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Víctor Alonso Ábrego Aguilera encarna, sin lugar a dudas, la aparición más fulgurante y prometedora del fútbol boliviano en el último tiempo. Y, por si fuera poco, tras haberse convertido en uno de los máximos goleadores del Preolímpico sub-23 disputado en Colombia en febrero de este año, ha captado la atención más allá de las fronteras nacionales. Hace poco, World Soccer, una importante publicación británica, lo eligió entre los 500 jugadores más ‘influyentes’ del planeta donde los practicantes activos del más popular de los deportes, entre profesionales y amateurs, suman más de dos millones y medio. “Grandioso delantero y gran sorpresa”, justificó la publicación para incluir al boliviano en su cotizado ranking.

Víctor nació hace 23 años, un 11 de febrero en Santa Cruz de la Sierra. Pero es ‘mezcla’ de cruceño y chiquitano porque buena parte de su niñez y adolescencia transcurrió entre San José de Chiquitos, donde vive su familia, y Pailón, donde estudió hasta obtener su bachillerato y trabajó de mesero en una pollería. 

Con buena parte de sus modestos ingresos cubría sus pasajes, ida y vuelta, para asistir diariamente a los entrenamientos de Destroyers, el club que lo catapultó a la División Profesional, tras un par de temporadas en la Primera A de la Asociación Cruceña de Fútbol.

En filas de los ‘cuchuquis’, el espigado, liviano y veloz atacante comenzó en serio su andadura por el fútbol. Entre sus directores técnicos de esos años, Federico ‘Picudo’ Justiniano fue el primero en descubrir y valorar sus condiciones hasta antes de la llegada del brasileño Ubirajara Veiga da Silva, que condujo al equipo de la Máquina Vieja al récord de 46 partidos invictos, una marca reconocida internacionalmente, y en el que Víctor comenzó a afirmarse como titular y convirtió nueve goles.

“Los dos me ayudaron bastante con sus enseñanzas. Marcaron mi carrera, me dieron la chance que necesitaba y por eso soy muy agradecido con ellos”, reconoce Víctor. En la temporada 2017, aunque sin mucha continuidad como titular y casi a punto de ser marginado de sus filas por ‘bajo rendimiento’, Ábrego llegó a ser parte del equipo entonces dirigido por José ‘Pepe’ Peña y que obtuvo, después de una década, el ascenso al profesionalismo largamente esperado por los destroyistas. 

En aquella noche festiva y vibrante de diciembre que enmarcó el decisivo empate 1-1 con Petrolero del Chaco en el estadio ‘Tahuichi’ Aguilera, ingresó en el segundo tiempo para acompañar la igualdad y la celebración eufórica tras el histórico gol marcado por Ángel Cuéllar.

Jugando todavía en Destroyers, el epílogo de la temporada 2019 tuvo para Víctor Ábrego sabor a hiel y miel. Una campaña llena de altibajos y marcada por sucesivos cambios en la conducción técnica comprometieron seriamente la permanencia del equipo ‘cuchuqui’ en el escenario al que le había costado tanto retornar. Sin embargo, insospechadamente, las últimas fechas de ese campeonato y que eran decisivas para eludir el descenso, catapultaron la carrera y tomó impulso la proyección futbolística de Ábrego. Fue titular y figura frente a San José de Oruro y The Strongest. Sacudió las redes una vez en cada partido, pero esos resultados no le permitieron a los de la Máquina Vieja distanciarse de la ‘zona roja’. 

Tras la dolorosa caída por 2-3 con el ‘Tigre’ en el estadio Tahuichi, esa noche Víctor se encontraba en la terminal de buses a punto de trasladarse a San José de Chiquitos cuando a su celular entró una llamada: Carlos Pino, de la Comisión Técnica de la FBF, le anunció que el venezolano César Farías lo tenía en su lista de convocados para el Preolímpico Sub-23 en Colombia donde Víctor brilló con luces propias, fue un dolor de cabeza para las defensas rivales exhibiendo sus atributos como delantero infatigable, inteligente merodeador del área e implacable definidor en cuanta chance de gol tuvo a su disposición.

