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Después de Israel, Chile empieza a administrar una cuarta dosis de la vacuna contra la Covid-19, mientras el país se encuentra en plena ola de la variante Ómicron. Pero esta estrategia de refuerzo adicional recibe críticas, incluso por la Organización Mundial de la Salud.

Con Justine Fontaine, corresponsal en Santiago de Chile.

Gracias a sus centros locales de salud pública, a las compras de vacunas tempranas, pero también a una fuerte cultura de vacunación, Chile es uno de los países más avanzados del mundo en cuanto al número de dosis de suero antiviral administradas a su población, con cerca de dos dosis y media por cada 100 habitantes. Se trata de un récord entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Abierto a personas mayores de 55 años

Las autoridades chilenas pretenden mantener el impulso. En enero, empezaron a dar una nueva dosis de refuerzo a las personas inmunodeprimidas y luego al personal médico. A partir de este lunes, comienza la campaña de una cuarta dosis para los mayores de 55 años.

Esta nueva etapa en Chile se produce en pleno pico de infección, durante las vacaciones de verano. El país batió varias veces su récord de nuevos casos diarios la semana pasada, sobre todo a causa de la variante Ómicron, más contagiosa. Las autoridades esperan que el número de casos descienda para el inicio del curso escolar a principios de marzo y siguen vacunando a los niños a partir de los tres años.

Reducción de la eficacia y la aceptabilidad

Pero combatir la pandemia con dosis de refuerzo no tiene sentido: esto es, en esencia, lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva diciendo desde principios de año. Hay varias razones para ello.

La primera es inmunológica: la cuarta dosis aumenta el nivel de anticuerpos, como demuestran los estudios israelíes, pero estos anticuerpos son menos eficaces contra la variante Ómicron, ya que las vacunas se siguen diseñando en torno a la cepa histórica de Wuhan.

La otra razón es sociológica. Es una cuestión de aceptabilidad. También en este caso, el ejemplo viene de Israel. La tercera dosis se ha encontrado con su público, que se ha vuelto mucho más reacio para la cuarta.

Personas inmunodeprimidas

Aunque se discute a nivel científico y social, esta cuarta dosis sigue siendo de interés para las personas inmunodeprimidas y de mayor riesgo, ya que les proporciona una protección ciertamente imperfecta, pero que tiene el mérito de existir.

Para el resto de la población, sin embargo, no hay urgencia, especialmente porque Pfizer y Moderna están trabajando en una versión actualizada de su vacuna para adaptarla a Ómicron. Las dos empresas esperan que esté disponible en el verano boreal.


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