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Bolivia se defendió con uñas y dientes. Aguantó las arremetidas de Chile, trastabilló, pero se puso de pie, reaccionó a tiempo y pudo rescatar un punto en el estadio San Carlos de Apoquindo, en Santiago.

Igualó 1 a 1 y alargó la racha de resultados positivos tras un mal inicio en las clasificatorias, y ya son tres los encuentros en los que suma unidades que la ayudan a escalar, de a poco, en la tabla de posiciones.

El seleccionado nacional tuvo la voluntad de lucha y el sacrificio necesarios para aguantar los embates de un adversario que se le fue con todo de entrada en busca de los puntos que lo metan en el grupo de aquellos que disputan los cupos directos a la Copa del Mundo.

Sufrió bastante, pasó por apuros, pero esa entrega y convicción para pelear hasta el último aliento esas pelotas que merodeaban el área, por momentos tuvo como aliada a la fortuna, esa diosa que nunca está de más que esté de nuestro lado.

Carlos Lampe fue exigido de todas formas. Con centros desde distintos lugares y distancia, con arremetidas individuales, con intentos colectivos, pero siempre se dio modo para cerrarle las puertas al gol chileno.

Fue un partido muy parecido al de la anterior eliminatoria, que también culminó empatado, aunque en aquella ocasión sin apertura del marcador. La noche en que el esfuerzo fue vano porque lo conseguido en cancha se esfumó en mesa, por la actuación irregular de Nelson Cabrera.

Manos salvadoras

Esta vez el punto va a las alforjas del equipo boliviano, que con esta unidad llega a cinco puntos, se mantiene en el octavo lugar, cerca de la mitad de la tabla, pero no tan lejos del abismo.

Por eso era imperioso ganar anoche, para alejarse del fondo y mezclarse en el medio en esta eliminatoria en la que todos, a excepción de Brasil, que funciona como una máquina procesadora de triunfos, empezaron a ceder terreno incluso en condición de local, tornándola muy pareja, con mucho por delante.

El punto sirve, obviamente, sobre todo para fortalecer el ánimo y levantar la autoestima futbolística de una selección que necesita crecer para poder empezar a jugar de igual a igual y aspirar a cosas mayores.

Anoche, en tierra chilena, tuvo que aferrarse a una estrategia defensiva para equiparar fuerzas con un adversario que venía envalentonado al igualar en condición de visitante con Argentina.

Bolivia también había hecho lo suyo ante Venezuela, aunque jugando en casa, y se presentaba ilusionada con continuar lo hecho en Asunción de Paraguay en la primera etapa de las eliminatorias.

César Farías metió mano en el equipo y no dudó en cambiar jugadores pensando en el rival y también el hecho de jugar de visitante.

Por eso incluyó de entrada a Boris Céspedes y dejó como alternativa a Juan Carlos Arce, y lo incluyó en el segundo tiempo, cuando el equipo requería de alguien que ayude a controlar la pelota para tratar de frenar el ímpetu del cuadro chileno.

Céspedes, que en La Paz había estado en el banco de suplentes, le aportaba la vitalidad necesaria para colaborar en el trajín del medio campo, para cooperar con el esfuerzo realizado en la contención por Leonel Justiniano, uno de los valores más regulares en los dos partidos de esta fecha doble de eliminatorias.

Bolivia aguantó replegando líneas constantemente, agrupando hasta seis jugadores en la última línea. De a poco, Farías fue aumentando gente delante de la última zaga. Por ejemplo, salió Henry Vaca para dejar su lugar a Enrique Flores. Un lateral por un atacante, para seguir fortaleciendo una zona que no daba abasto ante la presión de un seleccionado chileno que empezaba a agotar sus ideas y su paciencia en la búsqueda insistente del triufo que quería y necesitaba, pero que no llegaba.

Definición perfecta



Sin embargo, la muralla verde cedió por un momento y casi se viene todo abajo. Fue en el minuto 69, cuando hubo un descuido ante un movimiento inusual del mediocampista Pulgar, que ingresó al área cuando todos salían, y cabeceó un centro de Aránguiz, ante la dubitación de Carlos Lampe. El arquero boliviano salió y frenó, a medio camino, y la pelota se metió en el arco nacional.

Parecía el final de la historia. Pero Bolivia no perdió la fe y con las pocas fuerzas que le quedaban de tanto evitar que Chile lograra su cometido ofensivo, reaccionó, empezó a salir de su zona defensiva y por momentos encontró mal parada a la zaga chilena.

En una de esas, el optimismo goleador de Marcelo Martins le brindó la posibilidad de empatar el partido. El atacante de Cruzeiro, hoy pretendido por varios equipos sudamericanos, algunos de ellos argentinos, sacó un remate forzado, un tanto incómodo, que se encontró con el brazo de Maripán, y el árbitro paraguayo Eber Aquino decretó penal.

Martins agarró la pelota y la puso en el punto penal. En ese momento sacó a relucir toda la experiencia, no hizo caso a lo que le decía el arquero Bravo, y definió con gran traquilidad, descolocando al cuidapalos trasandino.

Era el gol del empate que premiaba el inmenso sacrificio de un equipo que supo sufrir y que no se dio por vencido.

Otra vez Martins se convertía en el abanderado de una alegría nacional, y ratificaba su condición de máximo artillero de las eliminatorias.

El gol de la igualdad llegó en el minuto 81. Todavía quedaba por delante mucho por jugar, tomando en cuenta el descuento. Pudo perderlo, pero también casi lo gana, con un remate de Junior Sánchez que había ingresado por Martins.

Bolivia fue a Chile con la convicción de traerse algo, y volvió con un punto que suma y la ayuda a seguir soñando.

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