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Una inflación mundial está latente como efecto de una pandemia que viene azotando desde hace casi dos años no solo a la salud sino también a la economía de los países. Dentro de ese contexto, cabe preguntar: ¿este fenómeno es transitorio o nos enfrentamos a un cambio con vocación de permanencia? ¿Cuáles son las principales consecuencias en Bolivia? Dos expertos responden a estas interrogantes y dan luces sobre el panorama global y nacional.

Jaime Dunn, consultor internacional en economía y finanzas, opina que la cabeza de la inflación ha asomado por muchas economías, especialmente las más desarrolladas, porque todo el esquema y la estrategia mundial para salir de la pandemia se ha basado en el estímulo de la demanda más que la oferta. Gracias a eso, explica, se puede percibir una especie de sobreestímulo de la demanda en algunos países; además, ha habido un estrangulamiento de la cadena de provisión de materias primas y bienes a escala mundial.

A esto se suma lo ocurrido en el sudeste asiático, donde todavía hay puertos que están trabajando a media máquina por el efecto del covid-19. “Un contenedor que antes llegaba en 40 días desde el sudeste asiático hasta Estados Unidos hoy lo hace en 90, los precios de ese contenedor que eran de $us 3.000 están ahora en casi $us 19.000”, ejemplifica Dunn.

El analista señala que esta inflación viene acompañada de una reactivación económica lenta y se está pareciendo al fenómeno conocido como estanflación, cuando el aumento de la inflación llega junto a una reactivación económica lenta y se caracteriza por un estancamiento económico a la vez que persiste el alza de precios.

Según Dunn, es muy probable que continúe la presión inflacionaria, aunque es difícil saber si es algo pasajero o va a quedar constante en el tiempo. “Muchos dicen que en 2022 se va a normalizar toda la oferta agregada a escala mundial, por lo tanto, las presiones inflacionarias deberían comenzar a bajar. Pero todavía no hay señales de que eso esté sucediendo”, comenta.

En Bolivia

El economista José Gabriel Espinoza asegura que Bolivia va a sufrir el incremento de precios porque tendrá menos oferta de productos de consumo a fin de año. “Bolivia importa prácticamente el 90% de lo que consume. A esto hay que agregar esta emisión monetaria extraordinaria que está llevando adelante tanto el Banco Central como el propio Gobierno, que está endeudándose con compromisos de pago con las AFP y le deja al TGN la disponibilidad para seguir generando gasto corriente”, asevera.

Espinoza cuestiona al Gobierno por no haber modificado el sentido de sus políticas económicas, a pesar de la pandemia y considera que sigue como si estuviéramos en 2014, hace siete años.

“No está respondiendo a las nuevas necesidades. La economía no se está recuperando a la velocidad que hubiéramos querido, no estamos viendo medidas de cambio estructural de la economía. Lo óptimo hubiera sido que en 2022 se financie con recursos externos, lo que tiene como efecto colateral la llegada de divisas, pero lo claro es que el Gobierno apostó por el mercado interno y esto genera una mayor disponibilidad de bolivianos, pero también de menos dólares y esto, obviamente, pone en riesgo la estabilidad cambiaria”, concluye Espinoza.

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