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César Farías asumió nuevamente la responsabilidad de la derrota de Bolivia ante Venezuela. Lo había hecho otras veces, y volvió a hacerlo. Es algo bastante común en el fútbol, pero no podía ser de otra manera tras lo sucedido el viernes en Barinas, donde el seleccionado nacional empezó a despedirse definitivamente del Mundial de Catar 2022.

El planteamiento elegido por el director técnico fue una de las causas del fiasco en un partido en el que la Verde estaba a obligada a ganarle a la Vinotinto para fortalecer sus aspiraciones de clasificación a la Copa del Mundo.

Anticipamos en Diez sobre el riesgo de insistir con una defensa improvisada, ubicando a habituales laterales como zagueros conformando una línea de tres en el fondo, y un solo marcador central. Y ocurrió lo mismo que en otros encuentros en los que la fragilidad defensiva atentó contra la suerte del cuadro nacional.

El venezolano Salomón Rondón, un experimentado atacante con cualidades goleadoras, se encargó de hacer trizas la estrategia boliviana. Apeló a todo su oficio para descolocar al juvenil Jairo Quinteros y darse un festín, con tres goles, provocando la séptima derrota boliviana en canchas venezolanas por las clasificatorias.

Farías paga caro, una vez más, su tendencia a experimentar en una zona donde sus colegas apelan normalmente a lo viejo conocido en busca de seguridad en la retaguardia para sostener a sus equipos. Casi todas las selecciones tienen las defensas “de memoria”, Bolivia, no.

José Pekerman, por ejemplo, prefirió no inventar nada raro en su primer partido como entrenador de la selección venezolana. Prefirió lo viejo conocido.

¿Tendrá que ver con uno que jugó al fútbol y el otro no? ¿El que jugó evita los riesgos innecesarios en base a su experiencia y el que basa todo en la teoría cree que todo puede funcionar en la cancha como en la pizarra?

A eso se suman los errores individuales, en algunos casos provocados por esa falta de oficio para cumplir un rol que no les es habitual, sumado a que no es lo mismo jugar en el llano que en la altura (caso Ramallo, por ejemplo).

Lo cierto es que Bolivia y Farías tropezaron en la misma piedra y la Verde terminó goleada, afectada anímicamente, desdibujada, disminuida y un poco más lejos de los puestos de clasificación a raíz de su caída y de las valiosas victorias de Perú y Uruguay.

Ahora tiene que recibir a Chile con la necesidad de ganar, aunque ahora así consiga los tres puntos y pierdan los que están más arriba, no logrará ingresar a la zona de clasificación, porque quedó a cuatro puntos de distancia de Uruguay, que tiene 19 unidades, y de momento se adjudica la media plaza al Mundial, con la posibilidad de jugar el repechaje con una selección de otro continente.

El entrenador de la selección nacional asume la responsabilidad, y está bien que lo haga porque tiene mucho que ver con la pobre presentación, el problema es que nadie devuelve los puntos perdidos.

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