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NACHO SERRANO

El 25 de octubre de 2015 se produjo un pequeño milagro: Eric Clapton convenció a Ginger Baker para tocar en un concierto de homenaje a su compañero Jack Bruce, fallecido el año anterior. 

Los tres habían formado Cream en 1966, y se habían separado sólo dos años después por la nefasta relación personal entre Baker y Bruce. Desde entonces, la sección rítmica del colosal power trio no podía ni verse, y de hecho siguieron dedicándose insultos durante décadas en la prensa. Pero a veces la muerte sirve para cerrar las heridas de los vivos, y el baterista accedió a rendir tributo a su excompañero.

La actuación se celebró en el London Roundhouse, con un ‘all star’ en el escenario. La súper banda reunida para la ocasión interpretó varios clásicos de Cream para un público entregado y emocionado, pero de pronto algo se torció cuando empezó a sonar el mayor hit del grupo, Sunshine of your love

Baker empezó a mirar a su alrededor, y por la expresión de su rostro parecía que algo no le estaba gustando nada. 

Al cabo de un minuto, decididió dejar de golpear los parches con sus baquetas, se levantó, y para estupor del público se dio media vuelta y se bajó del escenario. 

Suerte que Clapton había decidido contar con dos bateristas simultáneos para la ocasión, y el momento pudo salvarse sin mayor estropicio.

El incidente fue vergonzoso, pero no del todo inesperado. Todo el mundo sabía cómo era Baker, especialmente Clapton, que vio cómo su proyecto de Cream se iba al garete por sus arrebatos de ira.

 Una ira que realmente daba miedo: en una ocasión, Baker amenazó con un cuchillo a Bruce por tocar el bajo durante su solo de batería en la canción Toad.

El carácter arisco de Baker ya le había dado problemas con anterioridad, en su etapa como baterista de jazz.

 Tuvo constantes peleas con varias formaciones, que le reprochaban que tocaba demasiado fuerte para el género.

 De hecho esa fue una de las razones por las que se acabó pasando al rock, pero el cambio no apaciguó su hostilidad.

Tras la disolución de Cream, en 1969, Clapton decidió crear un nuevo proyecto musical junto a Steve Winwood: Blind Faith. Los dos se marcharon a la casa de campo de Winwood para componer y diseñar la formación de la banda, que contaría con Jim Capaldi a la batería.

 Pero Baker se enteró de que su viejo socio estaba montando un nuevo grupo, y decidió formar parte de él sin preguntar. La cosa empezó a ponerse fea durante una gira por EEUU, en la que Baker interrumpía los temas metiendo solos de batería cuando le daba la gana.

“Fue entonces cuando me di cuenta del problema que suponía tocar con Ginger. Entendí por qué Clapton se había negado a tenerle en el grupo”, recordaba Winwood. Preguntado por estos arrebatos de protagonismo escénico, Ginger contestó: “Siempre he tenido ego en cuanto a mi forma de tocar, pero nunca he sido una persona egoísta”. La respuesta se lo dejó bien claro a Clapton y Winwood.

Baker, que tuvo varios enfrentamientos con otros artistas en varias ocasiones (una vez llamó ‘idiota musical’ a Mick Jagger), llevaba ya mucho tiempo siendo una persona de difícil trato. Cuando tenía 16 años, siendo ya muy fan de bateristas como Elvin Jones, Art Blakey o Max Roach, Baker descubrió las percusiones africanas gracias al legendario baterista Phil Seamen, que se convirtió en su mentor y, desgraciadamante, en su introductor en la heroína. Esa adicción tan temprana fue probablemente la que desvió su personalidad hacia terrenos conflictivos. 

Solo Alexis Korner pudo domarle durante un tiempo, cuando lo aceptó como sustituto de Charlie Watts en Blues Incorporated. Después de aquello, se convertiría en una suerte de mefistófeles de las baquetas, intratable, agresivo y dominante.

A finales de los 90, agobiado por acusaciones de evasión de impuestos en Inglaterra, se marchó a vivir a un rancho a Suráfrica, donde vivió en un ostracismo atemperado con heroína. 

Sus vecinos aseguraron que era ‘el mayor camello de la zona’ y que vivía allí porque ya le habían buscado en todo el mundo. En la valla que delimitaba su terreno colocó un cartel que decía: “Cuidado con el señor Baker”. Se había convertido en un perro peligroso.

En 2005, Clapton le echó valor y montó un concierto de reunión de Cream en el Royal Albert Hall, y las diferencias entre Baker y Bruce volvieron a estallar, con miradas y comentarios en el escenario que lo decían todo. Fue la última vez que tocaron juntos.

Su vida personal no fue menos turbulenta. Tuvo cuatro esposas, en las que no dejó un buen recuerdo precisamente. 

“Si su avión se estrellara y sólo hubiera un superviviente, sería Ginger. El Diablo sabe cuidarse de sí mismo”, dijo una de ellas, Elizabeth Ann Baker.