Escucha esta nota aquí

Bolivia apuesta a la planta fotovoltaica más grande y alta del mundo, ubicada en la población altiplánica de Ancotanga, con más de 300.000 paneles fotovoltaicos emplazados en 214 hectáreas. ¿El objetivo? dejar de depender de los combustibles fósiles y proyectar un futuro de energías renovables. 

La gran apuesta del Gobierno boliviano es la electricidad en base a fuentes renovables frente a una menor producción de gas por la declinación de algunos campos y en ausencia de descubrimientos de nuevos pozos ante la falta de inversión. Bolivia ha firmado adendas en sus contratos de exportación de gas con Brasil y Argentina para disminuir volúmenes en los dos últimos años, según reporta el diario económico Gestion.pe en una nota elaborada por la agencia Reuters.

El plan nacional contempla la sustitución de los combustibles fósiles para que Bolivia pueda exportar electricidad a partir de la planta de Ancotanga, junto a otras similares y tres plantas eólicas.

Franklin Molina, ministro de Hidrocarburos y Energías, señala que el objetivo es diversificar la matriz energética del país incorporando fuentes de energía renovable y amigables con el medioambiente en reemplazo del consumo de combustibles fósiles. “Como país hemos trazado una línea para lograr una robustez de nuestra matriz eléctrica”, dijo. “Nuestro país tiene una potencialidad enorme en cuanto a fuentes de energías renovables, el aprovechamiento está por debajo de 10%”.

Bolivia tiene la capacidad instalada para generar cerca de 3.800 megavatios (MW) y el consumo interno apenas llega a 1.600 MW, por lo que los planes de exportación de electricidad en vez de gas son parte de los objetivos del país, según reporta el ministro Molina.

Ante la gran oferta de electricidad, la autoridad explicó que el Gobierno lanzó una serie de incentivos de carácter impositivo para la importación de vehículos eléctricos e híbridos, y la instalación de plantas de ensamblaje de ese tipo de vehículos.

Actualmente, el país utiliza energía solar, eólica, hidráulica y de biomasa, pero depende principalmente de las centrales termoeléctricas (71%), que consumen el gas natural que se exporta a la Argentina y Brasil.

“Vamos a ir incrementando la potencia disponible de las energías renovables y ese gas que en este momento está siendo destinado para el consumo de electricidad va a ser destinado a la exportación”, señaló el ministro de acuerdo con la nota de Reuters.

La producción de gas natural en Bolivia está en alrededor de los 44 millones de metros cúbicos día (MMm3/d), un 28% menos en comparación con 2014, según datos oficiales.

El exministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, considera que las exportaciones de gas boliviano atraviesan un momento “muy frágil”, porque el país no tiene la capacidad de cumplir las exigencias de los mercados argentino y brasileño.

Asimismo, la planta de amoníaco y urea precisa del gas boliviano para producir, además de las fábricas de cemento, la industrialización de yacimientos de hierro y la postergada industria petroquímica, entre otros proyectos.

Subsidios

El problema para la economía boliviana no es solamente sustituir el uso del gas con otras energías, sino también resolver la subvención estatal a los combustibles, según refiere Medinaceli.

“La verdadera reconversión de la matriz energética pasa por eliminar subsidios no hay la posibilidad para que energías renovables puedan competir con el precio del gas subsidiado”, dijo.

La importación anual de combustibles le cuesta al Estado boliviano alrededor de $us 1.200 millones anuales, pero además pierde unos $us 300 millones en la subvención, de acuerdo con información oficial.

“Hay un uso desmedido del gas natural justamente porque es barato. En ese contexto, pedirle a la gente que utilice energía solar o energía eólica es muy difícil porque estas energías son más caras que un gas natural subsidiado”, agregó Medinaceli.

Comentarios