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Subcontratistas sin trabajar, empleados en cuarentena y un sin fin de restricciones locales, además de escasas reservas de mascarillas las empresas occidentales en China experimentan una “pesadilla logística” para reanudar su actividad mientras el país es azotado por el coronavirus, y las automotrices, cuyas cadenas de producción son un ballet entre proveedores y ritmo de ensamblaje, empiezan a figurar entre las fábricas más perjudicadas.

Con la epidemia aún en curso, pese a la reciente caída en nuevos contagios registrados, la economía china sigue estando en parte paralizada por las medidas drásticas adoptadas para contener la epidemia de neumonía viral.

En este punto del brote todavía no hay cifras finales de pérdidas o de desaceleración económica, sin embargo, se estima que una caída de 0,3 puntos de crecimiento este año de la segunda economía mundial tendría un impacto casi idéntico (-0,2%) en el crecimiento global, según Deutsche Bank.

Fuera de la provincia de Hubei, en el centro del país y que es foco de la epidemia, numerosas ciudades imponen normas de confinamiento que obligan a sus residentes a permanecer en sus hogares y limitan severamente la circulación de personas.

Ballet interrumpido

Cuando la producción puede reanudarse, todavía aparecen nuevos desafíos. En primer lugar, porque un gran número de fábricas de subcontratistas chinos, que suministran a los grupos extranjeros una variedad de componentes, no han reiniciado.

Los efectos del frenazo industrial empiezan a recorrer el planeta. Por lo que se refiere a la industria automotriz, Fiat Chrysler anunció el cese provisional de su fábrica de Kragujevac en Serbia “debido a la falta de disponibilidad de algunos componentes procedentes de China”.

El japonés Toyota y el alemán Volkswagen decidieron retrasar la reanudación de la producción en sus plantas de montaje.

Volkswagen pospuso hasta el 24 de febrero la reapertura -y con cuentagotas- de sus fábricas conjuntas con el chino SAIC, argumentando los “desafíos en términos de cadenas de suministro” y los “medios de viaje limitados de los empleados”.

En el siguiente eslabón de la cadena, las restricciones de circulación y las medidas de confinamiento adoptadas por las provincias chinas complican la “pesadilla logística” para garantizar los suministros y las entregas a los clientes.

“¡Si le faltan los frenos, no puede vender un coche! La sincronización de los suministros sigue estancada”, sentencia Joerg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China.