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La humanidad está haciendo de todo para matar la vida en este planeta.

La biodiversidad, la degradación del suelo, la contaminación de las aguas, la perdida de flora y fauna. Todo está acelerando a pasos agigantados el calentamiento global.

Es una realidad. Está ocurriendo aquí y ahora. Bolivia pasa por días críticos, desde que los focos de calor, que a fines de julio se registraron en el departamento de Santa Cruz, se fueron multiplicando y se convirtieron en incendios forestales que han consumido más de un millón de hectáreas en la región.

Brújula convocó a artistas, dibujantes e historietistas para que manifiesten, a través de su obra, su impresión acerca de lo que está ocurriendo.

Arde el alma

Para Marcela Rivera nada está claro aún, ni el cielo despejado. La artista afirma que las dudas y preguntas siguen dando vueltas en el aire, que se cofunde entre cenizas y polvo.

“Todos quieren hacer algo y –creo- que al final nadie logra mucho. Los esfuerzos llegan, pero hasta que no se tome la foto, no se mueven. Nunca estuvimos preparados para esto, pero tampoco nos hemos interesado en hacerlo.

Nunca nos imaginamos nada como esto, pero tampoco -creo que nos demos cuenta o le entendamos”, expresa Rivera. La artista propone una fotografía intervenida digitalmente, en la que arde, como los bosques, como los animales que se han consumido entre flamas.

El fuego no da tregua

La cotidianidad y el trabajo de  Roxana Hartmann se han visto afectados, por lo que siente que no puede callar y decide tomar acciones: “El incendio me ha sofocado y hay días que no puedo parar de llorar. Tanta negligencia, mentira y abuso sobrepasa lo esperado.

Es la vida que se escurre entre los dedos y los llamados a tomar políticas que ayuden a exterminar este escenario, se ríen de todos los bolivianos.

No puedo callar la impotencia que siento cada día y la manifiesto denunciando directamente, aunque no me lea el Señor Presidente”.

La Tierra grita se titula el lienzo de 100x60 cm en técnica mixta, en el que Hartmann muestra un tucán con una leyenda escrita al revés. La obra ha sido puesta en subasta en su muro de Facebook para donar lo recaudado a los bomberos, guardaparques y voluntarios que combaten el fuego en la Chiquitanía.

Profecías Magenta

Murillo siente cada vez más cerca el fin de la raza humana. Su obra también grita ese mensaje.

“Tengo luto en mi alma, siento que mis colores tienen hollín encima, veo la mezquindad de una sociedad que viola la naturaleza, no convive con ella, no hay simbiosis, somos parásitos”, menciona con desconsuelo. Pero también conserva esperanzas y sugiere acciones.

“Hay que sembrar el planeta, llenarlo de vida, ser militantes, denunciar los abusos, no permitir a nuestros vecinos que corten árboles, dejar legado verde para que la profecía de la extinción de la raza humana no sea realidad”, exclama Murillo.

Inspiración

El holocausto de animales silvestres, que perecieron calcinados intentando huir del fuego, han dejado imágenes que conmueven hasta el límite. El ilustrador William Quisbert (Valico) sintió el efecto y la necesidad de dibujar un tatú en llamas.

“Fue el primer animalito (víctima de los incendios forestales) que vi circulando por las redes sociales en una foto que parecía sacada de una historia de horror.

Claro que al principio no comprendes, no imaginas la magnitud de tal desastre, y eso se vio reflejado en la reacción de la ciudadanía en general, y ni qué decir de nuestras autoridades que, prácticamente, actuaron en cámara lenta”, dice Quisbert. Hace un mes, Leoni recorría San Javier, San José y Santiago. Ya observaba focos de calor, pero no imaginaba lo que vendría después.

“Para mí, que convivo con la gente de la Chiquitanía, ver afectado de manera irrever - sible nuestro entorno me desalienta, pero, a la vez, me fortale - ce con la esperanza de revertir este daño”, menciona el artista plástico, que desde 2013 viene trabajando en la región plasmando en el lienzo al abuelo chiquitano y los yarituses.

Leoni reflexiona ante este de - sastre y comenta que estamos llamados a articularnos con los saberes ancestrales de las culturas indígenas y repensar nuestra relación con la tierra.

Esta propuesta viene acompañada de la muestra Equilibrio. Cosmovisiones de la Chiquitania. Bolivia, que será expuesta desde el 10 de septiembre, en la Escuela Nacional de Artes Visuales de Maputo (Mozambi - que), donde el artista también realizará un workshop con los alumnos de este centro de la ciudad africana.

Bajo el título Blanco y negro, Ejti Stih presentó en 2011 una muestra inspirada en los chaqueos en el oriente boliviano. Desde entonces su producción vuelve al tema recurrentemente, enfocada en los daños a la naturaleza y en una crítica al modelo económico que se viene desarrollando en el país, como también al uso político de la tierra, que se convierte en una problemática social.

“La llegada de campesinos del interior que ocupan tierras aptas para el cultivo puede ser justificada, pero tampoco se trata de que vivan en cualquier parte. Hay lugares que no son aptos aptos para la producción, hay tierras protegidas, reservas forestales. No conocen la tierra, por eso queman y el fuego se extiende sin control.

Personal - mente, no creo que ellos sean los culpables. Uno quisiera mirar positivamente a las cosas, porque de lo contrario solo ve - remos el horizonte negro y gris. Yo no sé si esto es irreversible, espero que los jóvenes tomen conciencia del capitalismo sin escrúpulos que se está desarro - llando”, finaliza Ejti.

El Duende conversa con la Viudita, el lorito del cuarto anillo acompaña la reflexión de Gaspar, que tiene bien claro quién es culpable de la calamidad que está ocurriendo en el territorio boliviano
2. “Siempre había oído del fin de la raza humana con eso crecimos todos pero nunca lo sentí tan real”, expresa Magenta Murillo. Su obra habla de la mesquindad de una sociedad que viola la naturaleza

3. Arde el alma. En relación a lo que arde, a lo que quema el alma. Ya la piel está y no. Esta vez se quemó el alma entera, y aunque se funda en una, no fue la manera (Marcela Rivera Prudencio).

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