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Un idioma desaparece o se hace impalpable por los mismos motivos que los hombres: por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres. Hay pocos hablantes de machineri, un grupo que se desarrolló en la frontera con Brasil.

En realidad, se ha encontrado a uno solo, según los funcionarios del Instituto Plurinacional de Lenguas y Cultura (Ipelc). Con una sola persona que conoce el idioma, la medida era urgente. Se comenzó a enseñar el idioma a los niños, pero rápidamente se vio que esa estrategia no daría resultado. Por eso se empezó, en febrero de este año, a conformar lo que se llama un nido lingüístico.

En ese nido participan las madres y las abuelas, porque los niños aprenden el idioma mientras escuchan las conversaciones de las madres y abuelas que están en la casa.

Idioma cruceño

Es probable que los cruceños que escucharon el guarasug’we se cuenten con los dedos de una mano. Este idioma, que languidece a 355 kilómetros al norte del departamento, en la comunidad Picaflor, en el municipio de San Ignacio de Velasco, tiene un puñado de hablantes. Cuatro o cinco, según el Ipelc. El guarasug’we se usa poco, pero la lealtad a la cultura es aun visible, al punto que los habitantes de la zona están entusiasmados con la probable creación de un instituto de lengua y cultura guarasug’we.

También se ha iniciado la estrategia de nidos lingüísticos, y entre las lecciones aprendidas hay una muy curiosa: no es aconsejable que el aprendizaje de este idioma se escolarice.

Parece un contrasentido, pero como explica Pedro Apala, director ejecutivo del Ipelc, la intromisión de un sistema escolarizado que se aplique al idioma podría interrumpir la transmisión natural.

“Si se quiere ‘didactizar’ el proceso, dejará de ser natural”, advierte. Por eso se ha recurrido a una estrategia similar a la aplicada con el machineri: enseñanza a abuelas y madres, aunque el idioma ya no esté puro, sino entremezclado con el español. Otro de los desafíos de esta iniciativa es la que plantea la lengua pacahuara. “Hace un tiempo la prensa le dio sepultura al pacahuara. Dijo que no había hablantes, pero hay dos ancianos”.

El pacahuara, rodeado por hablantes de chácobo (en Beni) así como el guarasug’we está rodeado por la influencia del monkox o bésiro (en Santa Cruz), ha generado orgullo en los que pertenecen a la cultura, aunque no hablen el idioma.

Ese orgullo tiene el impulso suficiente para recuperar parte de la cosmovisión y sabiduría relacionada con medicina y costumbres que encierra un idioma, como dice Jorge Miranda, del Ipelc. Todas estas reflexiones han sido planteadas en Voces Vivas, exposición en el Centro de Cultura Plurinacional que muestra al bésiro, guarasug’we, guarayo, guaraní y zamuco.

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