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Con la palabra lista y los amigos cerca, el poeta responde:

 ¿Y si los aforismos se convierten en memes que circulan por todas partes?

Sería interesante que circule y que enorgullezca más mi vanidad antes de que yo estire la pata. Mirá, voy a hacer un aforismo gratis ahorita. A mí la literatura a una edad muy tardía me ha arreglado la vida, pero antes me la ha jodido.

 ¿Debido a qué?

Me han ocurrido dos cosas hermosas en mi vida tardíamente. Una es mi editor, Fernando Barrientos, El Cuervo. Otra, Evo Morales Ayma. Disculpá que te diga. Amy Winehouse también; es indudable que sin ella en cierto momento yo hubiera colgado los champions. No olvides que yo soy el hombre que amaba a Amy Winehouse.

 Tercer libro de aforismos. ¿Por el momento tu poesía está en reposo?

En realidad soy yo el que está en un reposo parcial antes del reposo definitivo. Solo se trata de morir. Esa es la historia (paráfrasis al Lito Nebbia).

Mi poesía está en un estado de efervescencia absolutamente congelado.

 ¿Un aforismo es como una risa triste, a veces como un pistoletazo de ironía. ¿Cómo describirías tus aforismos?

Yo pienso que mis aforismos son indescriptibles. No creo que los aforismos sean sabiduría en píldoras. Conozco aforismos escritos en Santa Cruz y me parece que son un esnobismo, algo muy extraño a veces. Incluso a mí me incluyo. De algún modo soy un desaforístico. Ahora bien, en cuanto a mis influencias, a la gente que me gusta en el género, pienso que una cumbre del género aforístico es Lichtenberg. Obviamente. También Antonio Porchia, el argentino, muy querido por Pizarnik y mucha otra gente de peso y valía. No solo aforismos, sino también las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, que tienen que ver con el fragmento como totalidad.

 “El agua se suelta el pelo en las cascadas”, escribió don Ramón. ¿Algunos no te gustan?

Sí, muchos de Santa Cruz, para ser sincero. Pero también de muchas otras partes. Es que hay ese tipo de aforismo a lo Pequeño Saltamontes: “Pequeño Saltamontes, tienes que hacer esto, tienes que hacer aquello”. Hay una falsa sabiduría en el aforismo que me interesa desenmascarar.

 ¿Por qué los de Santa Cruz?

No digo que los odie, probablemente son gente muy hermosa, muy culta, altamente representativa de su clase social y cultural. Pero pienso que hay una exageración. Mirá, este es el estilo: ‘‘Cien mil aforismos breves’.

O mil. Hay una contradicción en los términos. Es como si ser aforista fuera una presión social de cierto momento, o alrededor de ciertas personas, qué se yo. Espero no quedar mal con la gente. A veces voy a Santa Cruz y no quiero que me hagan columpiar los mocos. Soy una persona militantemente cobarde, así que a mí no me molesten.

 ¿Hay un Julio Barriga poeta y otro íntimo?

No solo soy bipolar. A veces soy un corso a contramano.

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