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De a poco, la muerte se ha empeñado en escribir una historia paralela sobre el coronavirus en el mundo. Lo que no logran contar los sistemas de salud de todo el orbe, queda esculpido en una lápida o -en los casos más dramáticos- en los números sin nombre de una fosa común y en las cruces torcidas de los cementerios Covid-19. 

En Bolivia, según los datos liberados el lunes 7 de septiembre por el Servicio de Registro Cívico (Sereci), hubo 20.554 muertos más entre enero y agosto de este año, que en el mismo periodo del año pasado. Con el coronavirus como el principal sospechoso de esta tragedia (equivalente a la mitad del aforo del estadio Tahuichi Aguilera), Bolivia pasa a ser uno de los países más afectados por lo que se ha venido a llamar “exceso de muerte”. 

Con una incidencia de 178,73 muertos por cada 100.000 habitantes, esto coloca al país como el segundo peor en este parámetro global, solo por debajo de Ciudad de México, según el índice de The Economist, y por encima de Perú y Ecuador.

Consultado al respecto, Virgilio Prieto, jefe nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud, anunció que Bolivia buscará un asesoramiento internacional, como lo hizo Perú, para aplicar criterios técnicos a este dato. Mientras tanto, Beni, La Paz y Cochabamba, inician la revisión de sus cifras, algo que ya hizo Santa Cruz.

Desde las tumbas

Con Santa Cruz como el centro de la pandemia entre marzo y julio, los silencios de los otros departamentos escondían historias que salieron a la luz de golpe el lunes último, cuando el Sereci hizo públicas las cifras del registro de defunciones hasta el 30 de agosto. 

Ahí se pudo evidenciar que Pando, La Paz y Beni pueden haber sufrido una tragedia menos reportada, mientras el país se encontraba en cuarentena.

En el caso de Pando, las cifras de muertos de 2020 fueron más del doble que las de 2019. Con una población pequeña y joven, en Pando se extendieron entre 13 y 23 certificados de defunción por mes el año pasado. Durante solo el mes de julio, los muertos inscritos en Pando fueron 141.

En agosto esa cifra bajó a 58. En total, en los primeros ocho meses del año, el departamento amazónico registra 149 muertos demás, es decir, un 103% más que el año pasado.

En La Paz, el porcentaje es menor (93%) pero la escala es mucho más grande. En los primeros meses del año, hubo 10.269 muertos más que el año anterior. La mayoría de los decesos se registraron entre abril y julio cuando el reporte de contagios era bajo.

Ayer, Ramiro Narváez, director del Servicio Departamental de Salud de La Paz estaba reunido con su equipo técnico para hacer un relevamiento de información que explique esta cantidad de decesos. 

“Es una preocupación y es un trabajo muy fuerte el que se tiene que hacer. Debemos recurrir a autopsias verbales. Hay un rezago importante y hablaremos con el jefe nacional de Epidemiología para coordinar el trabajo”, dijo.

Narváez explica que julio y agosto fueron los meses más complicados y eso se nota claramente en los datos del Sereci. En julio reporta 5.500 muertes de más y agosto, otras 3.400 de más. Hasta ayer, oficialmente los muertos en La Paz por coronavirus eran 893, 12 veces menos que el exceso de muerte reportado.

Junio, julio y agosto fueron muy complicados para Cochabamba. En esos meses se duplicaron los registros de defunciones y el sistema funerario de la ciudad valluna colapsó, obligando a la gente a sacar a sus muertos por Covid a las calles. 

Hoy reporta oficialmente 1.000 decesos, pero hasta las notarías han llegado 9.381 trámites de defunción en los primeros ocho meses. Eso significa 2.944 decesos más que el año pasado. Casi el triple de lo oficial.

Rubén Castillo, jefe de epidemiología del Sedes Cochabamba, explica que llegó un momento en que fueron rebasados por la tragedia, que se juntaron tantos que ni ellos ni el Instituto de Investigaciones Forenses dieron abasto para realizar las pruebas PCR a los óbitos.

