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“Yo tuve 3 hijos, ¿no es cierto Henrik querido? ¿Les pusiste nombre?… ¿Son felices? ¿Se acuerdan de mí? ¿Te preguntan por mí? Te cuento todo esto, querido Henrik, porque tú eres como un padre para mí, y además no tengo cerca ninguna amistad con la que pueda hablar. Pienso que si hablo de estas cosas con alguien, desconfiarían de mi salud mental”. La directora teatral y escritora Andrea Riera se pone en la piel de Nora Helmer y le escribe a Henrik Ibsen, autor de Casa de muñecas.

En un diálogo con ese pasado del que somos consecuencia y que se puede transformar en nuestro imaginario a través del arte, Riera plasma su visión de la obra del dramaturgo noruego en Cartas al autor, proyecto del Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz, que reúne a varias mujeres que participan del evento teatral.

Además de Andrea, en el libro han escrito Abigail Villafán, Alice Guimaraes, Bianca Shallow, Elena Filomeno. Isabel Fraile, Mary Carmen Monje, Moira Flores, Paola Ríos, Paola Salinas, Patricia García, Piti Campos, Sara Faride, Tamara Gutiérrez, Valeria Catoira y Victoria Moréteau. Todas las cartas fueron seleccionadas por Claudia Eid, directora y dramaturga, encargada de la edición de la obra, que se presentará en el Centro de la Cultura Plurinacional el 3 de mayo, a las 10:00.

“Lo que hace Claudia es llevar adelante el desafío de interpelar a los autores de teatro del repertorio universal, desde una nueva voz y con una sensibilidad contemporánea”, indica Marcelo Araúz Lavadenz, director de Fitcruz 2019.

El género epistolar se pone de manifiesto en cada aporte de las autoras, quienes escogieron un personaje para escribir a autores de obras clásicas, como Hamlet, Romeo y Julieta, Medea y La casa de Bernarda Alba. Las misivas van dirigidas de Ofelia y Julieta a Shakespeare, de Medea a Eurípides, de Yerma a García Lorca, en textos, que, de alguna manera se convierten en una clase de manifiestos, en diálogos entre estos arquetipos femeninos y sus creadores.

“Me interesaba que tuviera que ver con escritura, porque es un instrumento que las mujeres aun no usamos plenamente. En Bolivia tenemos muy pocos dramaturgos, tanto hombres y mujeres. Y, dentro de ese número bajo, el de las mujeres es aún más bajo. Creo que todavía no nos atrevemos a ver la escritura como una herramienta para alzar la voz, que es tan poderosa.

Pero todo es parte de un proceso”, expresa Eid, que destaca algunos proyectos, como Panorama sur Bolivia, que busca impulsar la dramaturgia en Bolivia; Voyeur Teatro, en Santa Cruz, que trabaja su propia dramaturgia y la labor de Jorge Alanis, en Cochabamba. “La apuesta de APAC, en ese sentido, prioriza mucho los temas de género; pero, ojalá que en un futuro no tengamos que hacer esta diferenciación entre obras de género y de otro tipo”, añade la directora.

El papel de la mujer

Por un largo tiempo, el papel de la mujer dentro de las artes ha estado encasillado al de musa. En el siglo XVI, en Europa (época en la que se dio a cocer la obra dramatúrgica de William Shakespeare), las mujeres ni siquiera podían ser actrices y eran los hombres los que encarnaban los papeles femeninos. “En el teatro hay muchas actrices y productoras, pero dramaturgas y directoras somos pocas, porque, generalmente, es un espacio ocupado por hombres. Pero esto no es de ahora. Es una tradición que se ha impuesto socialmente y que ha sido muy difícil de romper. Cuando hacía las sugerencias de Cartas al autor, me pareció interesante que las mujeres escribieran a los autores. Hablamos de voces masculinas que crearon estos personajes femeninos”, indica Eid. Una de las cosas que llamó la atención de la coordinadora fue que muchas mujeres han escrito desde Yerma (Lorca) y Medea (Eurípides). “Eso es algo muy fuerte, porque allí se ve un conflicto con la maternidad que, de repente, se impone ante cualquier otro conflicto. Las mujeres tenemos un problema con respecto a la visión social que se tiene sobre la maternidad. No con ser madre, sino con cómo se nos dice que tenemos que ser madre”, complementa.

Mary Carmen Monje coincide con Eid acerca de generar debate en torno al cuerpo como territorio. “Si es tu cuerpo y es tu territorio, ¿de quién es el fruto?”, pregunta la actriz y directora, que también escogió a Medea, un personaje que le interesa como una mujer con un nivel de poder diferente para esa época.

“Es extranjera y es bárbara, entonces, desde ya es diferente y provoca rechazo o miedo. Por eso me interesa explorar en personajes desde un femenino más real y preguntarme por qué una mujer mataría a sus hijos”, explica Monje, que tiene pensado realizar una puesta en escena de la obra de Eurípides.

 

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