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El ex presidente de Uruguay, José Mujica, fue aplaudido de pie varias veces. La llovizna que caía en la ciudad esta mañana, pasaba desapercibida en el tinglado de la universidad NUR, adonde llego a las 9:30 para hablarle a los estudiantes. ¿Cuál debe ser el sueño de la juventud? Le pregunto alguien del público: “Que la juventud tenga sueños y que luche por ellos”, dijo con su voz de patriarca, con esa voz que no grita pero que se hace escuchar con todos los sentidos.

Mujica habló por más de una hora y lo hizo sentado en una testera acompañado de autoridades de Gobierno. Con el micrófono en mano y perfectamente abrigado, mencionó episodios importantes de su vida, como aquellos 14 años que estuvo preso y que tras salir libre volvió a empezar por otros caminos, sin odios ni rencores, porque él sabe que guardar resentimientos impide disfrutar la vida presente.

Habló de política, de democracia, del tiempo que se va, de la libertad que se debe buscar no para ser preso de las cosas materiales, sino, para disfrutar de la vida de la forma más sabia: a través de las cosas sencillas.

José Mujica tiene los ojos pequeños pero muy vivos y habla con pausa y enfatiza en las palabras que él quiere que se noten, que se sepan, que brinquen como cabritos entre la multitud de frases que reina en su discurso. Dice, por ejemplo: “Para que una sociedad viva debe tolerar las diferencias”, o “No hay ningún triunfo a la vuelta de la esquina”.

José Mujica, después dio una conferencia de prensa en la misma universidad, donde respondió a varias preguntas y se tomó fotografías con un público que quería retenerlo para que su voz no se acabe nunca.