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"Eres un guerrero, sólo necesitas un poco de tiempo", dice una enfermera portuguesa para animar a uno de los 25 pacientes con Covid-19 que llenan totalmente la unidad de cuidados intensivos del Hospital Sao Joao, en Oporto.

"A partir de ahora, para responder a una curva epidemiológica que sigue aumentando, tendremos que ocupar otros lugares del hospital", se inquieta el doctor José Artur Paiva, director del servicio de cuidados intensivos de este hospital, que es un referente para todo el norte de Portugal.

Es en esta región donde la segunda ola de la pandemia golpea con más fuerza a este país; en cambio, en la primavera boreal, había logrado evitar la sobrecarga de sus hospitales gracias a un confinamiento temprano, pues el virus llegó más tarde que en otras partes de Europa. 

"Volvemos a tener un ligero retraso este otoño. Es una ventaja, porque nos da más tiempo para prepararnos, pero tenemos que hacerlo", recalca el Doctor Paiva, cuyo hospital tuvo que pasar al tercer nivel de un plan de contingencia de cuatro niveles y cuyo sexto piso se reservó para los casos más críticos. 

En primavera, su capacidad se había duplicado, en detrimento de la atención brindada a pacientes con otras dolencias y en un contexto de confinamiento generalizado que ahora las autoridades quieren evitar.

Nuevas restricciones 

El "miedo a lo desconocido", que marcó la primera ola de la epidemia, se ha desvanecido a medida que los cuidadores han aprendido más sobre el virus y toman mejores decisiones en los tratamientos, explica Patricia Cardoso, jefa de enfermería. 

"Estamos cansados y se nota en nuestros equipos, pero estamos listos para esta nueva batalla", asegura a AFP, aunque lamenta asistir a "un aumento de transmisión comunitaria durante reuniones de amigos", al tiempo que recalca que le corresponde sobre todo a la población protegerse mejor por las cifras "aterradoras". 

De hecho, Portugal y sus diez millones de habitantes llevan varios días publicando cifras galopantes: se superó el umbral de 2.000 nuevos casos en 24 horas a mediados de la semana pasada y el jueves se traspasó por primera vez el de 3.000 contagios diarios. 

Siguiendo los pasos de varios países europeos, que han puesto en marcha nuevas restricciones para frenar la epidemia, el gobierno portugués ha decidido reconfinar a partir del viernes a 150.000 habitantes de tres municipios contiguos situados a unos cincuenta kilómetros de Oporto y limitar viajes por todo el país durante la temporada de Todos los Santos.

"Situación preocupante" 

Para Paiva, este tipo de medidas focalizadas son "la única forma de aplanar la curva epidemiológica y mantener la capacidad de respuesta del sistema de salud". 

A pesar de las deficiencias, el servicio de salud pública portugués experimentó en la primavera "cierto éxito" en comparación con otros países europeos, estima la doctora Teresa Leao. 

"En Portugal, de cada 100 personas con covid, dos murieron, contra casi cuatro en Francia, casi seis en el Reino Unido y ocho en Italia", especifica esta investigadora del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Oporto.

Pero ante esta segunda ola, "la situación se está volviendo preocupante", agrega, porque el país acaba de superar las 1.300 personas hospitalizadas, cifra que se alcanzó en el punto más alto de la primera ola, con alrededor del 70% de la capacidad total del país.

"Los hospitales privados también deben tratar el covid", dice Miguel Guimaraes, Presidente de la Orden de Médicos y urólogo del Hospital Sao Joao. Según esta crítica al gobierno socialista, el país debería superar lo antes posible "los prejuicios contra el sector privado", para sumar sus 13.000 camas a las 21.000 del sistema público.