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Decir que lo nuevo de los británicos Depeche Mode se encuentra entre lo mejor de su discografía es algo con lo que cualquier conocedor medio de la banda no estaría de acuerdo. No obstante, su decimocuarto largo está lejos de ser un álbum mediocre o por debajo de sus trabajos más recientes. Si hay algo que se lee entre las líneas de este Spirit es que por primera vez en años, y de manera más evidente, asistimos una vuelta a la esencia de sus grandes hits, situándonos frente a unos Depeche Mode que operan a medio camino entre la zona de confort y la demanda.

Los de Essex vuelven a apostar una vez más por melodías hipnóticas, paisajes sombríos y producciones regadas de sintetizadores ochentas que recuerdan la habilidad de Martin Gore para la construcción de espacios gélidos y enigmáticos, en especial en cortes como Cover me o You move. Un contexto que se crece con letras que tratan a menudo temas como la decepción en las relaciones –como en la nocturna y bluesera Poison heart–, el hastío y la propagación del nacionalismo en Europa, hecho al que se refiere Dave Gahan en letra de la política Where’s the revolution. 
Aunque no es la primera vez que los Depeche introducen estos temas en sus letras, podemos decir que este es su disco más político. 

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