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La Aduana Nacional, anunció el lanzamiento de un plan de lucha contra el contrabando textil en las fronteras. El Gobierno iniciará una patrulla aérea con helicópteros en las fronteras con Argentina, Brasil y Paraguay a partir de la presente semanana.

De acuerdo con fuentes oficiales de las cámaras industriales, gran parte de los cierres y declive de la producción se atribuye a los altos índices de contrabando textil que supera una facturación de $us 60 millones anuales. Así, la industria textil boliviana cumple siete años de bajas constantes con el cierre de más de 100.000 empresas y emprendimientos, acompañada de la pérdida de miles de empleos.

La ropa usada o prendas de vestir de segunda mano son los productos que más se comercializan en el país de manera ilegal e ingresan sin el pago de impuestos. Las prendas de vestir cruzan las fronteras terrestres del país para ser comercializadas en las principales ciudades, con precios públicos inferiores a los costos de producción nacional, lo que golpea los talleres de confección y calzados, principalmente.

Se estima que en 2020 y en pleno confinamiento por la pandemia, ingresaron al menos 7.000 toneladas de prendas de vestir de contrabando en el país, afianzando la competencia desleal y profundizando el vacío en la industria que cada vez se debilita más.

En este sentido, la semana pasada el nuevo Gobierno anunció además de la patrulla fronteriza, incentivos y préstamos para los industriales textiles y un plan de reactivación para recuperar el valioso tejido manufacturero.

Pérdidas millonarias

El país perdió $us 352,7 millones por la ropa que entra de contrabando a Bolivia, según datos de la Aduana y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Javier Bellott, presidente de la Federación de Entidades Empresariales de Cochabamba, explicó que son tres las formas principales que generan la pérdida.

Primero, se trata de un sector que no paga impuestos, pese a que mueven grandes cantidades de dinero.

Debido a que la mercadería entra de contrabando, tampoco se pagan aranceles a la Aduana; ésa es otra forma de pérdida de recursos. Finalmente, por la competencia desleal que lleva a la gente a no consumir lo que se produce en Bolivia y con mano de obra nacional.

En este sentido, más de 15.300 comerciantes se dedican a tiempo completo a la actividad de compra y venta de prendas usadas. (un 10% tiene una tienda, y el 90% se mueve en ferias, bajo toldos). Bellott teme que esta cifra pueda aumentar dada la gran cantidad de gente que se quedó sin trabajo por la crisis económica y que está encontrando ingresos en la informalidad.

“Hay un problema muy serio que estamos encarando que es la falta de empleo y es en el comercio informal donde la gente encuentra ingresos y empleos. Se necesita ampliar las áreas productivas”, precisó el dirigente.


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