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Con la melodía en violín de 'Amor Eterno' de fondo, compañeros de la bombera Ruth Orellana (32) en Cochabamba, despidieron a una ejemplar integrante de 
Bomberos Voluntarios Nataniel Aguirre. Orellana falleció mientras apoyaba las acciones de extinción de un incendio en Sacaba.

Alberto Fernández, que comanda el grupo Nataniel Aguirre y que fue instructor de Ruth, recuerda con cariño a su camarada. Dice que era una joven entusiasta, que se graduó como bombera en 2015 tras superar satisfactoriamente los cursos de entrenamiento especial. Desde entonces, el carisma de Ruth iluminó al grupo de voluntarios, donde se destacaba por su predisposición para ayudar.

"Servir era su pasión", sintetiza Fernández, mientras describe a Orellana como una persona alegre, optimista y con profundo "sentimiento de equipo". Como integrante del grupo de voluntarios, su instructor revela el compromiso con el que cumplía los turnos y "su capacidad de resolución ante los inconvenientes".

La confianza del instructor en la labor de Orellana era plena, pues el profesionalismo y destreza de la joven le daba la confianza de que iban a terminar con éxito una misión de apagado de incendios. "Siempre nos cuidábamos en las emergencias", recuerda. 



Ruth se había titulado como ingeniera industrial. Durante su formación universitaria participan en materias especiales sobre seguridad industrial y, junto a otros compañeros, decidieron apoyar a los diversos grupos de bomberos voluntarios.

Para Orellana, ese espíritu de ayuda se transformó en una forma de vida. Primero, y durante cuatro años, como integrante del grupo voluntario Nataniel Aguirre. Hace un par de años logró una plaza en la Unidad de Gestión de Riesgos (UGR) del municipio de Sacaba. Eso sí, enfatiza Fernández, "nunca dejó de integrar los bomberos voluntarios y continuó activa cumpliendo diversos roles". 

A lo largo de la pandemia ayudó a la gente en situación de calle con la entrega de alimentos, en diversas partes de la capital cochabambina y de sus provincias. 

Su empatía con las personas también era notoria tal y como se demostraba en las visitas periódicas que los bomberos realizan al hogar de ancianos o en las jornadas de puertas abiertas con la población.

En este voluntariado encontró al amor de su vida y se unió en matrimonio con otro bombero. Fruto de esa relación nació una pequeña bebé, que ya cuenta con dos años de edad.



Fernández recuerda una de sus últimas conversaciones en las que Orellana insistía en continuar con su formación como inspectora de incendios. Sin embargo, ayer fue despedida por sus compañeros.

Sus camaradas lamentan la pérdida de una especialista en incendios estructurales y forestales que consagró su vida a un servicio permanente con la comunidad.


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