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POR: THE CONVERSATION

El 6 de agosto los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU emitieron una recomendación sobre el mantenimiento de mascarillas en interiores. Se basaban en un informe en el que se hablaba de que los vacunados tenían la misma carga viral en sus vías respiratorias altas que los no vacunados. Desde entonces, la polvareda que se ha levantado al respecto ha sido considerable. Algunos han aprovechado, en un alarde de imprudencia falaz e insensata, para asegurar que, si esto es así, la utilidad de vacunarse queda en entredicho.

Hasta el momento, las técnicas moleculares de detección de ARN del virus a través de la tecnología de RT-PCR y los tests de detección de proteínas y antígenos virales son los principales métodos de detección del virus SARS-COV-2. Su principal objetivo es el diagnóstico de pacientes infectados. Ambos presentan limitaciones y ventajas según uso, frecuencia y estado del paciente, sintomático o asintomático.

En relación con la RT-PCR, varias son las publicaciones donde se muestra que el valor de Ct, o la carga viral relativa, a nivel individual, no puede predecir la transmisibilidad del virus.

Por otro lado, los tests de antígenos presentarían como principal limitación el elevado porcentaje de falsos negativos de los mismos durante el periodo de incubación o estado presintomático del paciente infectado según datos recientes.

Una revisión reciente analiza si las técnicas de RT-PCR y los tests de antígenos podrían predecir la infectividad del virus SARS-CoV-2. Su conclusión es que, por el momento, ninguna de estas técnicas por sí solas podrían predecir la capacidad de contagio del paciente. Por lo tanto, sería necesario establecer un contexto clínico asociado a los síntomas y el tiempo de evolución para informar sobre la interrupción del aislamiento en pacientes con covid-19.

¿Los vacunados pueden contagiar igual que los no vacunados?

En un estudio realizado por el Instituto Pasteur recientemente, los investigadores han estimado que las personas no vacunadas tendrían un riesgo del orden de 12 veces superior de transmitir el virus que aquellos que sí se han vacunado.

En otro estudio, realizado en Estados Unidos con 204 sanitarios que atendían a pacientes en primera línea y que fueron positivos, las vacunas de ARNm fueron altamente efectivas en prevenir la infección por SARS-CoV-2. Solo se detectaron 5 casos en personas completamente vacunadas, quienes mostraron una menor carga viral, magnitud de los síntomas y duración de la enfermedad con respecto a los parcialmente vacunados o no vacunados.

En esta línea, un trabajo del Imperial College de Londres (Reino Unido), en una situación de variante delta mayoritaria, las personas completamente vacunadas tendrían una reducción del 50-60% del riesgo de infección (incluso asintomática) frente a no vacunados.

Asimismo, en Holanda, una investigación realizada para analizar la efectividad de la vacuna para evitar la transmisión entre vacunados y contactos cercanos del hogar concluyó que estas mostraban una efectividad contra la transmisión de alrededor del 70%.

Es decir, las personas vacunadas completamente son menos contagiosas que las que no se vacunan, y además, según datos compartidos hace unos días, todavía pendientes de revisión por pares, los vacunados eliminarían de su organismo el virus de forma mucho más rápida que los no vacunados. Esto incluso en presencia de la variante delta predominante.

En otras palabras, si se ha vacunado, va a ser bastante menos contagioso para otros que si no lo ha hecho. El virus se elimina de su cuerpo más rápido. Incluso si su infección es por delta.

A la vista de los resultados observados, parece claro que las vacunas actuales son capaces de evitar en cierta medida la transmisión del virus entre personas vacunadas. Hay discrepancias en los datos, seguramente debidas a las diferencias entre las poblaciones, las variantes circulantes, la prevalencia de vacunación y otros factores. Se desconocen los mecanismos concretos que ocasionan este hecho. Uno de ellos podría ser la presencia de IgA en saliva y mucosa oral tras la administración, aunque no podemos estar seguros. Faltan datos para asegurarlo.

En todo caso, que seamos capaces de disminuir la transmisión entre personas vacunadas nos va a ayudar a controlar de forma más rápida la pandemia, sin menoscabo del cumplimiento de otras medidas como el uso de mascarillas en interiores, ventilación y otras medidas no farmacológicas.

A pesar de la extraordinaria utilidad de las vacunas como herramienta de control de la pandemia, el porcentaje global de vacunación aún debe subir más. No olvidemos que estamos en una etapa de la pandemia en la que la variante delta nos obliga a estar vigilantes y proactivos.

Si queremos acabar con esta pandemia, debemos proporcionar acceso a las vacunas a países y zonas sin esa posibilidad en la actualidad.

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