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La semana pasada, los medios paceños recordaban a Mario Mercado Vaca Guzmán, el presidente más importante en la historia de Bolívar hasta la fecha, a 26 años de su fallecimiento en un accidente aéreo.

Mario Mercado, poderoso empresario minero amante del fútbol y sobre todo del Club Bolívar, viajaba a Sucre a una reunión que sostendrían dirigentes de algunos clubes de la Liga del Fútbol Profesional. La avioneta partió de El Alto, aterrizó en Oruro para recoger al entonces presidente de San José, José Sánchez, y al levantar vuelo rumbo a la capital, se precipitó a tierra.

En el accidente murieron él y Guery Jordán, otro destacado dirigente bolivarista, pero salvaron la vida José Sánchez y Rodolfo Flores Morelli, presidente de The Strongest.

Era hijo de un ilustre cruceño, don Bailón Mercado, destacado parlamentario nacional. Don Mario, como lo llamaban respetuosamente casi la mayoría de los dirigentes, nació en Asunción del Paraguay cuando su padre cumplía la misión de embajador de Bolivia en el vecino país. Se hizo hincha celeste tras verlo jugar un partido en Lima, Perú. Después ocuparía varios cargos en la directiva, hasta que en 1972 lo eligieron presidente.

Fue un excelente dirigente, siempre preocupado por el progreso del fútbol boliviano. Defendía a muerte a Bolívar, pero también pensaba en el fútbol en general. Y junto a otros grandes dirigentes de otros departamentos, como Rafael Mendoza en La Paz, Tito Paz y Miguel Antelo en Santa Cruz, Alberto Alem y Alfredo Salazar en Cochabamba, impulsó cambios importantes. Fue uno de ideólogos de la Liga del Fútbol Profesional Boliviano.

“Tuve la suerte de conocerlo”, dice Carlos Valverde, que en ese entonces era un joven dirigente de Oriente Petrolero. “Para mí, el más lúcido de todos los dirigentes de ese tiempo, lo que es más mérito porque había grandes dirigentes”, agrega.

Mario Mercado, que además fue parlamentario por Potosí y alcalde de la ciudad de La Paz, contaba con la ventaja de ser un hombre adinerado y podía contratar al jugador o entrenador que quisiera. Pero también tenía buen ojo a la hora de elegir.

Era un visionario. Es famosa la versión aquella de que estuvo a punto de traer a Diego Armando Maradona a Bolívar para que juegue la Copa Libertadores, en 1994, cuando el entrenador era el Pato Pastoriza. Estaba dispuesto a pagarle 1 millón de dólares, dicen. El astro finalmente no vino, fue al Mundial de Estados Unidos, dio positivo en un control antidoping y se acabó la historia.

“Tenía marcada la idea de hacer de su club una institución futbolística antes que nada; su idea era hacer un equipo de fútbol exitoso, eso le iba a dar todo lo demás, por eso se esmeró tanto para traer buenos técnicos y, como él decía, “el Club Bolívar” (así se refería a su club) paga más que ninguno porque los que son buenos reciben su jubilación y su muerte futbolística”, cuenta Valverde.

No trajo a Maradona, pero contrató a otros grandes jugadores, no de la talla del argentino; sin embargo, de mucha calidad, muchos de ellos con pasado en la selección de su país.

Llegaron el mundialmente conocido arquero camerunés Thomas Nkono; los zagueros argentinos Ricardo Troncone, José Solórzano, Luis Galván, Luis Gregorio Gallo, el mediocampista Carlos Ángel López, y los delanteros Juan José Urruti, Walter Perazzo, y Juan César Silva; el arquero uruguayo Javier Zeoli y el atacante Diego Aguirre; el golero paraguayo Jorge Battaglia y el atacante Carlos Espínola; el arquero peruano Eugenio Acasuzo, el defensor Jorge Olaechea, y el delantero Jorge Hirano. Todos de selección.

También hubo otros como Eduardo Quiroga, Horacio Baldessari, Pedro Guiberguis, Abdeneve, Daniel Hernández, Fernando Bastida, aunque ninguno jugador de selección.

Trajo europeos cuando a nadie se le ocurría algo así. Contrató a los yugoslavos Stefan Matic y Vlado Svigir, delantero y arquero.

No se le escapaba jugador nacional que destaca en el medio o el exterior. Lo descubrió a Carlos Aragonés en Argentina, y los llevó a Ovidio Messa, Tamayá Jiménez, Jesús Reynaldo, Chichi Romero, Miguel Aguilar, Marco Antonio Etcheverry, Erwin Platiní Sánchez, Limberg Gutiérrez, Julio César Baldivieso, Ramiro Castillo, Carlos Borja y Vladimir Soria, por citar a destacados.

“Era un visionario que tenía un gran conocimiento del fútbol, con una sorprendente capacidad para elegir y contratar jugadores, y sobre todo era un gran líder”, recuerda Carlos Aragonés, a quien Mercado trajo de Juventud Antoniana de Salta en 1976.

Contrató a entrenadores de distintas nacionalidades, casi todos de trayectoria. De esa manera pasaron por Bolívar los alemanes Rudolf Gutendorf (especie de asesor, 1974) y Edward Virba (1979); el yugoslavo Elías Pasic (1978), el checo Jan Skripko (1980), los argentinos Miguel Ignomiriello (1977), Donato Hernández (1983), Jorge Habbeger (1986- 90,1996), José Pastoriza (1994) y Reinaldo Merlo (1995). El chileno Andrés Prieto (1984), el peruano Moisés Barack (1985, 1991), el argentino uruguayo Juan Hohberg (1985), y el ucraniano Vitaly Shevchenko (1992).

Con él, Bolívar fue campeón en 1976, 1978, 1982, 1983, 1985, 1987, 1988, 1991, 1992, 1994. Diez títulos, el primero en el nacional Simón Bolívar y el resto en la Liga del Fútbol Profesional.

Hoy, los hinchas de Bolívar lo extrañan. Era un dirigente con visión y buen gusto. Por eso armó grandes equipos y logró tantos títulos.

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