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Uno de los textos del mitificado Víctor Hugo Viscarra (1958-2006) lleva el sugestivo título Coba: Lenguaje secreto del hampa boliviana. Este diccionario del hampa y del delito alcanzó tres ediciones –1981, 1991 y 2004–, y circulan versiones piratas. Lo interesante de este libro es la recepción literaria de parte de sus apologistas, un tanto caótica y llena de convencionalismos que lograron encumbrar al ‘Bukowski boliviano’ como el gran intérprete de la barriobajera paceña.

En la década de los 80, el bohemio escritor Antonio Paredes Candia alentó la publicación del Coba y manifestó en el prólogo a la primera edición: “El joven recopilador Víctor Hugo Viscarra pacientemente ha reunido aproximadamente un millar de voces de este gracioso medio de comunicación que hoy se publica, indudablemente es una contribución al estudio de nuestro habla popular”. Una década después, Waldo Peña Cazas estuvo a cargo del prefacio a la segunda edición, en donde dijo: “Por esas cosas del destino –refiriéndose a Víctor Hugo–, tiene una vivencia que le hace comprender acertadamente el fenómeno porque ha sido su protagonista (…).

Viscarra ha vuelto a desterrarse voluntariamente en ese submundo para desentrañar los secretos de su lenguaje”. Además, esta edición lleva una breve nota introductoria de parte Viscarra, la cual dice: “Indagaciones realizadas para establecer su origen lingüístico –refiriéndose al Coba– han resultado infructuosas, porque el origen se pierde entre las brumas de la memoria olvidadiza del tiempo, dándose el caso que ni siquiera los delincuentes antiguos poseen referencias que ayuden al investigador a desentrañar la incógnita”.

Posteriormente, se presentó una tercera impresión del Coba en el año 2004, en donde Viscarra rememora algunos detalles del diccionario: “Desde el punto de vista histórico, en el mes de agosto de 1981, la Dirección de Investigación Nacional (D.I.N.), pone a circulación, a nivel nacional, El argot de la delincuencia boliviana, cuya ejecución estuvo a cargo del suscrito, siendo el aporte del personal de dicha institución un anexo con palabras de argot de la delincuencia internacional, muchas de las cuales no se conocían en nuestras ciudades”.

Tras este breve recuento, se puede inferir que tanto sus prologuistas como el propio Viscarra inducen a mostrar a sus incautos lectores que dicho diccionario tiene un aporte ‘novedoso”’ en el campo de la lingüística. Además, sus propagandistas y amigos de chupa de Víctor Hugo se encargaron en difundir dicho glosario, como si se tratase de una profunda revelación del mundo marginal.

En la segunda década del siglo XX, el jurista Ismael Muñoz (1874-?) publicó Estudios científicos.

Derecho-Legislación-Administración-Universidades (La Paz: Editorial Gonzales y Medina, 1920). Décadas después, el catedrático de Criminología y Ciencias Penales, Huáscar Cajías Kauffmann (1921-1996) hizo circular su trabajo Vocabulario coba.

Seguidamente, el Capitán de Carabineros Adalid Delgadillo publicó el folleto El hampa en Bolivia (1959). Continuando la labor de sus antecesores, Fernando Pinaya bajo la dirección de la investigadora Julia Elena Fortún publicó la monografía referente al Coba en la ciudad de La Paz.

Por ese tiempo, los esposos Nicolás Fernández Naranjo y Dora Gómez de Fernández aportaron innovaciones léxicas en el Diccionario de bolivianismos (1967).

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