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"¡Nadie pasa!" En la vertiente italiana del macizo del Mont Blanc se prohíbe el acceso al valle de Val Ferret por la amenaza de desprendimiento de un glaciar, una posibilidad que genera escepticismo entre los habitantes de la montaña.

Una barrera automática y dos guardias bloquean la pequeña carretera de asfalto que serpentea el valle verde, al pie de las Grandes Jorasses y el glaciar de Planpincieux.

Un volumen de hielo estimado en 500.000 metros cúbicos ("el tamaño de la catedral de Milán") amenaza con desprenderse, según las autoridades locales, que ordenaron el miércoles por la noche la evacuación durante 72 horas de una "zona roja" situada más abajo.

En el Valle de Aosta, el pequeño valle de Val Ferret, que en el verano atrae a turistas y amantes de la montaña, está cerca de la famosa estación de esquí de Courmayeur y de la entrada del túnel del Mont Blanc, un eje vital entre Francia e Italia.

La zona afectada se sitúa a por lo menos cuatro kilómetros de la entrada del túnel, y todavía a más de Courmayeur, donde los turistas siguen paseando bajo el sol.

Bloque gigantesco de poliestireno 

En total solo unas 75 personas han sido evacuadas (unos 20 habitantes y el resto, turistas). La evacuación fue "urgente e imperativa", alegó el alcalde de Courmayeur Stefano Miserocchi. Se espera un aumento de la temperatura en los próximos dos días tras un golpe de frío a finales de julio.

El último "boletín de alerta" publicado el viernes confirmó que persisten las "tendencias anormales de temperatura", con variaciones "anormales en las aguas de escorrentía". Por lo tanto el ayuntamiento mantiene "todas las medidas preventivas de Protección Civil" anunciadas, es decir, la evacuación de una treintena de casas y el cierre del acceso al valle.

"Esta situación es particularmente delicada porque perturba el nivel del agua entre el hielo y la roca, y por lo tanto la estabilidad del glaciar", explicó a la AFP Valerio Segor, director de gestión de riesgos naturales para el Valle de Aosta.

"El problema es que el agua no drena lo suficiente y queda como una burbuja debajo del glaciar, lo que corre el riesgo de levantarlo" y de precipitar la caída de su parte más frágil.

En un vuelo en helicóptero, se ve una falla en la parte baja del Planpincieux, desde donde salen dos cascadas de agua hacia el valle. El majestuoso glaciar se aferra a la pared como un gigantesco bloque de poliestireno grisáceo desgarrado por las grietas.

En Courmayeur y en la pequeña localidad cercana de Palud, la evacuación decidida "por urgencia" sorprende y suscita críticas de los habitantes y de los profesionales del turismo, preocupados por el impacto en su actividad.

En este pueblo alpino, los chalets de madera con geranios en los balcones se mezclan con las casas con tejado de pizarra, entre restaurantes con "menú de montaña" y hoteles-albergues.

"He mirado dónde estaba el glaciar, dónde estaba el peligro. El centro de Courmayeur no está en absoluto afectado, de modo que mantuvimos la visita", cuenta Loïc Hamelin, un turista francés que vino a pasar el día con su familia.

"Psicosis" 

Con sus mochilas, los senderistas siguen en las calles y en el comienzo de las rutas, como si nada.

"Esta historia es una broma", dice Rocco, dueño de un hotel en La Palud. "Todos los años, nos hacen lo mismo", afirma, refiriéndose a las autoridades. "Después de la epidemia de Covid-19 es una nueva catástrofe para el turismo", protesta. "Desde ayer recibimos llamadas de clientes preocupados que se preguntan si deben cancelar las reservas cuando en realidad ¡no hay ningún problema!"

"Vivimos en la montaña, así que siempre hay un riesgo. Pero en este caso, es muy, muy, muy bajo", estima otro hotelero, Ludovico Colombati, propietario del "Chalet Svizzero".

Este cincuentón, de cabello canoso, cuya familia lleva "cuatro generaciones en el valle", sabe de lo que está hablando. Su casa, que ha tenido que evacuar, es "la más cercana al glaciar", a algo menos de dos kilómetros de distancia.

Ludovico "lamenta" esta orden de evacuación sin previo aviso. "Con el cambio climático, el calor del verano, el glaciar se mueve, los bloques se desprenden, es normal", estima, enfadado por la "psicosis" de estas administraciones "que se cubren por miedo de tener que asumir la más mínima responsabilidad".

"Varias veces al día desde mi chalet, mis oídos oyen el glaciar que se activa. (...) Es la vida en la montaña, sobre todo cuando vives al pie de una pared", concluye, convencido de que "pasado mañana, todo estará abierto" en Val Ferret.