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Douglas Rada se pregunta ¿para qué sirve la bienal? Él mismo se responde: “La bienal genera una plataforma y le da visibilidad al trabajo de los artistas con el fin de que puedan ejercer y ejecutar obras que, generalmente, no pueden ser tomadas en cuenta en otro tipo de contextos”.

El curador de la XXI Bienal Internacional de Arte de Santa Cruz de la Sierra describe, de esta manera, el valor de una de las actividades artísticas más antiguas de la ciudad (se realiza cada dos años desde hace más de cuatro décadas), la misma que dio inicio esta semana con casi medio centenar de obras realizadas bajo el tema curatorial Lo público, fuera del cubo blanco.

Junto a Raquel Schwartz en la curaduría, Rada propone reflexionar acerca del arte como un signo monumental coherente con el de la ciudad, inserta en ella tanto visual como espacialmente, tomando a la urbe como un todo, como una gran sala, telón de fondo o escenario para la imposición de la obra de arte.

“En el contexto de la bienal se puede acceder más a las ideas, a los contenidos, a la relación de los contenidos en las obras y a los procesos de los artistas. La labor de una bienal es fomentar, promover y difundir el arte contemporáneo en la ciudad”, indica Rada, que considera que el público necesita una mediación para acercarse al arte contemporáneo en algunos niveles.

“Yo creo firmemente en que la educación de los públicos debe darse en todo nivel, aunque sabemos que hay obras a las que el público se puede acercar con más facilidad, porque, por un lado, puede identificarse con la idea y, por otro, el espacio físico así lo permite”, añade el curador.

Una de esas obras es Somos, que se encuentra en el corazón de la ciudad de los anillos. Raquel Schwartz colocó cuatro espejos (a partir de una temática en la que viene utilizando este objeto en sus últimas obras), que cubren la plataforma en la que se erige la estatua de Ignacio Warnes en la plaza 24 de Septiembre. Desde el miércoles, la gente que camina por el lugar y que, generalmente, pasa sin observar la imagen del prócer, hoy lo hace irremediablemente.

“La obra no solo genera un espacio de encuentro, sino también una reflexión sobre nuestro rol como ciudadanos en relación con el Estado. A la gente le gusta lo que ve, lo capta, se hace preguntas y empieza a buscar respuestas”, afirma Schwartz.

La artista está satisfecha con la bienal y asegura que ha sido un éxito, a pesar de los cambios que ha sufrido debido a la postergación que sufrió el año pasado, a raíz del paro de 21 días. Guarda las esperanzas de que todas las actividades se desarrollen con normalidad, mientras están atentos a las medidas que toman las autoridades respecto a la pandemia de coronavirus. “Podemos afirmar que algunas obras se quedarán en el espacio público”, agregó.

Días intensos

La obra de los 10 artistas ganadores, junto a la de los invitados especiales, se puede apreciar en varios espacios públicos, como la Manzana Uno, el parque El Arenal, la Plaza del Estudiante y la plaza 24 de Septiembre, además de espacios culturales y artísticos, como la Casa de la Cultura, el Museo de la Ciudad Altillo Beni, el Museo de Arte Contemporá-neo, Kiosko espacio de arte contemporáneo, Nube Gallery, el Museo de Historia y el Centro de la Cultura Plurinacional.

Una de las principales propuestas se ubica en Nube Gallery. Allí se expone Nunca nadie, ni yo mismo, muestra individual de Luis Camnitzer curada por Montserrat Rojas Corradi y Raquel Schwartz. El artista uruguayo es reconocido como una de las figuras más importantes del arte conceptual latinoamericano, en la noción arte y educación. Su trabajo dialoga entre el video, la escritura y las instalaciones, con un lenguaje que impone, ironiza y politiza la sociedad. Además, es un destacado teórico en temas relacionados con la educación y el arte.

Esta exhibición presenta varias instalaciones importantes de distintas épocas y un video, en el que el artista reflexiona sobre la representación de lo invisible y su relación con el poder

“Camnitzer logra ironizar, transgredir y romper con la normalización social que nos permite vivir sin culpas, sin miedos ni prejuicios ante los horrores que acontecen a diario en el mundo, nos obliga a pensar, a detenerse a observar, concluyendo finalmente la imposibilidad de cambiar las cosas. Impone sutilmente ideas, ideologías y sensaciones”, explica la curadora Montserrat Rojas.

Hoy, a las 10:00 se inaugurarán las obras Cuerpo que habla, de Daniela Giebel (Bolivia) en la Calle Aroma entre Charcas y Bolívar y a las 11:00 Ruta poética, de Graciela M. González (Bolivia)

El programa cierra el jueves 19 de marzo con la apertura de las obras Era, de Alfredo Román (Bolivia) y una obra sin título de Graciela Hasper (Argentina) en Manzana 1, a las 19:30.

Obra de Richard Saxton + M12 Studio.


La cuarta pared, obra de ocho artistas, curada por MoReda. 


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