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Una anciana ayorea se levanta, comienza a cantar en su lengua. Son canciones que representan una despedida, que solo en su pueblo se las conoce. Guardan un profundo sentimiento en el decir y en el cantar. No es en cualquier ocasión que se las dice. En este caso, lo amerita, porque no es cualquier ocasión. Jürgen Riester se ha ido. Don Jorge, como le decían con cariño sus allegados, deja sin consuelo a la anciana ayorea, presente en el velatorio, al igual que a todos los que conocieron al hombre que se convirtió en el gran amigo y defensor de los pueblos del oriente boliviano.
El antropólogo alemán falleció de cáncer el viernes 13 de septiembre en Santa Cruz de la Sierra, a los 78 años. Fue cofundador de Apoyo Para el Campesino-Indígena del Oriente Boliviano (Apcob), institución que dirigió durante casi 40 años. Fue un académico e investigador destacado, que tenía títulos en Sociología y Ciencias de las Religiones Comparativas.
Quienes lamentan esta pérdida resaltan el legado que dejó Riester para Santa Cruz y Bolivia: fue uno de los principales impulsores de la cultura de los indígenas de tierras bajas y promovió la conformación de instituciones fundamentales para este sector, como es el caso de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob).


Lo recuerdan
 “Solo me viene a la mente lo afortunada que fui de tenerlo de jefe, maestro, consejero, guía, compañero y amigo”, expresa Patricia Patiño, directora de Apcob. “En su forma de hablar (a pesar de ser muy alemán) transmitía mucha confianza. Se lo debe recordar con un incansable profesor, que dedicó gran parte de su tiempo a recibir a estudiantes que llegaban a buscarlo de todas partes del mundo para recibir una orientación acerca de cómo aportar en construir un lugar con justicia social. Él había recabado tanta información y evidencia durante sus investigaciones y sus registros audiovisuales, que muchas no fueron del todo difundidas en sus publicaciones. Entonces las daba a conocer a los estudiantes”, añade Patiño.
El comunicador social y documentalista Rubén Poma resalta, como uno de las grandes virtudes de Jürgen Riester, el haber sabido hablar a los indígenas de la misma manera que lo hacían ellos. “No era etnocéntrico, no se creía dueño de la verdad. Era abierto a lo que decía el habitante de los pueblos, así iba aprendiendo y recogiendo elementos y diversos saberes que le permitían enriquecer su experiencia. Yo recuerdo especialmente su labor en la parte de Isoso, donde conoció la igualdad, que era muy propia de ellos. Él recogió eso en sus escritos”, menciona Poma.
El escritor y sociólogo Elías Caurey subraya el mérito de Riester de haber apoyado las reivindicaciones de las naciones indígenas de tierras bajas, reflejado en acciones concretas, como su apoyo a la creación de la Cidob y la Apcob. “La publicación de una gran cantidad de libros sobre la cosmovisión de los indígenas y el haber incursionado en audiovisuales mostrando la realidad del indígena de la región hacen del trabajo de Jürgen Riester único en nuestro medio”, señala Caurey.
“Nosotros aprendimos a base de lo que nos enseñaron, pero Riester enseñaba y aprendía con ellos. Porque, inclusive, llegó a tener encuentros con muchos sabios entre los isoceños, que llegaron a conformar un grupo muy homogéneo, dentro de la heterogeneidad que puede existir en un pueblo. Lo deben recordar como una persona que vivía para ellos”, complementa Poma.


Desafíos

Patiño indicó que, tras la muerte de Riester, quedó inconclusa parte de sus registros audiovisuales, su autobiografía y los Diarios Chiquitanos. “Nuestro desafío es continuar con su visión de promover el desarrollo integral y el ejercicio pleno de los derechos individuales y colectivos de las naciones y pueblos indígenas. En el marco de respeto de sus culturas”, indica la directiva de la ONG.
Elías Caurey añade: “Me parece que se tendría que abrir al público dicha institución de documentación y que sea la Gobernación quien apoye su sostenibilidad. Y, desde dicho centro de documentación, se siga apoyando iniciativas que apoyen las reivindicaciones de las naciones indígenas de tierras bajas”.
El escritor Juan Cristóbal McLean califica el libro Los Guarasug`we. Crónica de sus últimos días, publicado en 1979, como una verdadera joya que debe ser reeditada. “De las 350 páginas del voluminoso libro, más de 100 constan de los relatos originales de los propios guarasug`we y son el oro del tesoro. Riester cuenta en algunas lindas páginas cómo llegó a hacerse esto, en castellano y gracias a Tesere, personaje a quien está agradecido y a quien llegamos casi a conocer. Fueron entonces muchísimas sesiones de cuentos que se contaron en sesiones, muchas de ellas extraordinariamente narradas e incluso teatralizadas por Tesere. Todos intervenían, escuchaban, reían y añadían”, explica MCLean.


Anticipado

Poma afirma que, al poco tiempo de su llegada al país, Riester comenzó a desarrollar programas en beneficio de las comunidades y a difundir el concepto de interculturalidad, entendido como el proceso de comunicación e interacción entre personas y grupos con identidades culturales específicas. “Tenía pleno conocimiento de esa idea, lo cual le permitía tener claro con quienes y para quienes trabajaba. Ese concepto no es un invento del Gobierno actual. Ahora se han aumentado algunos elementos como parte de la bandera que enarbolan, pero Riester ya se había anticipado a la idea de interculturalidad en muchos libros”, asegura el documentalista.
“El concepto de interculturalidad se lo vendimos nosotros”, subraya Patiño, “pero ellos (el Gobierno) no lo usaron correctamente; es más, se les entregó material audiovisual de seis pueblos para ser insertados en el currículo escolar, ero el Gobierno decidió no usarlo”.
“Él creía que las brechas de desigualdad se iban a acortar cuando las nuevas generaciones logren conocer las otras culturas. Se invirtió muchos años y dinero en el proyecto de interculturalidad.
Pero la cooperación internacional cortó el apoyo y el Gobierno no le dio continuidad”, añadió la directora de Apcob, quien recalca la incansable labor que realizó Jürgen Riester. 

Riester fue un incansable profesor que dedicó gran parte de su tiempo a recibir a estudiantes que llegaban a buscarlo de todas partes/Fotos: Apcob
LLEGÓ EN 1963 En 1963 llega al oriente boliviano. Su estadía, prevista inicialmente para ocho meses, dura finalmente tres años, de 1963 a 1966. Durante este tiempo estudió y vivió con los pueblos indígenas Guarasug’wë y Chiquitano. En 1969 obtuvo su doctorado con una tesis sobre los Guarasugwë, que aprueba Suma Cum Laude.

 

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