Después de ese campeonato, el más importante del continente en la categoría, le ‘llovieron’ las propuestas de clubes nacionales: Oriente, Blooming, Nacional Potosí y Royal Pari querían tener al joven y sorprendente goleador, pero Bolívar se anticipó en las tratativas que se facilitaron porque el vínculo contractual con Destroyers había expirado y Ábrego alistó maletas para trasladarse al cuartel de los celestes paceños en Tembladerani en febrero de 2020. ¿Y la altura? “Sin ningún problema, me adapté rápidamente”, respondió desde la concentración cerrada que cumple Bolívar en el hotel Andino, en Mecapaca, una pequeña y apacible comunidad en las afueras de La Paz, donde los celestes, al mando del argentino Claudio Vivas, impacientes velan armas para la reñida fase de grupos de la Copa Libertadores.

Aunque el resultado fue adverso, el debut de Víctor en Bolívar fue auspicioso porque no demoró mucho en mostrar sus credenciales. No puede ser de otra manera porque dice haber aprendido a encarar cada partido como una oportunidad que no puede darse el lujo de desaprovechar. “Si las cosas me salen bien, tendré otras oportunidades, si no hago mi mayor esfuerzo, puedo perder esas chances”, razona con simpleza. Con la celeste se estrenó en Montero. Jugó el segundo tiempo del encuentro que Guabirá ganó 2-1. Luego empezó a aportar su cuota de efectividad en el 3-0 frente a Aurora en Miraflores, donde marcó dos veces y suya fue la asistencia en el último de los tres goles. 

Tras un revés de visitante ante Blooming (1-2) llegó el clásico de una espectacular remontada frente a The Strongest que ganaba por 4-1 y Bolívar lo dio vuelta al vencer por 5-4 con dos goles suyos y una precisa habilitación para que Riquelme sellara la victoria que hizo delirar a los hinchas bolivaristas que están aprendiendo a gritar los goles del cambita Ábrego. Antes de que la pandemia del coronavirus interrumpiera el campeonato, Bolívar se impuso 4-2 a Real Santa Cruz en el Tahuichi y en ese partido, un notable remate de volea de Víctor ayudó a edificar la victoria académica. Su estreno en Copa Libertadores se dio casi al mismo tiempo. En Asunción, frente a Libertad, jugó hasta el minuto 70 en el lance que los dueños de casa ganaron por 2-0, el mismo resultado que luego obtuvo Bolívar en La Paz ante el Tigre argentino con Ábrego como titular de principio a fin.

Al llegar a su nuevo club, solamente conocía ‘de vista’ a algunos de los más experimentados, como el ‘Conejo’ Arce, Luis Gutiérrez, y Marcos Riquelme, entre otros, pero todos sus nuevos compañeros le hicieron sentirse cómodo y lo ayudaron desde el primer momento, aunque lleva más tiempo su relación de amistad con Roberto Fernández con quien compartió en la selección del Preolímpico.

También mejoró su economía. Dijo haber hecho un buen contrato con Bolívar, aunque la paralización forzada de la temporada 2020 trajo aparejados los descuentos de sueldos dispuestos por el club para paliar la crisis económica. La primera ‘plata grande’ que recibió Víctor la invirtió en las mejoras de la pequeña y modesta vivienda familiar en San José, adonde cuanto antes quiere traer de retorno a su madre Jéssica, mientras que los próximos ingresos que reciba los destinará a la casa propia que quiere edificar y compartir con su pareja y el pequeño Jeremy Matheus, hijo de ambos.

Con Farías y Vivas pulió su técnica individual

Con César Farías en el Preolímpico y con el argentino Claudio Vivas en Bolívar empezó a pulir y corregir detalles de técnica individual. “He mejorado mucho, pero todavía me falta”. Además, con la balanza clavada en los 72 kilos, cree haber alcanzado su peso ideal. Ya no es ‘mañoso’ con las comidas. “Me estoy alimentando mucho mejor y la nutrición me ha fortalecido físicamente…ya no tengo temor para ir al choque con los rivales”, revela con el bienestar pintado en el rostro.

El retorno a la competencia internacional está a la vuelta de la esquina. La reanudación de la Copa Libertadores en septiembre y las eliminatorias mundialistas en octubre en su primera convocatoria a la selección absoluta, con un arranque soñado nada menos que visitando al Brasil de Neymar Junior y recibiendo después a la Argentina de Lionel Messi, son los nuevos retos, las nuevas oportunidades que Víctor aguarda. No disimula su ansiedad porque frente a rivales y figuras de talla mundial cree que es mucho más importante ganarles “donde sea” que pensar en pedirles la camiseta.