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Alejandro Landes cuida sus palabras para no caer en malinterpretaciones. Cuando se trata de hablar de una película que aborda un conflicto, que durante más de medio siglo dejó heridas abiertas en su país, es necesario no forzar los juicios. Pero el director colombiano sabe que una historia de este tipo no puede quedar libre de miradas cargadas de ideologías y nacionalismos. 

Landes deja que sea el espectador el que la lleve por el camino que mejor le parezca. Finalmente, deja en claro que su intención es mostrar dos caras de la condición humana: la guerra y los conflictos de la adolescencia.

Monos se llama su más reciente propuesta. Es cine incómodo y asfixiante. Sin embargo, Landes ha tenido el mérito de saber colocar la cinta en espacios de cine alternativo y comercial a la vez.

Y, en ese afán, ha conseguido buenos resultados. La película ha ganado más de 30 premios internacionales, desde que se estrenó en octubre y ha llamado la atención de públicos tan ajenos a la realidad latinoamericana, como el holandés, el polaco, o el austriaco.

El director, cuya ópera prima Cocalero, documental sobre Evo Morales, lo dio a conocer al mundo en 2007, retorna a las salas nacionales con Monos. Gracias a las gestiones de la productora y distribuidora Londra Films, el colombiano conversó con Brújula.

 _ ¿Qué te parece que Monos se proyecte actualmente en las salas de Bolivia?
La película ha sido estrenada en muchos países, desde Colombia y Estados Unidos hasta Canadá, Francia, Singapur y Austria, pero para mí la llegada a Bolivia es particularmente importante porque yo conocí Bolivia filmando Cocalero y haciendo esa película, que para mí fue una forma muy importante de aprender, de querer hacer cine y de formarme dentro del cine. Así que se trata de un país que es muy especial para mí.

_Monos ha venido cosechando premios importantes alrededor del mundo, desde que ganó el premio especial del jurado en el festival de Sundance del año pasado. ¿Qué representan todos estos logros para Alejandro Landes?Desde que estreno en Sundance hemos ganado más de 30 premios internacionales en varios países. 

Ha sido realmente muy especial. Pero, más allá de todos esos premios de cine, lo que ha sido muy emocionante es entrar a las salas comerciales. 

Monos fue la película colombiana más taquillera del año pasado en Colombia. También tuvo muy buen recibimiento en Holanda, Estados Unidos e Inglaterra. Ese tipo de cosas es un gusto aparte, que la cinta funcione no solo con la gente que la ha visto en festivales, sino también con un público más amplio.

_¿Cómo se logra crear una historia que funcione tanto en circuitos festivaleros como en salas comerciales?
Monos es una película que apela a algo muy sensorial, que tiene una lógica narrativa y una historia específica, pero también es una película que se vive en la piel, en el estómago, que mezcla géneros y que no permite ser clasificada. Yo creo que Monos es un bicho raro, es una película muy peculiar y eso creo que le da un ADN muy propio. Monos te puede gustar o no, pero, seguro, sabrás reconocer que es algo que no has visto antes.

_Monos aborda el conflicto armado colombiano desde la mirada singular de un grupo de jóvenes y, a la vez, es algo totalmente alejado de los tópicos de una guerra. ¿Cómo tenemos que verla?
Monos, muy a propósito, no tiene fecha ni lugar. Va más allá de algo histórico o ideológico, tiene que ver con nosotros como especie humana, en una historia en la que interactúa el deseo de ser amado con el deseo de establecer nuestra propia voluntad, poder e individualidad. Pero, sin duda, la guerra es algo que nos acompaña como especie y rompe cualquier concepto de frontera y barrera. 

Incluso, las mismas iconografías e idiosincrasias de una guerra tienden a romper cualquier frontera. Mucho antes de la globalización y el Internet, las ideas de guerra no respetaron ningún control migratorio. 

Entonces, sería un error reducir la película al conflicto armado colombiano, aun cuando, sin duda, es una gran fuente de inspiración y habla de algo que va mucho más allá. Yo creo que la guerra hoy en día, la que ves en Oriente Medio, es una guerra que también se pelea muchas veces desde las sombras, desde la retaguardia.

Las alianzas cambian repentinamente, no está del todo claro qué significa ganar. No hay esas líneas tan perfectas o aparentemente claras en la tierra, como nos imaginamos que fueron la primera o la Segunda Guerra Mundial. No hay esa noción un poco más romántica de la guerra, sobre quién es el bueno y quién es el malo.

_¿Por qué crees que hay gente que no se permite ver la película apartándose de su ideología?
En Colombia, la gente, inmediatamente, lee la película con el periódico del día. Con el diario de hoy. Ha sido un conflicto que llevó 60 años y que ha tenido muchos actores, el más conocido es las FARC, pero en realidad ha habido varios grupos de izquierda y grupos de derecha. 

