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Hasta hace poco más de dos meses, Chi Hyun Chung no existía en el mundo político boliviano. Llegó a los tropezones, acusado por los miembros de su propio partido de haber ‘comprado’ su candidatura. 

Se abrió paso con declaraciones incendiarias que le valieron dos denuncias de la población LGTBI por discriminación. Con solo un mes de campaña, con unos spots televisivos muy básicos y un discurso ultraconservador, Chi subió de un testimonial 1% a un sorprendente 5,8%. 

Es tercero en la preferencia electoral en seis departamentos y está a 2% de Óscar Ortiz en la general. Pero tal vez el dato más sorprendente de la intención de voto de Chi es que el 9,4% de los encuestados profesionales quiere votar por él. Es su mayor caudal. Sus electores son hombres citadinos de menos de 35 años.

Para José Luis Gálvez, director de CiesMori, cree que este porcentaje de voto ‘profesional’ hacia Chi muestra un hastío del votante opositor con las propuestas políticas de este segmento.

Concuerda con él José Orlando Peralta y suma otra encuesta: el Latinobarómetro 2018, que registró que en Bolivia el 13% no cree en la democracia porque no le ha resuelto sus problemas. “De ahí viene el voto de Chi, es una voz crítica con el sistema político nacional”, opinó.

Franz Flores, doctor en Ciencias Políticas, duda que Chi sea un antisistema, un outsider en toda la ley. Cree que hombre nacido en Corea es parte de los clivajes de la política de Bolivia. Para Flores son tres: regionales (camba vs colla), étnico (blanco vs indios. “Así de brutal es la cosa) y conservadores vs progresistas. En este último punto ubica a Chi. 

Observa que hay una parte del electorado boliviano que ha virado hacia posiciones muy conservadoras y que ya se lo vio durante las protestas contra el Código Penal, cuando muchos salieron a marchar a favor de la ‘familia natural’ o en contra del aborto.

En esta elección, a su parecer, no había aparecido un candidato que canalice esas ideas conservadoras. Víctor Hugo Cárdenas lo había intentado, pero había una contradicción entre el discurso conservador y el personaje. 

La gente liga a Cárdenas más con el indigenismo e ideas de izquierda. Ahí es donde Flores explica a Chi: la gente le cree a Chi su discurso, lo ve como un pastor evangélico con ideas escandalosas. “Le sucede lo mismo que a Percy Fernández, la gente lo ve como genuino y ese dato, en política es valiosísimo. Por lo general, el ciudadano ve a los políticos como poco genuinos”, explicó Flores.