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La historia ha demostrado que los países en los que la industria tiene un mayor peso sobre el PIB (Producto Interno Bruto) son más resistentes a los ciclos económicos adversos, pierden menos empleo y el que generan es más estable y de mejor calidad. En el caso particular de Bolivia, el sector industrial concentró el 14% del empleo de más de 14 años de edad hasta el cuarto trimestre de 2018, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) realizada por el Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (INE).

La cantidad de empleos en la industria manufacturera, según el informe del INE, creció un 11,2%, entre el cuarto trimestre de 2017 y el mismo lapso de 2018, al pasar de 453.000 a 504.000.

Ante ese comportamiento, surgen las preguntas: ¿es adecuado el porcentaje de empleos que concentran las industrias? y ¿qué medidas se deben adoptar para incrementar esos indicadores?

Lo que revelan esos datos, según Jorge Akamine, presidente del Colegio de Economistas de Bolivia, es el escenario nada alentador que presenta el sector industrial del país.

Desde la perspectiva económica, dice Akamine, se considera que las industrias son las que mejor pueden ‘reproducir’ el efecto multiplicador en una economía. Esto porque el sector debería ser el que más necesite mano de obra y el que más la utilice.

Lastimosamente, en Bolivia eso no ocurre, afirma el economista, porque entre otras cosas, existe un difícil acceso al financiamiento para la actividad industrial, debido a que los proyectos se ejecutan en un mediano o largo plazo.

Para Akamine, es recomendable que la actividad industrial en un país acapare por lo menos el 25% del empleo.

En tanto, los fabriles cuestionan los datos del INE y sostienen que la cifra de empleos que acumulan las industrias es mayor.

En ese sentido, el secretario general de la Federación de Trabajadores Fabriles de Santa Cruz, Sósimo Paniagua, indica que, de acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo, en el país existen más 1,8 millones de personas que trabajan en el sector industrial.

A decir del dirigente gremial, en los últimos años se han incrementado los empleos en el sector y la demanda por trabajos de calidad. Lo que se requiere para crecer más, según Paniagua, es exportar los productos que las industrias fabrican.

Para mejorar los indicadores del sector, según la Cámara Nacional de Industrias (CNI), ha propuesto una serie de políticas públicas.

Una de ellas, es flexibilizar el mercado laboral a las nuevas y modernas condiciones y formas de relacionamiento laboral, producto de la revolución industrial 4.0 (internet, robótica, inteligencia artificial).

Y es que, la vigente e inflexible política y legislación laboral boliviana, de acuerdo con Ivo Blazicevic, presidente de la CNI, corresponde a la revolución industrial 2.0 y 3.0 (producción en serie, horarios fijos y escala salarial alejada de la productividad).

“Se debe ajustar no sólo la política laboral, sino también la política salarial para incrementar la productividad y competitividad de las industrias nacionales”, sostiene Blazicevic.

En la actualidad, Bolivia tiene el quinto salario mínimo más alto de Sudamérica (por encima de países como Brasil y Colombia) y registra el último lugar en productividad laboral.

Condiciones propicias

Según Enrique Ferreyra, director de Consulters Home, en países industriales la tasa de empleabilidad en el sector industrial es mayor, pero no siempre es el mejor camino a seguir, ya que existen otros países que no tienen muchas fábricas, pero generan valor agregado en sus ventas.

“Bolivia puede subir la empleabilidad y la manufactura porque tiene buena ‘expertise’ y materia prima, pero las condiciones se deben hacer más propicias”, manifiesta Ferreyra.

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