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Desde sus dos carreras, la filología y las relaciones internacionales, Claudia Vaca Flores contagia entusiasmo y sentido crítico hacia una actividad central en nuestra época: la lectura.

Esa reflexión fue la base de su discurso de ingreso a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil. Es la primera cruceña que se ha incorporado a esta institución.

La investigación de su maestría y la de su doctorado -en curso en una universidad chilenacompara la disposición de toda una sociedad hacia la lectura.

Es un mapa que muestra cómo llegar al ansiado lector con pensamiento crítico y reflexivo. Es una manera de llegar a ese lector que interactúa e interpela al texto y que además crea textos a partir de esa experiencia.

Sí, la actual ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez pide que los estudiantes produzcan textos, pero está ausente la didáctica para forjar esos lectores críticos, sostiene la investigadora.

Esto equivale, según compara, a pedir nadadores sin que se construyan piscinas.

Planes disponibles

Argentina tiene un Plan de lectura (ver planlecturaeduca.ar); Brasil lo tiene; Chile lo tiene (ver plandelectura.gob.cl) y, además, sus objetivos están disponibles en un detallado documento gratuito.

“En Bolivia hay una Ley del Libro de 2013 que habla de ese plan. Se habla del financiamiento de bibliotecas, pero no se ha reglamentado”, comenta la investigadora.

Lo que se hizo

El año pasado se empezó a hablar de un plan de lectura en Bolivia, en el marco de la Biblioteca del Bicentenario. Claudia Vaca considera que ese plan es un elemento distractor, porque la publicación de una serie de libros apunta a resolver qué obras deben estar disponibles.

“Un plan lector es diferente. Invierte en mediación y animación de la lectura, además de pedagogías de la lectura. Implica que haya bibliotecarios, actualización de equipamiento

en bibliotecas, actualización bibliográfica anual”, recomienda la experta. En www.bbb.gob.bo se pueden descargar los libros gratuitamente -todos imprescindibles y bien editados-, pero brilla por su ausencia un plan para formar lectores.

Primeros pasos

Además de la incorporación de dispositivos para leer libros electrónicos y publicaciones que respondan a las necesidades de los niños, es necesaria la habilitación de un sistema nacional de bibliotecas escolares.

“Bolivia tampoco lo tiene. Eso encarece y merma los ingresos de los padres de familia, que tienen que comprar cada año un montón de libros de todas las materias de todas las editoriales porque no hay un sistema nacional de bibliotecas para que los chicos puedan prestarse los libros”, dice la autora.

Las instituciones que trataron de responder a estas ausencias son, en cada departamento, las cámaras departamentales del libro y, en Santa Cruz, la Red de Bibliotecas Municipales, que funciona hace 35 años.

“En el caso de Santa Cruz, las bibliotecas municipales fungen de bibliotecas escolares. Los profesores van y ayudan a que los chicos aprendan a investigar e interactúen con los libros. No es normal”, asegura.

Las bibliotecas municipales son un paliativo ante la ausencia de un sistema nacional de bibliotecas escolares. Logran conectar con los profesores y la comunidad. “Es un trabajo que se hace bien y hay que apoyar. Ya que tenemos autonomías municipales, debe presupuestarse un ítem para

gestores socioculturales y animadores de la lectura. El gestor debe generar diagnósticos de la realidad educativa de los barrios para que el mediador sepa qué didácticas de lectura debe elaborar”.

Hasta los siete años: nada

Claudia Vaca ha trabajado durante años como tallerista de literatura en las bibliotecas. Por eso lamenta que ser un bebé de hasta cinco años en Bolivia es como ser una mesa. “Esta invalidado, desvalorizado. En la ley de educación el parvulario no es prioridad. No hay pedagogía parvularia en Bolivia. Cualquier persona cuida a los niños hasta los siete años, claves en el desarrollo cognoscitivo y sicológico, para que sea un ciudadano pleno y no tenga lagunas y baches de aprendizaje”.

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