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No tiene pretensiones de esconder su honra. Está sentado en medio de sus cachivachis y del que ahora es su mejor amigo: Wall-Ekitt, un pequeño robot creado por él en seis meses.

No se asusta ante la cámara fotográfica y habla con soltura. Sabe que llegará lejos, de eso está seguro. Esteban Quispe Churata, apodado el ‘genio de Patacamaya’, tiene 16 años y un futuro prometedor.

Esteban vive en Patacamaya, un poblado ubicado a dos horas de La Paz. Es humilde y no tiene reparos en abrir las puertas de su casa, pero sobre todo las de su laboratorio. Un cuarto de dos por dos donde están sus cinco inventos.

El primero, una sincronización de luces, que la hizo en 2011. Un año después inventó un auto, similar a aquel de su serie favorita de los 80: El auto fantástico. Luego vinieron los inventos de luces automáticas, que se prenden con aplausos o cuando la noche llega a cualquier lugar.

Pero el más importante es Wall-Ekitt. Un pequeño robot de lata, con varias conexiones internas que hacen que el aparato se mueva hacia adelante y hacia atrás. Pero también giran sus manos y su cabeza. Esteban comanda su invento desde su celular. Creó una aplicación que desde el teléfono opera las decisiones del robot.

“Esta pasión despertó a mis 10 años, no tuve instrucción, hice mis inventos con la supervisión de mi padre y ahora mi hermanito (Hernán) es mi ayudante”, relató Esteban en su domicilio.

Pocos en los puestos
Su pequeño laboratorio está lleno de circuitos, latas, cables, equipos eléctricos y aparatos para soldar. Casi todo lo consiguió en el basural del pueblo, donde el viernes encontró un filtro de un motor de camión. “Me puede servir para un calefactor”, ingenió.

Los padres están orgullosos de su hijo. Teresa, su madre, con lágrimas, expresó su honra por Esteban, pero la señora tiene miedo: no quiere que su hijo sufra cuando viva en La Paz, ya que el Ministerio de Educación le ofreció una beca de estudios universitarios. El genio sale bachiller este año, a sus 16.

Esteban tiene en manos a Wall-Ekitt. Casi soltó una lágrima, pero de orgullo. Le queda mucho por hacer. Su éxito recién empieza