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A Oriente le resultó sencillo el clásico revancha. No tuvo más que aprovechar la oferta de desaciertos defensivos que le hizo Blooming en su zaga para acabar feliz y contento. Se le simplificaron las cosas de entrada al sacar ventaja de una defensa que marca poco (y mal). En la primera llegada a fondo, ‘Pancho’ Rodríguez envió un centro al aérea chica, donde llegó Azogue, con una fe que movía montañas, y metió el cabezazo letal para poner el 0-1.

Blooming adelantó líneas en busca de la igualdad, situación que simplificó la tarea ofensiva de Oriente porque le otorgó posibilidades para el contragolpe y le amplió las chances de acercarse al segundo gol por la fragilidad de la línea defensiva rival.

De un tiro libre sin mayores consecuencias nació el segundo albiverde. La pelota rechazada por Pérez cayó en el área, Meza se quedó con ella ante la pasividad de los defensores y sacó tajada. El venezolano se acomodó dentro del área y colocó el tiro lejos del alcance de Suárez.

Blooming apostó a su punto fuerte en el intento de llegar al gol, pero entre Viscarra, Mostasilla y García se encargaron de neutralizar todas las intenciones de un ataque celeste, que no estuvo tan acertado como otras veces.

Oriente se fue tranquilo al descanso, con dos goles en el bolsillo y la certeza de que llegar al gol era cuestión de tener paciencia, tarde o temprano llegarían los goles, ya sea por virtudes propias o regalos ajenos. Y así fue. Bocchino se encargó de facilitar el tercero. Perdió la pelota ante Algarañaz, que se tomó revancha de algunas críticas y definió con calidad ante Suárez.

El fútbol está hecho de aciertos y errores, es verdad. El mérito de Oriente fue no perdonar errores ajenos.

Aunque este partido también dejó una certeza, que, a veces, no hay mejor ataque que una mala defensa.  

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