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Por: Mario E. Roca | Filólogo

El acto del habla representa una muestra de lo que interiormente imaginamos, pensamos o sentimos. De ese modo desarrollamos una marca única para comunicarnos con los demás y damos a nuestro lenguaje un rasgo de nuestra personalidad, porque a través de él expresamos nuestros valores, creencias y capacidades.

Sin embargo, hay ocasiones en que nuestro lenguaje en vez de empoderarnos deja expuesta nuestra falta de preparación, porque la persona que lo utiliza no se responsabiliza al hablar por lo que dice, siente, hace o piensa, como ocurre en ese ambiente de los relatores de fútbol en Bolivia. Es un ambiente en el que encontramos un sinnúmero de expresiones sacadas de un manual que solo manejan ellos o que logran introducir escuchando a relatores de otras realidades.

Frases hechas

Una de esas expresiones sacadas de la guantera se da cuando los relatores deportivos construyen frases extraídas de un manual que solo ellos entienden y que un oyente promedio que guste del fútbol desconoce, como cuando nos hablan de “un equipo corto”. A veces sobrepasan su ingenio y cuando un jugador se libera de una marca logra “desprenderse como un iceberg”, al menos asumo ese significado.

Ahora está muy extendido que para que un jugador pueda mostrarse y ganar confianza necesita “sumar minutos”, pero cuando quiere hacer perder tiempo en el partido “come segundos”, expresiones muy alejadas de su significado literal. 

Otras veces recurren a expresiones que conllevan significados ambiguos, como cuando un jugador hace un “pase filtrado” o logra mandar una “pelota profunda”. Lo más curioso de entender es que a veces las pelotas “quedan sobrando” o cuando la defensa de un equipo “fue un flan”. ¡Sabrá Dios lo que signifique eso!

Hay un comentarista deportivo que tiene una fijación con la pintura, porque cuando algún jugador recibe una tarjeta amarilla le dice que anda “pintado de amarillo”; sin embargo, es nada comparando cuando en un programa de televisión un periodista comentaba que a un arquero “se le hizo mandarina la pelota” y siguió con su rutina asumiendo que todos le habíamos entendido. Aún sigo tratando de encontrarle un significado por analogía.

Palabras mal empleadas

Es cierto que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad, aunque los comentaristas deportivos prefieren la versión de que una palabra mal dicha muchas veces se convierte en correcta. Así, es normal escuchar en las transmisiones que los jugadores sacan un “testazo” cuando quieren indicar un golpe con la cabeza; por alguna razón “cabezazo” no les atrae y a veces usan el término medio “testarazo”.

En incontables ocasiones leí y escuché en medios que Oriente iba a afrontar un clásico con Blooming para mantener su “paternidad” sobre los celestes. Obviamente el periodista que escribió eso no tenía la intención de guardar las apariencias o el disimulo. Algo similar ocurre cuando dicen que un equipo tiene o goza de “favoritismo” sobre otro en un partido a disputarse. Es más que claro que quieren decir que tiene “condición de favorito”, porque favoritismo se entiende que es una ventaja extradeportiva.

Otras perlas

Hace poco un relator deportivo dijo que un técnico tenía que “espabilar” a sus jugadores. Parece que solo se entendió él porque ninguno de sus colegas respondió a semejante expresión. Ya que estamos con palabras ajenas a nuestra realidad, ahora para hacer referencia a un receso liguero se usa la expresión “parate”, a veces le anteceden con un artículo: “el parate liguero…”. ¡Argentina, cuándo no! Por alguna razón les cuesta entender que el gentilicio de Brasil es brasileño y no brasilero. Otra cosa que les cuesta es pronunciar los nombres de jugadores que llegan del vecindario a jugar en nuestra liga. Si no que le pregunten a Mugni.

Cuando quieren hacer referencia a la diferencia de goles que hay de un equipo a otro dicen “gol diferencia”. Expresión que solo se escucha en este país. Igualmente, cuando quieren hablar del equipo español Barcelona en vez de escribir Barsa utilizan Barza, inventándose una zeta sin razón fonética.

Es cierto que expresiones de este tipo son totalmente válidas porque se las entiende que la maneja un grupo social que ha construido su propia jerga, pero la teoría de la jerga es que esas expresiones solo tienen sentido en esos grupos y no en los demás miembros de la sociedad.

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