Escucha esta nota aquí

Tras más de un año y medio de pandemia, este debía ser un verano de reencuentro entre turistas y profesionales del sector, pero la variante ómicron está golpeando con fuerza al país con una media de más de 100.000 nuevos casos diarios. Mientras los veraneantes acuden, el sector de la hostelería no se libra de los contagios y lucha por mantener su actividad. Reportaje en el balneario de Mar del Plata.

Vista al océano, mariscos y carnes a la parrilla en el menú: no hay duda, estamos en la costa atlántica argentina. Este mediodía, el café-restaurante Luperca, en el paseo marítimo, estará lleno, a pesar de que esta temporada de verano es irregular.

"El covid está haciendo estragos con el personal. A veces cerramos porque no tenemos suficiente personal para abrir y trabajar con normalidad", dice Alejandro Soberón, el propietario.

Ritmo infernal

De los seis empleados de la sala, hoy faltan tres, que han dado positivo en Covid-19 o están aislados, por ser casos contacto. Así que, por supuesto, los que están presentes, como Lucas, tienen que trabajar duro: "Yo estoy desde las siete de la mañana, y capaz que a las 12 y media de la noche todavía estoy acá. Hago lo mejor que puedo, pero igual está difícil", explica.

Un ritmo infernal que ni siquiera se puede paliar con la incorporación de nuevos empleados, lamenta Alejandro Soberón: "No encontré a gente que arranque a trabajar de una. No tenemos tiempo ni la posibilidad de capacitarlos. El verano era para disfrutarlo, trabajar, después de tanto tiempo de padecer la pandemia, y en vez de disfrutarlo, lo estamos padeciendo".

Sentimiento de despilfarro

Pablo Santín, secretario general de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (Uthgra) en Mar del Plata, reconoce que estas dificultades afectan a toda la profesión.

A mediados de enero, hasta el 35% de los empleados del sector estaban ausentes a causa del coronavirus, cifra que ha disminuido ligeramente desde que el Gobierno relajó las normas de aislamiento para los casos contacto. "Nosotros recorrimos muchísimo los establecimientos hoteleros y gastronómicos, y notamos que estaban atajando penales todo el tiempo. Se da un servicio malo por ese faltante de trabajadores", comenta Santín.

El resultado es un sentimiento de despilfarro, cuando la temporada, impulsada por las políticas gubernamentales de fomento del turismo interno, prometía ser histórica. Aunque las cancelaciones de reservas fueron limitadas, la variante ómicron, combinada con el estigma de la primera ola de Covid-19, cambió los planes.

"Realmente fue tremendo porque ya de por sí teníamos un problema de faltante de trabajadores. Durante la primera etapa de la pandemia, nuestros trabajadores la pasaron tan mal laboralmente que decidieron irse a cualquier otra actividad donde tengan mejor estabilidad que la nuestra", subraya Santín.

En Mar del Plata, los profesionales del turismo esperan ahora poder recuperar las inversiones realizadas para esta temporada de verano, lo que debería permitirles seguir adelante.

Comentarios