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Las autoridades educativas decretaron la suspensión de las clases como una de las primeras medidas de prevención del coronavirus. Por ello, los profesores recurren a diversas formas para comunicarse con los estudiantes y continuar con los procesos de enseñanza. Lecturas, ejercicios, tareas y alguna que otra conversación grupal tratan de normalizar el trabajo escolar.

En el hogar, los padres asumen un papel más relevante en el acompañamiento del aprendizaje. Ellos deberán supervisar y apoyar a los hijos para completar los deberes y avanzar las lecciones.

La sicóloga infantil mexicana Adriana Briseño recomienda a los padres revisar cinco aspectos para mantener motivados a sus hijos:

. Establecer un horario. Las rutinas forman los hábitos. El niño debe asumir que el estudio requiere un horario constante que repetirá día a día. De esta forma, ni se resiste ni evade la obligación. Al igual que los días normales de colegio, el horario marca un ritmo de estudio que el estudiante conoce.

El niño percibirá que las tareas escolares tienen una hora de inicio y otra de conclusión. Es necesario informarle que dispondrá de un tiempo para estudiar y otro para jugar. Los padres conocen los ritmos del niño para disponer los horarios de estudio en los momentos que tenga más energía y dinamismo. Retrasar el espacio de la tarea puede encontrar al estudiante cansado o hambriento, lo que provoca la atención dispersa.

. Asigna un espacio para las tareas. Una disposición similar al horario para recrear una sensación de normalidad en el estudiante. Se recomienda contar con un espacio diferenciado para estudiar. No siempre es posible, pero se puede crear un ambiente que cuente con una mesa o escritorio amplio y adecuado para la tarea.

La iluminación es otro elemento importante para reforzar la concentración durante el estudio. Se deben suprimir todos los elementos que puedan distraerlos, como televisión, radio, juguetes, etc. En su escritorio temporal solo deberá tener los materiales que necesite para las materias que esté avanzando. Que nada falte y que nada sobre.

En ocasiones, sobre todo si los niños son pequeños y están en primaria, es necesario que alguno de los padres acompañe el estudio. Aquí, se recomienda que el padre tampoco tenga elementos de distracción como puede ser el teléfono. Será un ejemplo de concentración y dedicación para el menor.

. No borres. Es normal que durante el aprendizaje haya errores. Es momento de observar el error y corregirlo, con calma. Permite que él mismo sea quien borre la hoja y rehaga la tarea. Sí, es impulsivo borrarlo para ganar tiempo o para evitar que en el borrado arrugue la hoja. Pero…¿cómo te sentirías si en tu trabajo el jefe te borra tu trabajo que tanto te costó elaborarlo?

Corregir las tareas de manera conjunta permite poner la semilla de la evaluación propia para fortalecer la autoestima y combatir la frustración.

. Programa los descansos. La rutina escolar está marcada por los horarios de clase y los momentos de descanso. Es bueno, y necesario, disponer horarios de descanso, sobre todo si se percibe al niño cansado, frustrado o reclama mucho tiempo la resolución de una tarea.

El receso permite al niño estirarse, despejarse y tomar aire. No se trata de cambiar de actividad. Al igual que en el colegio, debe tener una duración medida, de 5 a 10 minutos, que le permita tomar agua y un refrigerio, desconectarse ligeramente de los cuadernos y conversar de otro tema. Al retorno, estará más lúcido y despejado para resolver los problemas que tenía trabados.

. Trabaja con metas cortas y reconoce el esfuerzo. Para llegar a l final del camino, hay que comenzar con el primer paso. Lo mismo ocurre con las tareas escolares. Divida las lecciones en etapas de cumplimiento más pequeñas y generará una sensación de superación en el estudiante. Las metas deben ser realistas y adecuadas a la edad: completar una hoja de redacción sin detenerse, leer 10 páginas de un libro o completar la serie de ejercicios de matemáticas.

Al culminar cada una de las etapas, es recomendable celebrar y felicitar al estudiante, reconocer el esfuerzo que permite alcanzar el resultado.

Como conclusión, Briseño recomienda a los padres tener mucha paciencia y mantener un contacto constante con los profesores para valorar los avances del menor.

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