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Al hacer la crónica de estrellas de rock y operadores políticos, Pennebaker buscó, tanto en películas de no ficción como de las famosas figuras que poblaron sus películas, crear instantáneas engañosamente casuales de personas que creíamos conocer.

Ya sea en Don’t Look Back (sobre la gira de Inglaterra de Bob Dylan en 1965) o en The War Room (una mirada detrás de escena de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992), su cámara de mano hizo que los espectadores sintieran que los acompañaban mientras la historia avanzaba.

Películas de concierto como Monterey Pop y Ziggy Stardust y las arañas de Marte capturaron la pasión y la inventiva del rock, mientras que Startup.com de 2001 (que él produjo) examinó la burbuja de internet de finales del siglo XX a través de la deteriorada amistad de dos empresarios.

Así no quiero ser

Donn Alan Pennebaker nació el 15 de julio de 1925, creció en Chicago con su padre, un fotó- grafo exitoso, que se divorció de su madre cuando aun era un niño. “Él no tenía tiempo para una familia”, dijo.

Después de estudiar ingeniería en Yale, trabajó como carpintero durante una década antes de centrarse en la escritura y la pintura.

Finalmente, centró su atención en el cine, lo que condujo a su primer cortometraje, Daybreak Express de 1953, sobre una línea de metro elevada de Nueva York. Con Duke Ellington como eje, Daybreak Express, una pieza no narrativa, fue un indicador temprano de la capacidad de Pennebaker para fusionar música con imágenes, y pronto se unió con el documentalista Robert Drew y otros para formar Drew Associates, un colectivo que abogó por un nuevo tipo de cine de no ficción, sin pretensiones, carente de pulimento o entrevistas tradicionales con cabezas parlantes.

Política y documental

Pennebaker puso esa teoría en práctica en Primary, un documental de 1960 sobre las primarias demócratas en Wisconsin. Mientras trabajaba en esa pelí- cula ayudó a crear una cámara de grabación de sonido portátil y más liviana, un desarrollo crucial en la historia del cine de no ficción.

“Fue la sincronización la que realmente cambió los documentales”, explicó Pennebaker. Antes de Primary, “todo tenía que sincronizarse con los labios cuando editábamos. Teníamos que encontrar la sincronización.

Ese fue un gran problema”. Sin ese agobio, fue capaz de trabajar mucho más rápido y libremente, lo que hizo brillantemente cuando dirigió una película sobre Dylan mientras recorría Gran Bretaña en 1965. Los dos hombres tenían un acuerdo de apretón de manos pero ningún plan sobre lo que Pennebaker filmaría. “Dylan fue importante, eso fue lo primero de lo que me convencí”, recordó el cineasta.

“Quería saber más sobre él y no conocía otra forma. Hacer preguntas no era bueno; quería ver a Dylan de la manera más íntima posible ”.

La película resultante, Dont Look Back, es una de las películas de rock por excelencia de la dé- cada de 1960, junto con el joven cantante y compositor, mientras abandona su personalidad de poeta que canta folk y se prepara para abrazar las guitarras eléctricas.

El Dylan que encontramos en el documental es magnético, hosco, excepcionalmente ingenioso y, sobre todo, desprotegido de una manera que nunca volvería a ser. En cuanto a la icónica apertura de la película, en la que Dylan tiene una serie de tarjetas de impresas con algunas de las letras de Subterranean Homesick Blues mientras la canción suena en la banda sonora, se convirtió en el modelo para el video musical moderno.

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