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La pandemia generada por el Covid-19 impactó a millones de empresarios alrededor del mundo, pero también trajo la oportunidad de reinventarse, ya sea creando nuevos productos o adaptando los que ya tenían a una necesidad, todo con el objetivo de hacer frente a la crisis económica.

En etapas de crisis, los nuevos emprendimientos son un fenómeno constante. Es común ver gente que ocupa sus talleres, casas o las redes sociales para vender diversos productos, pero principalmente comida, accesorios de bioseguridad, productos para el cuidado personal, o los que ofrecen servicios para diseñar los logos de estas nuevas marcas. Te presentamos seis casos de mujeres emprendedoras que se reinventaron en esta pandemia.

Alexa Rose Araúz tiene su marca de ropa de niñas y de confeccionar vestidos pasó a incluir en su stock barbijos para su público que son las mujeres. La producción comenzó desde abril para subsistir y seguir pagando a su personal.

“Fue un golpe tremendo y uno tenía que buscarse la forma para poder producir y seguir generando y mantener a las personas que uno emplea”, dijo Alexa.

Al inicio, empezaron a producir con las telas que tenían en su taller y con el tiempo empezaron a perfeccionar su técnica (elásticos, filtros, etc.) y llegaron a tener alta demanda de clientes. Actualmente, continúan comercializando los vestidos de niñas.

En la misma área creativa está Eunice. “Al entrar en cuarentena me nació hacer uso de las redes sociales para lanzar mi marca personal como diseñadora integral y de esta forma contribuir a los emprendimientos emergentes”, dijo Eunice Saucedo Wills, creadora de EuDesign. 

La diseñadora integral, orientada al diseño gráfico y branding corporativo, se animó a emprender en julio y desde ahí no paró. “Ya voy viendo las ganancias”, dijo la joven, que a futuro se ve con un estudio de diseño sólido que ofrezca un servicio integral con propósito, desde crear un logotipo hasta ambientar espacios comerciales.

También mujeres del sector de la moda y belleza se animaron a reinventarse, tal es el caso de Ariely Serafiny, que a lo largo de su vida ha desarrollado varios emprendimientos ligados a la moda y a la cosmetología. Su profesión.

Hace cinco años tiene su tienda, ArysCloset, con la que en un principio ofrecía ropa importada, ahora diseña, de ahí salió el capital para crear su nueva línea de cuidado de piel Skin Bar, que pensaba lanzar recién en diciembre, pero la pandemia adelantó sus planes.

“Como las mujeres se quedaron meses en casa, dejaron de acudir al consultorio, clínica o spa y sentí que era el momento de lanzar por lo menos tres productos básicos para que la mujer pueda seguir cuidando su piel, sin salir de casa”,

A seis meses de estar su línea en el mercado considera que ha crecido como marca ‘eco friendly’, sobre todo a pesar de la competencia que existe. Confiesa que lo más difícil de emprender fue conseguir los activos porque los importa, y usa materia prima nacional.

Por otro lado, Marcela Roca tenía su restaurante (El Rinconcito de Bruna) que cerró por temas de salud, vino la pandemia y tuvo que reinventarse porque es madre y padre para su hija. Exploró en la cosmética artesanal y ahora tiene su marca: Súper Mamá, que comercializa jabones y cremas.

Mi emprendimiento no está diseñado para competir, especialmente con mujeres, porque creo que todos tenemos el derecho de surgir”, recalcó Roca.

Otro emprendimiento novedoso es el de Brigith Martínez. Antes de la pandemia trabajaba en la producción de un programa de TV y tuvo que buscar otras alternativas para sustentar a su familia.

Conoció a una artesana que fabricaba alcancías y ella decidió comprarlas y comercializarlas dándoles un valor agregado, un kit donde los niños pueden pintarlas y desarrollar su creatividad. Su marca se llama Mi primer arte.

Martínez, antes de este negocio probó de todo, empezó vendiendo alcohol, barbijos y finalmente se quedó con las alcancías que gustaron mucho por su presentación. Confiesa que ahora sus ganancias le ayudan con la comida, internet, luz, agua y otros gastos.

Por último, está el caso de Linda González, una periodista que al estar en pausa por la cuarentena investigó y leyó más, esto le permitió conocer las nuevas tendencias y descubrir nuevos mundos, como el del agroalimentario. Así nació Ajíes Artesanales, un producto 100% natural, sin conservantes, destaca González.

Cuenta que gracias a la sociedad estratégica con Natural Foods Bolivia, empresa que se dedica a la producción de hortalizas y frutas, González recibe la materia prima y el soporte técnico necesario para elaborar los ajíes. Cosecha aproximadamente entre 15 y 20 toneladas mensuales. A futuro espera llegar a todo el mercado boliviano.