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El fútbol recibió otra bofetada. El coronavirus se cobró la vida del director técnico Ángel Justiniano este viernes, después de luchar contra esta enfermedad por más de una semana. Figuras importantes del fútbol boliviano le dieron el último adiós, a la distancia, ya que la pandemia impide que lo acompañen hasta su última morada, el cementerio General de Santa Cruz.

Justiniano evitó salir de su casa desde que llegó el primer caso de Covid-19 al país, pero alguien tenía que hacerlo para abastecer de alimentos su hogar. Su hijo, que lleva el mismo nombre, fue el designado para esa tarea y el primero en contagiarse. Tomó sus recaudos, pero de todos modos el virus se introdujo en su hogar.

“Me aislé, cumplí con todas las recomendaciones, pero igual mi papá se contagió”, lamentó a DIEZ su único heredero. Añadió, que el 18 de julio su progenitor empezó a sentir los síntomas del coronavirus con mayor intensidad, pues en primera instancia solo era una tos leve, pero la bronquitis asmática que padecía aceleró la manifestación del virus.

Justiniano Hurtado indicó que con la ayuda de Freddy Villegas (médico) y Roly Aguilera (secretario General de la Gobernación) lograron conseguir un espacio para que internen a Ángel en el hospital del Remanso, pero luego lo trasladaron al de la Pampa de la Isla para que pueda estar en una terapia intermedia. “Necesitaba terapia intensiva, pero lastimosamente en Santa Cruz todo está colapsado”, remarcó.

Después de algunos días, logró encontrar donantes de plasma hiperinmune, pero el tiempo no le alcanzó. Los pasos a seguir para la extracción y transfusión eran demasiado largos y en medio del camino, la vida de Ángel Justiniano, más conocido como ‘Papi’, se apagó.

Su trayectoria

Ángel Justiniano Romero inició su carrera como futbolista, a sus 15 años, en Blooming (entre 1968 y 1969). Estuvo nueve años defendiendo los colores de la academia y luego pasó a La Bélgica, Destroyers y Real Santa Cruz. En este último se retiró. También tuvo convocatorias a las selecciones cruceñas y bolivianas de las diferentes categorías.

Se capacitó en Paraguay y Argentina como director técnico y empezó a trabajar en la Academia Tahuichi. Le dedicó 21 años de servicio a grupos de diferentes edades, empezando por los Chichuriros. Dirigió al equipo principal en 1998 en el Mundialito Paz y Unidad, que organiza la misma Academia.

Después se fue a Estados Unidos para trabajar en la escuela de Marco Antonio Etcheverry. Retornó y cumplió el objetivo de llevar hasta la Primera B a Virginia USA. En esta última etapa de su carrera, estaba dirigiendo la sub-13, sub-15 y sub-17 de Blooming. Asimismo, era el responsable de los chicos que se entrenaban en la escuela que tiene la academia cruceña.

Sus restos fueron cremados y sus cenizas serán trasladadas hasta el cementerio General el lunes. Su esposa, Laura Hurtado, no solo queda golpeada con su deceso, sino también luchando contra la misma enfermedad, ya que en el último examen dio positivo por coronavirus.