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Definida como la aplicación de nuevas ideas, productos, conceptos, servicios y prácticas a una determinada cuestión, la innovación se ha vuelto un diferencial importante para las empresas, ya que les permite aprovechar los recursos para obtener mayores beneficios.

Pero la innovación no es un elemento que atañe solo a las firmas, sino a los países. Por ello, cada año la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual elabora el Índice Mundial de Innovación.

El informe de 2020 revela que Bolivia mejoró su posición general con respecto a la de la pasada gestión, pasando del lugar 110 en 2019, al 105 este año (entre 131 países). Lo que no ha cambiado, es el sitio que ocupa el país a escala regional: penúltimo (este año solo supera a Guatemala y el año pasado hizo lo propio con Nicaragua).

De los siete indicadores que mide el estudio: procesos creativos, capital humano e investigación, sofisticación de negocios, infraestructura, sofisticación de mercado, proceso productivo de conocimientos y tecnología, e institucionalidad, Bolivia mejoró sus notas en los primeros tres y las empeoró en los restantes cuatro.

A decir de Luis Barbery, titular de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la posición del país refleja la naturaleza de la economía nacional, la cual mayormente se concentra en los recursos naturales, procesos primarios y de bajo valor agregado.

Y es que, en general, según Barbery, lo que se produce en Bolivia tiene poca complejidad y escasa tecnología incorporada. Ello causa que la economía esté expuesta a shocks de precios y demanda, tal como sucede con el gas natural, los minerales y los productos agropecuarios, que son commodities.

Por su parte, Gabriela Jiménez, presidenta de Juventud Empresa, considera que el nivel de innovación en Bolivia es bajo debido a dos razones: el Estado no invierte en innovación y las grandes empresas por lo general tampoco lo hacen, especialmente en startups que, una vez maduras, podrían ser adquiridas por las mismas firmas.

“No podemos esperar que la innovación venga de organizaciones con una estructura tan pesada que les imposibilita moverse y adaptarse rápido para solucionar problemas de una manera única y eficiente”, sostiene Jiménez.

Si bien hay mejoras con respecto a la gestión pasada, señala Liliana Serrate, subgerenta de Santa Cruz Innova de Cainco, el desafío de la innovación sigue siendo bastante grande para Bolivia y América Latina. El reporte establece que, en relación con el PIB, el país se está desempeñando por debajo de las expectativas de innovación para su escala de desarrollo.

Serrate explica que la relación positiva entre innovación y desarrollo requiere un trabajo articulado entre el sector privado, el sector público y la academia para fortalecer primeramente el sistema educativo, como promotor clave del desarrollo de la I+D (Investigación y Desarrollo) y por otro lado la compañía, enfocada en un motor productivo con mayor grado de diversificación.

Para el economista José Alberti, el país presenta una baja capacidad para innovar (en diferentes facetas multidimensionales). Las mismas están asociadas al deterioro institucional en los últimos 14 años, la falta de políticas públicas de financiamiento para la innovación y acciones concretas que promuevan los emprendimientos tecnológicos, y la economía circular.

Impacto negativo

Al ser bienes de baja complejidad los que se producen en el país, según Barbery, son reproducibles en muchas locaciones del orbe. Y cuando esto sucede, la competitividad es marginal y se logra en base a costos menores o diferenciación.

Eso, dice Barbery, hace difícil la competencia y si a ello se suman costos como el acceso a puertos y el tipo de cambio rezagado, la competitividad es más limitada.

Para Jiménez, el bajo nivel de innovación del país reduce la posibilidad de atraer inversión externa en soluciones innovadoras y en posicionarse como un lugar idóneo para hacer soft-landing (aterrizaje suave) o instalar algún centro de operaciones para Sudamérica en Bolivia.

A decir de Serrate, los resultados del reporte (y otros como el Doing Business del Banco Mundial) pueden perjudicar a la imagen nacional para atraer inversiones afectando la impresión que se tiene del país para el desarrollo de proyectos de alta envergadura de I+D. Sin embargo, por otro lado, la nueva normalidad presenta una oportunidad de priorizar las acciones conjuntas entre los actores del ecosistema de innovación para realizar (aun con fondos limitados) proyectos concretos y exitosos.

A su vez, Alberti indicó que en los últimos 14 años del Gobierno anterior la inversión en I+D fue menos del 1% del PIB. “Hay que recordar que un camino seguro y sostenible hacia la prosperidad y bienestar de la población está en línea con el mundo de las ideas; es decir, con la ciencia, la tecnología y la innovación”, sostuvo.





Difícil, pero no imposible

Aunque las condiciones para innovar en Bolivia no son las óptimas, firmas como Farmacorp y Creotec llevan la delantera. En el caso de Farmacorp, según su director de marketing y comunicación, Gabriel Crespo, el accionar de la firma está dirigido a adelantarse a los requerimientos y necesidades de los clientes, poniendo al alcance las medicinas, suplementos y otros productos que precisan.

A decir de Crespo, Farmacorp explora e investiga constantemente las mejores prácticas de retail a escala global. Un ejemplo de ello, es el sistema de distribución de productos y medicamentos de la firma, compuesto de tres grandes centros de distribución a escala nacional, dotados de tecnología que le permite mantener abastecidas sus sucursales en los nueve departamentos. Además, durante la pandemia ha invertido para potenciar la atención al público y su servicio de delivery.

Por su parte, Creotec decidió enfocar el eje de su negocio en proveer prótesis de extremidades superiores de bajo costo a personas que lo necesitan. 

“Hay un mercado desatendido no solo en Bolivia, sino en la región. Alguien que necesita una prótesis debe juntar el equivalente a unos 10 salarios mínimos. Por eso, nos planteamos atender esa necesidad con una solución de bajo costo usando la tecnología”, explicó Antonio Riveros, CEO de Creotec.

Durante la pandemia, la empresa atendió a sus pacientes a distancia y además diseñó nuevas prótesis hiperrealistas y respiradores de emergencia. “Los emprendedores deben innovar todo el tiempo para subsistir en el mercado, que es una jungla”, manifestó Riveros.