El rock latinoamericano amaneció con un silencio distinto. La partida de Felipe Staiti, confirmada el lunes por la noche, dejó una vacío en varias generaciones que crecieron al ritmo de las Guitarras blancas, La muralla verde y la Eterna soledad entre otras de las melodías inolvidables de Enanitos Verdes.
Staiti, que estaba ingresado hace una semana en el Hospital Italiano de Mendoza, tenía 64 años cuando partió.
La noticia, confirmada en Mendoza —su tierra— fue recogida este martes por medios como Mendoza On Line (MDZ) y otros de la vecina nación de Argentina. Además, desató una ola de mensajes de despedida en varios países de la región, incluida Bolivia, que coincidían en un mismo punto. No se iba solo un músico, se apagaba una forma de sentir el rock, la de los Enanitos Verdes.
Staiti fue más que un guitarrista virtuoso. Fue el sostén silencioso de una banda que atravesó décadas, crisis y transformaciones sin perder su esencia. Desde los años 80, cuando el grupo comenzó a abrirse camino en plena dictadura argentina, su sonido ayudó a construir himnos que cruzaron fronteras.
En una entrevista que Staiti concedió en noviembre de 2023 a El Comercio de Lima, donde, tras la muerte de Marciano Cantero en 2022, asumió un desafío que pocos hubieran imaginado que era ponerse al frente de la banda.
“Aunque ya no somos el trío… seguiremos heridos, pero vivos”, dijo entonces, con una honestidad que hoy resuena con más fuerza.
No intentó reemplazar a su amigo Marciano. Nunca fue esa su intención. “Él es irreemplazable”, sostuvo con firmeza. En lugar de eso, eligió seguir adelante, cargar con la historia y transformarla en presente. Convertirse en voz sin dejar de ser guitarra. Liderar sin perder la esencia.
Esa decisión definió su última etapa. Una lucha constante contra el dolor, contra el tiempo y contra su propio cuerpo. Según reportes recogidos por Mendoza On Line (MDZ), su salud se fue deteriorando tras complicaciones derivadas de una infección bacteriana contraída durante una gira, agravada por condiciones preexistentes que debilitaron su organismo.
Aun así, no se detuvo.
Semanas antes de su partida, la banda celebraba un logro histórico: Lamento boliviano superaba las 1.000 millones de reproducciones en plataformas digitales, confirmando que su música seguía viva, latiendo en nuevas generaciones.
Porque si algo definió a Staiti fue esa convicción casi obstinada porque entendió a la música como refugio.
“La música tiene el poder de salvarnos la vida”, dijo alguna vez. Y lo dijo sin pose, como quien ha encontrado en el escenario una forma de sostenerse cuando todo lo demás tambalea.
Felipe Staiti no buscó protagonismo. No fue el rostro más visible, pero sí una de las columnas más firmes del rock en español. Su guitarra acompañó, sostuvo y elevó canciones que hoy forman parte del ADN cultural de América Latina.
La familia del músico informó este martes, tras agradecer los mensajes de solidaridad, a través de las redes sociales de la banda que no habra velorio ni otros homenajes.
“Con profunda tristeza despedimos al querido Felipe Staiti, un talento inmenso de nuestra tierra y pieza fundamental de la historia del rock mendocino. La cultura de Mendoza pierde a uno de sus guitarristas más brillantes e irreemplazables”, afirmó Diego Gareca, secretario de Cultura de Mendoza, tras recordar que el músico era solidario y estaba dedicado a apoyar a nuevos talentos.
Su partida cierra un ciclo. El último fundador de los Enanitos Verdes se despide, y con él se va una época. Pero su sonido —ese que parecía sencillo y, al mismo tiempo, profundamente emotivo— seguirá ahí, en cada acorde que alguien toque intentando entender por qué algunas canciones no envejecen nunca.
Porque hay músicos que pasan.
Y hay otros, como Staiti, que se quedan para siempre.