Varios, incluso, peleando entre ellos. Así que el conflicto en la película tiene un dejo fantasmagórico, porque la historia juega mucho más que el periódico de hoy. Sería un error leer la película de esa manera. La película rompe con la noción de tiempo, tiene ciertos elementos futuristas y otros que parecen anticuados.

_¿Qué sensación te ha dejado el proceso de paz en Colombia?
Me parece que ha sido un proceso muy frágil, muy delicado, que requiere como una constante conversación. Pero, sin duda, para mi generación ha sido una gran oportunidad para renovar y cambiar el país. 

Monos, de alguna manera, es parte de esa conversación, no es una película de denuncia ni de partidos ni apellidos, es una película que forma parte de una conversación que es importante tenerla, porque, de otra manera, vamos a seguir alimentando lo que ha sido un ciclo vicioso de violencia. La película habla sobre esa transformación, sobre esa mutación de organizaciones.




Monos presenta el adiestramiento militar de un grupo de jóvenes en su más dura versión

_¿Cuáles fueron las mayores dificultades técnicas que tuviste que sortear durante el rodaje?

Prácticamente todas. Porque es una película con todos los elementos que uno se pueda imaginar. 

Actores de Hollywood, menores de edad, no actores, locaciones remotas, 4.000 metros de altura, cañones selváticos, un punto de vista coral, helicópteros, tomas acuáticas, efectos digitales. La cantidad de apuestas que puede haber en una película es lo que determina su complejidad.

_¿Cómo calificas el trabajo de los jóvenes actores?
Ellos son el corazón, la sangre, los cimientos de esta película. En realidad, ellos formaron un grupo humano muy especial. 

Semanas antes de tomar el primer fotograma, hicieron un taller muy intenso de actuación, improvisación y ejercicios físicos para crear esta especie de ejército clandestino. Así que la unión entre ellos fue una de las cosas más importantes para generar Monos.

_¿Cómo ves la imagen de Evo Morales desde aquel personaje de Cocalero, tu documental de 2007?
Yo conocí a Evo Morales muy de cerca, así que al Evo Morales de hoy no lo conozco, porque solo lo he visto a través de los diarios y la televisión. No lo tengo de cerca, como lo tuve en ese momento. 

Lo que sí está claro es que han sido muchos años desde que filmé Cocalero y su llegada al poder. Lastimosamente, existe ese deseo en los gobernantes de nuestros países, líderes de izquierda y derecha, de no querer irse después de que llegan al poder. Eso sé que existe, pero a nivel humano, no lo he vuelto a tener así de cerca.

_¿Qué recuerdos te quedan de la época en que filmaste en Bolivia?
Yo recuerdo un país que estaba en una especie de despertar. Lo que me tocó mucho de Bolivia fue que había muchas emociones, mucha belleza física a flor de piel, el contraste de todos sus escenarios, el Altiplano, la selva y los valles. 

Como que algo de la crudeza, la fuerza y la potencia de esos paisajes, sobre todo su gente, me quedó muy marcado.

La manera que conocí Bolivia fue tan especial que siento que no se puede conocer América Latina sin haber estado en Bolivia. 

Esa imagen del corazón de Sudamérica se palpita, es algo muy fuerte. Tuve una experiencia muy viva en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba; para mí, a nivel casi intuitivo, te diría que es una de las experiencias que más me han marcado. 

Vivo muy agradecido por ello. Cocalero tuvo un recorrido muy fuerte en Bolivia y en el mundo. Yo le estoy muy agradecido a la película, porque me permitió andar en este camino del cine.




Porfirio (2011), segundo filme de Landes. Basado en el operativo policial que
dejó herido a Porfirio Ramírez.

_¿Qué te ha permitido vivir este camino andado?
Me ha permitido comprobar que nuestro cine goza de buena salud. 

Yo creo que, en América Latina, con estos movimientos de péndulo tan fuertes a nivel político y social, siempre se crean grietas que dejan mucho espacio creativo para expresarse y contar historias. 

Lo que viene pasando en el cine de la región es muy importante y me enorgullece formar parte de ello. 

Lo que nos falta es que el público aprenda a ver en las películas a nuestra gente, que los colombianos vean cine boliviano, que los bolivianos vean cine colombiano, que los chilenos vean cine mexicano, que haya una mayor unión entre los públicos, que sientan esa necesidad de ver nuestras historias. Esa creación de un público nuestro es lo que falta. Pero, igual, la salud del cine latinoamericano la siento rozagante.

 Cocalero (2007), la ópera prima de Landes, un viaje junto a Evo Morales antes de su llegada al poder.