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El país comenzó esta semana con la aplicación de la segunda dosis de las primeras 20.000 vacunas rusas Sputnik V, que llegaron a territorio nacional el 28 de enero.

A estas se suman las 500.000 de Sinopharm, que llegaron ayer desde China, a la espera también de la pronta llegada de las 92.430 de Pfizer-BioNTech, comprometidas por el mecanismo Covax. A estas hay que agregar los 5 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca y la Universidad de Oxford, cuyos envíos están previstos a partir de abril.

Con estos cuatro tipos de vacunas, el país apuesta al plan de vacunación para contrarrestar el coronavirus. Con las dosis que llegaron este miércoles se espera completar la inmunización del personal de salud y luego, se pondrá en marcha la segunda fase del proceso de vacunación, con la inoculación de las personas con enfermedades de base.

Estos cuatro tipo de vacunas precisan de dos dosis para lograr una inmunidad completa.

Pero, ¿qué tan necesaria es la segunda dosis y cómo funcionan cada una de las vacunas por las que apuesta el país?

William Petri, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Virginia, publicó un documento sobre la efectividad de las vacunas si se retrasa la segunda dosis y concluye categóricamente que: “Dos dosis, separadas por tres a cuatro semanas, es el enfoque probado y verdadero para generar una respuesta inmunitaria eficaz a través de la vacunación, no solo para el Covid-19, sino también para la hepatitis A y B y otras enfermedades”.

La primera dosis prepara el sistema inmunológico e introduce al cuerpo el germen. Esto permite que el sistema inmunológico prepare su defensa. La segunda dosis, o refuerzo, brinda al sistema inmunológico la oportunidad de aumentar la calidad y cantidad de los anticuerpos utilizados para combatir el virus.

De hecho, por ejemplo, las estadísticas señalan que, con solo una dosis, la efectividad de la vacuna contra una infección por SARS-CoV-2 ronda el 50%, porcentaje que se incrementa por encima del 90% cuando se suministra la segunda dosis.



LA SPUTNIK V

La vacuna Sputnik V funciona de manera similar a la AstraZeneca, pues contiene material genético de la proteína en forma de espiga del SARS-CoV-2.

Utiliza un virus similar al del resfriado, modificado para ser inofensivo, como portador para llevar al organismo un pequeño fragmento del coronavirus. Al exponerse con seguridad el organismo aparte del código genético del virus, puede reconocer la amenaza y aprender a combatirla, sin correr el riesgo de enfermarse.

Después de ser vacunado, el cuerpo comienza a producir anticuerpos especialmente diseñados para el coronavirus.

Esto significa que el sistema inmune está preparado para combatir el coronavirus cuando lo encuentre de verdad.

Pero a diferencia de otras vacunas similares, la Sputnik V utiliza dos versiones ligeramente diferentes de la vacuna para la primera y la segunda dosis, administradas con 21 días de diferencia. Ambas están dirigidas a la distintiva “espiga” del coronavirus, pero utilizan diferentes vectores: el virus neutralizado que lleva la espiga al organismo.

La idea es que el uso de dos fórmulas diferentes estimula el sistema inmune incluso más que el uso de la misma versión dos veces, y puede brindar una protección más duradera.





LA ASTRAZENECA

La vacuna desarrollada por los investigadores de la Universidad de Oxford es de tipo vector viral no replicante. Contiene un tipo de virus, denominado adenovirus, que es el causante de los resfriados en los chimpancés. Este, que no afecta a los humanos, ingresa en una célula del organismo y usa la maquinaria celular para para producir una porción inocua, es decir, mínima, sin efectos, del SARS-CoV-2 causante del coronavirus. 

Esta porción se llama proteína Spike y se encuentra en la superficie del virus que causa la enfermedad del Covid-19.

Cuando la célula en la que se ha introducido el adenovirus produce la proteína Spike del coronavirus, el sistema inmunitario reconoce a este elemento nuevo como algo extraño. Esto desencadena una respuesta y el sistema inmunitario comienza a crear anticuerpos y a activar otras células inmunitarias para combatir lo que considera una infección.

Al final, el organismo humano aprende a reconocer el coronavirus en posibles futuras infecciones y a generar anticuerpos para que este no se desarrolle y no cause síntomas graves. Esta vacuna tiene la particularidad de que su acción en la célula está dirigida a proteger especialmente los pulmones.





LA SINOPHARM

La vacuna de Sinopharm usa virus inactivados, es decir, la versión no activa del virus, que no produce la enfermedad, capaz de estimular el sistema inmunológico y generar anticuerpos. El ARN del coronavirus está desactivado, pero las espigas (Spike) permanecen intactas.

Una de las principales ventajas es que pueden mantenerse a temperaturas de entre 2ºC y 8ºC, lo que facilita su distribución.





LA PFIZER

Las vacunas de Moderna y la de Pfizer-BioNTech utilizan la tecnología conocida como ARN mensajero (ARNm). Este tipo de vacunas, como explica el Centro para el Control y Prevención de Enfermedad (CDC) de Estados Unidos, enseñan a nuestras células a producir una proteína presente en la superficie del SARS-CoV-2 (al igual que en el caso de la vacuna británica, esta proteína que se produce es la proteína Spike), lo que desencadena una respuesta inmunitaria dentro del organismo.

En estos casos, por tanto, se les da instrucciones directamente a las células del organismo para que estas produzcan una proteína que el sistema inmunitario reconoce como extraña y desencadena una respuesta para eliminarla. Este tipo de vacunas son más difíciles de conservar y son algo más caras. Necesita estar a unos 70º bajo cero.

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