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Las elecciones presidenciales en Bielorrusia, cuyos resultados se conocen normalmente de antemano, serán un desafío el domingo para el autoritario Alexandre Lukashenko que ha visto emerger por primera vez en años a una oponente inesperada, novata en política y que moviliza a multitudes.

Al frente desde 1994 de esta exrepública soviética enclavada entre la Unión Europea (UE) y Rusia, el presidente bielorruso redobló esfuerzos en las últimas semanas para frenar el ascenso de Svetlana Tijanóvskaya, denunciando un complot con la complicidad del Kremlin para precipitar su caída.

A unos días de los comicios intentó presentar el país bajo su presidencia como un islote de estabilidad y prometió el jueves combatir el "incendio en el corazón de Minsk" que, según él, sus rivales esperan avivar.

Después de haber eliminado a sus principales contrincantes en primavera y a principios de verano -dos de ellos están encarcelados y un tercero se exilió-, el exdirector de sovjós (granjas soviéticas) de 65 años se enfrenta a Svetlana Tijanóvskaya, una profesora de inglés de 37 años.

La campaña de esta novata en política movilizó a multitudes de simpatizantes nunca vistas en todo el país, que piden el "cambio" y exigen derribar los muros de las prisiones bielorrusas.

Ella misma se presenta como una "mujer corriente, una madre y una esposa", que remplazó en poco tiempo a su marido, Serguéi Tijanovski, un bloguero que no pudo presentarse a las presidenciales al ser encarcelado en mayo, cuando ganaba popularidad.

Calificada de "pobre chica" por el líder bielorruso, Tijanóvskaya llamó a sus conciudadanos a dejar de tener miedo de la represión, en un país que nunca ha visto surgir una oposición unida y estructurada.

Por ello, la oponente ha unido fuerzas con otras mujeres: Veronika Tsepkalo, la pareja de un opositor exiliado, y Maria Kolesnikova, la directora de campaña de Viktor Babaryko, un exbanquero que fue puesto entre rejas cuando mostró su intención de presentarse.

En caso de victoria, la candidata prometió permanecer en el poder el tiempo suficiente para liberar a "los prisioneros políticos", organizar una reforma constitucional y nuevas elecciones.

Pero no se ha librado de las presiones. El jueves, su directora de campaña fue detenida brevemente, y sus últimos mítines aún no están garantizados, debido a los obstáculos jurídicos y logísticos levantados por las autoridades.

Temor de fraudes 

La votación del domingo se desarrollará igualmente en un ambiente de desconfianza sin precedentes hacia Moscú, de quien Alexandre Lukashenko es a la vez el aliado más cercano y más imprevisible.

Si bien las relaciones entre los dos "países hermanos" siempre tuvieron altibajos, en 26 años las tensiones nunca han sido tan concretas: para Lukashenko, los "marionetistas" del Kremlin tenían la intención de orquestar una "masacre" de común acuerdo con sus detractores, con la esperanza de reemplazarlo por un presidente más dócil y convertir Bielorrusia en un país vasallo.

El presidente ruso, Vladimir Putin, aseguró este viernes que no quiere desestabilizar a su vecino. "La parte rusa tiene interés en que la situación política interna sea estable en Bielorrusia, y que la elección presidencial se realice en una atmósfera de tranquilidad", dijo el Kremlin en un comunicado.

A finales de julio, las autoridades bielorrusas detuvieron a 33 rusos, presuntos mercenarios del opaco grupo militar privado Wagner, conocido por ser cercano al poder ruso.

Moscú rechazó estas acusaciones, y denunció un "espectáculo" electoral, del que pagaron el precio los 33 rusos, "culpables de nada" y "en tránsito" hacia otros países.

El martes, Alexandre Lukashenko insistió en un discurso que "no abandonará el país" en manos de Moscú. Después, el ejército le declaró su "total apoyo" y se organizaron maniobras militares en la frontera.

La oposición, que dice temer fraudes, previó organizar su recuento de votos y pidió a los electores que les envíe fotos de sus papeletas. También instó a sus partidarios a llevar una pulsera blanca en los colegios electorales en señal de apoyo.

La Unión Europea también denunció el viernes los obstáculos a la campaña de la oposición y pidió que la elección presidencial sea "pacífica, libre y justa".

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que observa las elecciones en sus Estados miembros, no estará presente por primera vez desde 2001 por no haber sido invitada a tiempo.

Las autoridades bielorrusas justificaron además el número reducido de observadores electorales nacionales debido a la epidemia de coronavirus.

Por otro lado, las autoridades bielorrusas anunciaron este viernes, más de treinta años después de la catástrofe de Chernóbil, que cargaron con combustible su primera central nuclear, concebida y financiada por Rusia pese a la oposición de la vecina Lituania.