Para Lina Meruane, la escritura nunca ha sido un ejercicio de complacencia ni una búsqueda de reconocimiento. Es, más bien, una necesidad vital. Desde sus primeros textos, marcados por las tensiones del paso de la niñez a la adultez, hasta sus reflexiones sobre la enfermedad, el feminismo y Palestina, su obra ha estado guiada por las preguntas que la inquietan y por las urgencias que la realidad le impone.
En esta entrevista, Meruane, escritora chilena, habla sobre su manera de escribir, la enseñanza de la literatura, las nuevas voces latinoamericanas y su participación en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra.
- ¿Por qué escribe Lina Meruane?
Necesitaba escribir porque soy una lectora y me parecía que era la manera más evidente, más natural para mí de expresar muchas cosas. Escribo sobre aquello que me preocupa y me interpela. Empecé escribiendo sobre el paso de las niñas hacia la adultez y los procesos de educación, opresión y violencia que atraviesan en ese tránsito. Después me interesó la enfermedad y los cuerpos vulnerables, un tema muy cercano para mí porque tengo una condición desde pequeña; crecí con padres médicos y conozco muy bien el lenguaje y los procedimientos de la medicina. Ese interés se convirtió en varias novelas y también me conectó con otros temas en la ensayística, como el feminismo y las maternidades. He escrito siempre siguiendo mis propias urgencias y no los temas que están de moda.
- ¿Y esas urgencias de escribir aparecen con frecuencia?
No escribo todos los días. No tengo una rutina de sentarme cada mañana a trabajar ocho horas. Respeto mucho a quienes lo hacen, pero no es mi manera de proceder. Yo escribo cuando siento una necesidad muy fuerte, cuando un texto realmente me llama. Y entonces sí puedo pasar doce horas seguidas escribiendo sin moverme de la silla. La realidad está llena de situaciones tan violentas, contradictorias e incomprensibles que escribir me ayuda a apaciguar la angustia cotidiana. Además, me permite explorar preguntas sobre la ambigüedad y las contradicciones del mundo. Cuando escribo ensayo es porque tengo algo muy directo que necesito decir; cuando trabajo la ficción, en cambio, quiero explorar esas preguntas de manera más sinuosa, sin llegar necesariamente a respuestas definitivas.
- ¿Actualmente sigue vinculada a la docencia universitaria?
Sí. Durante muchos años di clases de literatura desde una perspectiva más académica, analizando textos y sus contextos culturales, políticos y sociales. Pero hace tres años me incorporé a la Maestría de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York, que además es la universidad donde yo me formé. Ahora doy clases de escritura creativa. Hay análisis, por supuesto, pero enfocado en las técnicas y en la comprensión de las formas de escritura.
- ¿Se puede enseñar a ser escritor?
Claro que sí. Hay dos dimensiones fundamentales en la creación literaria. Una es el imaginario del autor: su mirada sobre el mundo, los temas que le interesan, las obsesiones que tiene. Y la otra es la hechura del texto.
- ¿La hechura?
Sí: la estructura, el estilo, el ritmo, las imágenes, los recursos retóricos, incluso la corrección o incorrección del lenguaje. Todo eso puede enseñarse y pulirse. Lo que no puede enseñarse es el imaginario. Hay autores que tienen imaginarios poderosísimos, originales o incluso raros, y eso no se puede fabricar ni educar.
¿Cómo trabaja entonces con sus estudiantes?
Hacemos mucho análisis de textos de otros autores y también ejercicios a partir de esas lecturas. Además, comentamos intensamente los textos de los compañeros. Yo siempre les digo que hay que aprender a leer como escritor. Analizamos cómo están construidos los textos, si los recursos elegidos funcionan para contar el mundo o la escena que quieren transmitir. También reflexionamos sobre cuánto un texto confirma los lugares comunes de la cultura y cuánto los cuestiona o contradice. Me interesa que mis estudiantes entiendan cuándo una escritura simplemente reproduce ideas instaladas y cuándo realmente se atreve a ir a contrapelo del sentido común para explorar la complejidad humana.
- ¿Cómo ve la literatura latinoamericana actual?
Creo que estamos viviendo un momento muy interesante, especialmente por la fuerza de muchos autores jóvenes que están trabajando desde lo especulativo o desde el realismo temas que antes no tenían tanta presencia en la literatura. En Bolivia hay autores extraordinarios. Pienso, por ejemplo, en Liliana Colanzi, Giovanna Rivero, Magela Baudoin y Maximiliano Barrientos. Son voces muy distintas entre sí, pero realmente poderosas. En Chile también hay una generación muy interesante. Pienso en Alia Trabucco Zerán, en Arelis Uribe, en Paulina Flores y en muchos otros autores jóvenes que vienen escribiendo con muchísima fuerza.
- ¿Qué significa para usted participar en la próxima Feria Internacional del Libro de Santa Cruz?
Estoy muy contenta de volver a Bolivia. Ya había estado antes en La Paz y me fascinó; me pareció una ciudad completamente distinta, casi de otro mundo, por su topografía, su cultura y su gente. Y ahora tengo muchas ganas de conocer Santa Cruz de la Sierra. Las ferias siempre son oportunidades para establecer conversaciones, ampliar lecturas y encontrarse con nuevos públicos. Además, voy a presentar un libro que me importa muchísimo: ‘Matarlo todo’, publicado por Mantis, una compilación de textos escritos durante estos últimos años sobre Gaza y Palestina.
Es un libro donde reflexiono sobre el colonialismo, el capitalismo extractivo y la destrucción de comunidades enteras. Y siento que son temas sobre los que muchas veces no existe suficiente información o reflexión pública.