo del juego cambiaba, ya que en el césped el balón iba rápido y en la arena se frenaba. Varios fueron motivos de burla porque no le pegaban bien a la pelota, pero no era culpa suya, el terreno no ayudaba. Es más en un momento, Clausen ingresó a la cancha para tapar un hueco que se formó tras una jugada por el sector de la casamata de Oriente.

Al final, el más perjudicado fue Guabirá, ya que la dirigencia roja insistió en jugar en esas condiciones, pero dejó de lado lo que podía hacer su equipo en un mejor campo de juego, ya que al DT Víctor Hugo Antelo le gusta el fútbol de buen pie y ofensivo. Este domingo eso era imposible por el terreno desastroso.