No ha terminado la pandemia y la información es dinámica. Estamos recopilando información de los certificados de defunción. Toda información es dinámica”, explica.

En Beni, lo peor pasó entre abril y junio. En Trinidad, donde se acostumbraba registrar una decena de muertes por día, la cifra llegó a triplicarse. La cifra oficial dice que por coronavirus hubo 341 defunciones en Beni. El Sereci, en cambio, dice que hasta agosto murieron 1.002 benianos más que el año pasado. “Lo que nosotros reportamos son los positivos, los comprobados por PCR. 

Pero tenemos una lista que con sospechosos superan los 700 casos”, dice Hugo Gómez, director del Sedes de Beni. No descarta que las muertes superen las 1.000. cree que el 30% de diferencia entre sus cifras y las del exceso pueden estar entre la gente que falleció sin saber que tenía coronavirus o un mal registro de los familiares.

El modelo cruceño

El sábado último, Santa Cruz hizo crecer el índice de mortalidad observada de Bolivia al ajustar, de golpe su cifra de fallecidos de poco menos de 2.000 a más de 3.000. El Servicio de Salud comandado por Marcelo Ríos se acercó así a la cifra de exceso de muertes que presentó el departamento. Con 3.566 fallecimientos por coronavirus registrados oficialmente, el sistema local se encuentra a 506 casos de su exceso de muerte con respecto a los ocho primeros meses de 2019 (4.071).

“Hay gente que cree que esa cantidad de gente murió en una semana y no es así. Hay personas que fallecieron en abril y en mayo y que han sido incorporadas al registro”, dice.

Las dudas de las cifras que él mismo reportaba comenzaron a surgirle en julio, en pleno pico de la pandemia, justo cuando los laboratorios cruceños se quedaron sin reactivos suficientes. Un día, les llegó una cifra de muertos baja y tanto él como sus colegas habían tenido una jornada dura, con pacientes que no habían resistido a la enfermedad y con personal de salud también fallecido. 

Cuando comenzaron a revisar si los nombres de estos se encontraban en la base de datos, descubrieron que muchos faltaban. Ahí comenzaron a revisar casi manualmente los reportes de las redes y gerencias de salud para subsanar los errores.

Hay que hacer actualizaciones muy serias, de forma tranquila. Si hay que actualizar la cifra hay que hacerlo. No hay por qué ocultarlo”, dice Ríos.

El médico cruceño explica que los filtros que utilizó Santa Cruz para revisar sus cifras se comenzaron a construir un día antes de que Santa Cruz reporte su primera víctima de coronavirus. La principal fuente es el Sistema de Información en Salud, una base de datos del Ministerio de Salud que reporta hechos vitales (nacimientos y defunciones). 

Eso se complementó con los informes diarios que envían las redes de salud (cuatro en la ciudad de Santa Cruz y 15 más en las provincias). “Los registros existían, lo que faltaba mejorar era el flujo de información. De manera personalizada, comenzamos a hacer una revisión”, explicó.

Esto no hubiera sido posible sin la reunión de marzo, en la que el Sedes acordó la forma en la que se recogían los cadáveres. Solo podían ser manipulados por funerarias y personal municipal. Eso evitó que los registros se dispersaran. Se establecieron rutas de trámites que permitió luego hacer una revisión de los casos para identificar a la gente que falleció por Covid-19. 

Ríos explica que este trabajo continuará y asegura que no recibió solicitudes de otras regiones del país para aplicar la metodología local en la revisión de sus cifras.

Si se toma como parámetro el exceso de muertes en el país para saber cuántos casos de coronavirus ha habido hasta agosto en Bolivia, la cifra podría escalar mucho más. Se estima que la letalidad real (no la observada o certificada) del coronavirus está entre el 0,7% y el 1,5%. Eso quiere decir que entre 1,5 millones y 3 millones de personas ya pueden haber sido afectadas por el virus en Bolivia.