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Borges tiene 80 años. Vive en pleno centro de Buenos Aires. Ocupa un modesto departamento de tres ambientes, de los construidos en la década del 30.

No se ve ningún libro nuevo o siquiera reciente. Fanny, la mucama, según dicen, echa a la basura las decenas que llegan cada mes, enviados por jóvenes escritores entusiastas de todo el mundo. Lo curioso es que tampoco se ven libros de Borges. Solo vi un ejemplar de las Obras Completas.

 Usted cumple con una tradición de familia, la longevidad.

Sí, es cierto. He estado pensando que la longevidad es una forma de insomnio. Los longevos queremos morir. Mi madre siempre me decía “¿Viste? Otro día: todavía no me he muerto”. Si a mí me dijesen que me muero esta noche sería tanta la alegría que a lo mejor no me muero.

Vengo de España y muchos amigos me comentaron algunos de sus juicios sobre la literatura española, a muchos les cayeron mal…

¿Por qué? No creo haber dicho nada malo. La literatura española… trataré de decirlo cortésmente: empieza espléndidamente con los Romances que son realmente lindísimos. Luego vienen escritores admirables como Fray Luis de León que para mí sigue siendo el mejor poeta castellano. Y San Juan de la Cruz.

Y así llegamos al Quijote que creo que es un libro realmente inagotable, sobre todo la segunda parte. Pero después ocurre algo que ya se nota en dos hombres de genio como lo son Quevedo y Góngora: todo se torna rígido. Uno tiene la impresión de que ya no hay caras sino máscaras. La culminación de este fenómeno se da en Baltasar Gracián, donde no se siente ninguna pasión ni sensibilidad.

Es un mero juego de formas como el cubismo o la literatura de Joyce… Luego tenemos el siglo XVIII, muy pobre. Y el movimiento romántico donde España sirve para inspirar a todo el mundo menos a los españoles. Solamente queda Bécquer: una réplica débil del primer Heine.

 ¿Y Saavedra Fajardo? Un pariente cercano suyo, un gran estilista.

Gracias, haré lo posible por ser digno del parentesco… Luego de este panorama general ocurre un hecho que creo que no se debe ocultar: cuando todo se renueva sobre todo por influencia de Francia (la obra de Hugo, de Verlaine, de Poe -Poe también nos llegaba de Francia porque entonces Francia era la forma para que se puedan comunicar dos países americanos), esa renovación se hace desde este lado del Atlántico y no desde España. Si usted piensa en Rubén Darío, en Jaimes Freyre, en Lugones; son poetas no inferiores y ciertamente anteriores a los Machado y a Juan Ramón Jiménez.

¿Y en la prosa?

Yo quisiera mencionar el nombre de un renovador que tal vez va a molestar a los españoles: Groussac. Alfonso Reyes me dijo: “Groussac, que era francés, me enseñó cómo debe escribirse en castellano”.

Muchos dicen eso de usted.

Gracias. Espero que alguien pueda enseñarme a mí a escribir bien.

¿Y la generación del 98? ¿Qué diría de Azorín?

No me gusta. Evaristo Carriego decía que escribía estilo “pan rallado” ¿Querría decir que Azorín escribía sin unidad?

Sin embargo es un creador de lenguaje. Tiene una gran fuerza estilística: domina el arte de crear un clima o una intimidad, con muy pocos elementos… ¿Y Valle Inclán?

Me parece que era un guarango. Una vulgaridad.

¿No le encuentra ningún valor literario?

No. Me parece de mal gusto. Como persona debió ser muy desagradable.

¿y Unamuno?

Unamuno sí, aunque nunca me pude explicar bien ese deseo de inmortalidad que tenía. Más notable que su obra es su hábito de pensar continuamente, fue un pensador notable. A quien recuerdo con particular afecto es a Baroja. Se lo quiere más a él que a su obra. Es al revés de lo que pasa con Shakespeare: todos recordamos Hamlet y casi no nos interesa el hombre que lo escribió.

Me parece que usted fue un poco injusto con García Lorca cuando lo calificó de “andaluz profesional”. En España encontré gente enojada con Ud. ¿Tampoco le interesó el teatro de él?

Vi Yerma y me pareció mala. Nunca me interesó García Lorca, pero no me gustaría que alguien crea que tengo algo en contra de los andaluces. Yo hubiera querido ser andaluz. Lo que nunca habría querido ser es catalán: los odian en España y entre los franceses se nota enseguida que son impostores… Pero recapitulando, yo creo que nosotros le dimos más a España que España a Hispanoamérica, a partir de Darío.

 ¿Y Proust?

No me interesa. A mí me parece que creó un mundo menor, un mundo mezquino. Del mismo modo que creo que hay mezquindad en Joyce. (Joyce es más bien ilegible pero no se pueden olvidar ciertas frases espléndidas, era poeta, debió haber escrito sólo poemas). Pero al leer a Proust sentía que me asfixiaba, que estaba incidido en un mundo de chismes, que es lo que pasa un poco con Henry James, ¿no?

 A usted, que respeta tanto a Schopenhauer me gustaría preguntarle sobre el amor, las mujeres, la muerte, como en el título de aquel libro.

Sobre las mujeres puedo decir que están y estuvieron siempre muy presentes en mí. Yo pienso tanto en las mujeres que trato de no pensar en ellas cuando escribo. Pero sin embargo están presentes. Diría también que siempre hay una mujer única que sin embargo no ha sido siempre la misma.

Es una idea más bien platoniana.

En cuanto a la noción de arquetipo sí. Pero esa mujer es real aunque múltiple. En mi obra poética hay muchos versos de amor, pero la gente prefirió creer que yo tendría algún reparo en estos temas. No es así, al contrario.

Tampoco usted ha hablado de ellas en público, en ese sentido es usted muy “british”.?

En Inglaterra, si uno le decía a una mujer que era linda, se indignaba. Era un improcedente ‘personal remark’. Uno solo tiene derecho a hablar de temas impersonales, generales.

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